SEIS


A’udhu billahi min ash-shaytanir-rayim.
Bismillahir-rahmannir-rahim.

Llegamos ahora a la parte final del comentario que estamos haciendo sobre extractos del libro Tartib al-Mudarik del Qadi ‘Iyad. Hemos dejado atrás el fenómeno Salafi original de la llegada del Islam con el Mensajero de Allah, que Allah bendiga y le conceda paz, que lo pasa a sus Sahaba; asistimos a continuación a su paso desde los Sahaba a los Tabi’in y luego a los Tabi’in de los Tabi’in. El marco fue la comunidad Salafi en la que hemos encontrado la excelencia más exquisita, excelencia que nos permite seguirla y utilizarla como guía en nuestro camino puesto que esta comunidad es la base y el fundamento del Islam. Hemos oído también la aleya en el que Allah, glorificado sea dice:
“Hoy os he completado vuestro Din, he colmado mi bendición sobre vosotros y os he aceptado complacido el Islam como Práctica de Adoración.”
(Sura de la mesa servida. Aleya 3)
El din está completo, no hay que añadirle nada, no hay que superponerle nada. Después del despliegue del fenómeno profético de la nabawiyya en su doble aspecto de Kitab wa Sunna, nada es aceptable. El Libro de Allah, ¡Glorificado y Exaltado sea! que es mubin, que es claro y evidente, y que por lo tanto, para todas las cuestiones de Shari’at proporciona aleyas claros. En él no hay ninguna cuestión relacionada con la Shari’at que contenga ambigüedad o que requiera analogías, interpretaciones ocultas o algún tipo especial de visión. Las aleyas que requieren iluminación del corazón o una aceleración de la energía ruhani están claramente definidas como aleyas de naturaleza distinta a las que definen la Shari’at del Islam. La Shari’at del Islam abarca todas las cuestiones conectadas a las realidades de la especie humana --todos los aspectos del vínculo social que exigen preceptos acerca de cómo comportarse. Sin ambigüedades. Unas y otras aleyas no se entrelazan, ni se cruzan, ni se pierden en un barzaj de incertidumbre. Son dos mares distintos y en medio de ellos hay un barzaj que los separa sin permitir su unión. Esto es lo primero que debemos entender y confirmar en lo que respecta al Libro de Allah ¡Glorificado y Exaltado sea!.
La segunda parte de la nabawiyya es la Sunna. Ya hemos dicho que la Sunna del Mensajero de Allah, que Allah bendiga y le conceda paz, se completó, demostró, ocurrió y se hizo efectiva en el acontecimiento Salafi de Medina al-Munawara. Las luces de Medina al-Munawara no eran sus casas ni sus calles, sino los Sahaba que allí vivían. El Profeta, que Allah bendiga y le conceda paz, murió en esa ciudad con diez mil de los suyos a su alrededor. Este fue el gran grupo de Sahaba que transmitió todo lo que sabían al gran grupo de los Tabi’in de Medina. Esta transmisión, este ‘amal y este comportamiento específico de Medina es lo que le confiere la supremacía sobre cualquier calificación o apreciación que podamos hacer. Fue registrado en su época, en la inmediatez posterior y en la clara recopilación de Imam Malik, al-Muwatta, proporcionándonos un registro preciso e indeleble de la experiencia Salafi contenida en esa primera sociedad vinculada a los Tabi’in de los Tabi’in, incuestionable por cualquier autoridad Islámica. Esto debe comprenderse, siendo esta riwaya de Imam Malik la que le convierte en nuestro Imam para todo el Islam sin que exista la menor sombra sobre su reputación, su excelencia, su conocimiento, su ‘ibada, su carácter impecable y sus magníficos juicios.
“At-Tustari dijo: Cuando discutíamos entre nosotros los diferentes madhhabs, Abu ‘Abdallah az-Zubayr ibn Ahmad az-Zubayri dijo: Teniendo el madhhab de Malik se puede prescindir de todos los demás madhhabs, pero ninguno de esos madhhabs es suficiente como para poder prescindir del madhhab de Malik.”
Luego Humayd ibn al-Aswad dijo:
“Cuando murió ‘Umar ibn al-Jattab, Malik dijo: El Imam de nuestra gente aquí en Medina era Zayd ibn Zabit. El Imam que siguió a Zayd ibn Zabit fue ‘Abdallah ibn ‘Umar. ‘Ali ibn al-Madini dijo: Entre los que siguieron y vivieron según el ra’y de Zayd ibn Zabit hubo veintiún hombres --Qasiba, Jariya ibn Zayd, ‘Ubaydullah ibn ‘Abdallah ibn ‘Utba ibn Mas’ud, al-Qasim ibn Muhammad, Abu Bakr ibn ‘Abd ar-Rahman, Salim ibn ‘Umar ibn al-Jattab, Sa’id ibn Musayyab, Aban ibn ‘Uzman y Sulayman ibn Yasar. Todo el conocimiento de estos grandes hombres se convirtió en el legado de otros tres: Ibn Shihab az-Zuhri, Bukayr ibn ‘Abdallah ibn al-Ashajj y Abu Zinad ibn Abi Dhakwan. El conocimiento de estos tres últimos se convirtió en el legado exclusivo de Malik ibn Anas.”
Por último citábamos a Abu ‘Ali ibn Abi Hilal que dijo:
“Le preguntaron a an-Nasa’i sobre Mu’awiya y contestó: El Islam es una residencia pura y única y los Compañeros, que Allah esté complacido con todos ellos, son las puertas de esta morada. Quienquiera que hable mal de uno de ellos ha allanado esa morada. Abu ‘Ali ibn Abi Hilal continuó diciendo: Y mi opinión manifiesta es que Malik es el picaporte con el que se abre esa puerta. Que Allah esté complacido con todos los Compañeros sin excepción alguna.”
Dije al principio que en el desarrollo del Islam nos encontramos con muchos grupos y tendencias que acompañan al crecimiento natural del mundo Islámico en diferentes lugares geográficos, impactando al mismo tiempo en las distintas culturas o los diversos aspectos de yahiliyyas diferentes. Fue entonces cuando de forma natural y debido al tremendo respeto que la experiencia Salafi tuvo por cualquier forma de conocimiento, que se produjo una cierta apertura hacia los conocimientos adquiridos por estas gentes yahili. Debido a todo esto surgieron muchas discusiones y debates que dieron lugar a casos como los Muta’zila y los Jawarich, y en último término, al debate sobre los hadices.
De nuevo en la época moderna volvemos a encontrar este fenómeno, que si recordáis ya examinábamos al comienzo, que es el fenómeno de los modernistas que procedente de al-Afghani, hizo surgir sus ideas con ‘Abduh y Rashid Rida poniéndolo todo patas arriba. Fallé el caso en contra de ellos por haber extraviado a los Musulmanes, extravío que produjo la derrota de los Musulmanes. Una vez dicho esto, demostré lo erróneo de intentar una recuperación Salafi sin ir al fenómeno Salafi en sí, puesto que, de no hacerlo así, se confirman los hadices pero se les priva del usul y del ‘amal, fundamentos de todo el asunto al ser la nuestra una religión orientada hacia el Yanna.
El propósito del Islam, si osara decir tal cosa, es agradar a Allah y, en consecuencia, desear el Jardín y hacer todo aquello que nos lleve al Jardín. Con esto basta --nada puede reemplazarlo. No hay concepto, idea, afiliación, alianza, visión o iluminación batini que pueda sustituir al ‘amal por el que seremos juzgados y que determinará nuestro lugar. Una y otra vez cuando las maravillosas suras coránicas de Meca preguntan: “¿Y cómo saber cual es la cuesta empinada?” Se nos da como respuesta una lista de cosas en las que todo es ‘amal; ni una sola de ellas contiene una dimensión batini, todo consiste en comportamiento.

En todas las desviaciones, escisiones y conflictos que han dividido a los Musulmanes, algunas vigorizantes, otras amargas y otras incluso derramando sangre --aunque la cuestión es de gran importancia y todo esto debe respetarse-- sigue presente ante nosotros esta difícil cuestión especialmente viva ante todos aquéllos de corazón palpitante, con destellos, y anhelos y aspiración por la experimentación de luces, la iluminación de sus corazones, y el logro de cierta capacidad batini. Aunque parece ineludible admitir que tuvo lugar una polarización entre el conocimiento erudito y el conocimiento batini.
También parece evidente que no podemos eludir el hecho de tener un corazón vivo y la existencia de impulsos y estados interiores producidos por la recitación del Corán, la ‘ibada, las du’a, la invocación de Allah, y el recuerdo de Allah, dhikran kazira. Todo esto es perfectamente claro, y el Corán y los hadices confirman que estas cuestiones son de capital importancia.
Pero tampoco podemos ignorar que todo lo anterior carece de valor alguno si se abandona la Shari’at del Islam; y no es cuestión aquí de tu correcto comportamiento moral como persona ni tampoco de mantenerse limpio dentro de un mundo sucio que no se puede limpiar. El din del Islam que Allah, glorificado sea, declaró completo de manera tan sublime es, demostrablemente, un din que exige la transformación de la sociedad. El elemento que permite esta transformación es el establecimiento de los límites de Allah, el vivir dentro de estos hudud y el cumplir los mandatos de Allah, glorificado sea, en todas y cada una de las circunstancias, ya sean las relacionadas con herencias, matrimonios, la guerra o el comercio.
La realidad de todo esto, es que nos encontramos con dos grupos de personas, uno que se aferra al ahwal wa maqamat mientras que el otro hace lo mismo con las cuestiones legales. En un grupo te encuentras que algunas de sus gentes mantienen un comportamiento personal y moral aceptable mientras que se inhiben del compromiso social, y en el otro igualmente, hay gentes que preconizan la aplicación legal correcta sin exigir, al mismo tiempo, el gobierno de los Musulmanes por los Musulmanes. Ambos grupos contienen algo que no es completo. Ninguno de los dos tiene un batin protegido ni una Shari’at vigorosa. El resultado es que los unos pueden rechazar a los otros proclamando su propia rectitud, y los otros a los unos por exactamente lo mismo Pero sin embargo, cuando fijamos la atención en el tema del que estoy hablando, y que ya hemos examinado, ¡no encontramos esta ruptura por ninguna parte!.
Para ilustrar lo que voy a describir a continuación, he elegido los ejemplos de tres hombres, tres hombres que gobernaban, que tenían con el emir la relación dinámica que he descrito anteriormente. Dicho con otras palabras, una relación dinámica entre el emirato y el cumplimiento de las tareas propias del mufti y del qadi, esto es, el establecimiento y la insistencia, mediante un conocimiento completo basado en un taqlid que conduce al ijtihad, en la capacidad de hacer ijtihad, sobre el hecho de obligar al que gobierna a que cumpla lo que Allah ha ordenado, manteniéndose en esta postura hasta que se haga insoportable, llegando incluso al punto de la tortura y a veces a la muerte.
Cada uno llegaba hasta lo que podían aguantar sus propias limitaciones puesto que cada uno estaba tratando con un conflicto diferente. Llegado el momento en que esta gente ya no podía mantener ni imponer los hudud según su propia comprensión, el próximo paso que daban era hacer hijra para, llegados a ese nuevo lugar, establecer el din, reunir a la gente y regresar en jihad --o ir a otro sitio en jihad. Esta es la historia cíclica de las gentes mencionadas aquí y que yo no describiría como el madhhab de Malik en el sentido académico de la palabra. No es Maliki en cuanto perteneciente a Malik sino que es Malik quien registró el ‘amal de Medina. ¡Lo que yo digo es que sólo hay un madhhab, que es el madhhab del Islam, y que ahí es donde estaba Malik!.
Llegamos ahora a la gente que siguió a los ensalzados Tabi’in y a los Tabi’in de los Tabi’in. Nos encontramos con un río que se desborda por todas las partes de la umma siguiendo un patrón común. Estos jihad se repiten en el Africa del Norte y en el Africa Occidental. Podemos incluso encontrarlo hace cien años en Brasil donde un grupo de esclavos procedentes del Africa Occidental y seguidores de este camino Salafi enseñado por Malik, se habían agrupado, derrocando a sus amos e instaurando una república Islámica en medio de Bahía y que llegó a gobernar durante un período similar al de los Murabitun en al-Andalus cuando estos últimos limpiaron esas tierras de las gentes que se habían desviado del camino del Islam en los tiempos precedentes. Es exactamente el mismo ciclo, el mismo período de tiempo que descubrimos en la Medina original, que descubrimos cada vez que uno de estos jihad tiene lugar, ya sea el caso de ‘Uzman dan Fodio, el de los Sanusi o el de esta gente de Bahía --cada vez que esto ocurre es el mismo fenómeno y el mismo patrón.
Llegamos por fin a estas personas; vamos a examinar sus vidas y a obtener nuestras propias conclusiones. Y la conclusión a la que llegaremos pondrá fin por un lado, a la separación entre cualquier ciencia batini auténtica y el deseo correcto del conocimiento de estas cuestiones, y por el otro, acabará con la separación entre la forma legítima de gobierno Islámico y los hudud aplicables a los asuntos personales y sociales, asuntos que competen a nuestros ‘ulama.
El primero de estos tres hombres se llama ‘Adb al-Malik ibn Habib. En su libro sobre los hombres de Andalucía, el Qadi Abu Warid ibn al-Faradi dice:
“Él era ‘Abdal-Malik ibn Habib ibn Sulayman ibn Harun ibn Yalhama ibn ‘Abbas ibn Mirdas as-Salami, siendo conocido por su kunya, Abu Marwan, pero yo he transmitido del manuscrito de al-Hakam al-Mustansir Billah donde se dice que su nombre correcto era Malik ibn Habib ibn Rabi’a ibn Sulayman. A su padre se le conocía como Habib al-Attar, el creador de olores y perfumes”.
Dice al-Faradi:
“Era descendiente de uno de los mawali, uno de los antiguos esclavos de su tribu.”
Ya desde el principio nos encontramos con que nuestros Imams proceden del estrato más bajo de la sociedad; y una y otra vez veremos en este flujo Islámico de grandes seres humanos, que muchos de ellos eran esclavos, hijos de esclavos o hijos de hijos de esclavos. La gente se eleva de acuerdo con sus propias limitaciones y según sus capacidades espirituales.
“Transmitió en Andalucía y durante el año 208 H., o el 207 H. según otros, partió hacia oriente en busca de conocimiento. Recibió conocimiento por transmisión directa.”
“Ibn Hariz dijo que cuando volvió de su viaje y se estableció en nuestra ciudad, pronto se corrió la voz por todas partes sobre lo elevado de su status en el conocimiento y en la transmisión. En consecuencia el Emir ‘Abd ar-Rahman ibn al-Hakam le hizo trasladarse a Córdoba elevándole al rango de mufti, permaneciendo en dicho cargo durante algún tiempo junto con Yahya ibn Yahya, jefe de los muftis de Córdoba, al tiempo que se ocupaba constantemente en dar consejo e intervenir en los debates.”
He aquí a los Andaluces gobernados por el hijo de un esclavo.
“Dice: ‘Abdal-Malik era el ‘Alim de Andalucía. ‘Abdal-Malik era un depósito de conocimiento. Poseía muchos libros. Era un gramático diestro en la poesía. Conocía la ciencia de la genealogía y era historiador. Los reyes venían a verle junto con los hijos de los reyes y la gente del adab.”
Los reyes venían al esclavo para que éste les dijera qué es lo que tenían que hacer.
“Se dijo: He visto a ‘Abdal-Malik saliendo de la Mezquita Yami’a de Córdoba seguido de casi trescientos alumnos, estudiantes de los hadices que narran las partes correspondientes a las herencias, estudiantes del fiqh y de la lengua árabe pura.”
“Le preguntaron a Abu Hazim: ¿En qué consiste tu riqueza? Contestó: Tengo dos clases de riqueza: estar satisfecho con lo que hay en mi mano y estar totalmente desesperado en el caso de querer tener lo que hay en las manos de los demás. Pero he visto que además tengo otras dos riquezas --riqueza en lo externo y público de mi aspecto, y pobreza en mi vida privada.”
“Ibn al-Faradi le menciona también en las antologías sobre las diversas generaciones de poetas. Le presenta como una de las personalidades más sobresalientes diciendo: Junto con su imamato en el fiqh combinaba el conocimiento más profundo de la literatura. Era un auténtico maestro en sus propios escritos sobre toda una gama de temas en el campo del conocimiento. Era faqih. Era mufti. Era gramático. Era filólogo. Era versado en la genealogía. Era un historiador. Era un maestro consumado en la poesía --un poeta excelso, elocuente y dotado de un espíritu libre. Era un recopilador de palabras.”
Uno de los shuyuj ha relatado que cuando ‘Abdal-Malik llegó a Egipto en su viaje a la búsqueda de conocimiento, se encontró con un grupo de gente que, según la costumbre de los Egipcios, había salido de la ciudad para recibir al viajero y ofrecerle su hospitalidad y sus respetos. También era costumbre egipcia que cada vez que venía alguien de cierto status y buena presencia, se intentaba descubrir qué clase de persona era, utilizando para ello la firasa, una ciencia que forma parte de la nabawiyya y que el Mensajero de Allah, que Allah bendiga y le conceda paz, transmitió a algunos de sus Sahaba. Esta ciencia consiste en enseñar a reconocer qué clase de persona es alguien fijándose en el aspecto externo de su rostro.
“Habían tenido mucho éxito practicando esta ciencia, y cuando llegó ‘Abdal-Malik, que era un hombre de aspecto sumamente agradable, algunos de los presentes dijeron: Es un faqih. Otros dijeron: No, no. Es un poeta. Otros afirmaron: No, no, no. Este es un gran orador. Cuando por fin llegó a donde estaba el grupo de gente los encontró discutiendo sobre él. Le preguntaron: ¿Tú que eres?. Y les contestó: ¡Todos tenéis razón! Cada uno de vosotros dice la verdad. Todo lo que habéis dicho sobre mí es cierto. Hago muy bien todas esas cosas, y lo que de hecho habéis demostrado al identificarme es lo expertos que sois en vuestra ciencia.”
Fijémonos ahora en Abu ‘Amr al-Hariz ibn Miskin Muhammad ibn Yusuf, el antiguo esclavo de Muhammad ibn Ziyad ibn ‘Abdal-’Aziz ibn Marwan.
Había recibido su conocimiento por sama’, por transmisión directa de Ibn Qasim, Ash-hab, e Ibn Wahab, estando los tres entre los alumnos más excelentes de Malik. Compiló en un solo texto todo el conocimiento que había recibido por la transmisión de los tres mencionados y luego lo ordenó por capítulos. Fue uno de sus estudiantes más notables. También estuvo con al-Layz ibn Sa’d, Malik y Mufaddal ibn Fadala antes de que murieran.
“Cuando le dieron el puesto de Qadi, le preguntaron a Ahmad ibn Hanbal cual era su opinión sobre este hombre. Ibn Hanbal contestó ensalzándole: Todo lo que ha llegado a mis oídos hablando de él ha sido bueno. Y continuó diciendo: No solían dar demasiada importancia al aprendizaje de los otros que le acompañaban, pero de él sí que aprendían. Abu Hatim dijo: Ibn Miskin era un hombre que siempre decía la verdad.”
Nótense las cualidades espirituales y morales que reconocían en estas personas.
“En un libro titulado Las generaciones de Qadis de Egipto, y en un extenso capítulo dedicado a los que eran descendientes de esclavos, y estos son nuestros Imams, Abu ‘Umar al-Kindi dijo: Al-Hariz ibn Miskin se convirtió en el mufti de Egipto por orden del rey Abbasida al-Mutawakkil. Este había mandado un documento oficial otorgándole los poderes de qadi mientras que el rey permanecía en Alejandría. Cuando Ibn Miskin recibió y leyó el nombramiento oficial, rehusó aceptar el cargo. Sus compañeros le obligaron a aceptarlo bajo la condición de que, si las circunstancias lo exigiesen (como de hecho ocurrió), acudirían en su ayuda. Así fue como Ibn Miskin se dirigió a al-Fustat, la capital de Egipto, y ocupó su lugar en la Mezquita Yami’a para enjuiciar. Tenía impedidas las dos piernas y le trasladaban a la mezquita en una litera descubierta llevada por dos hombres. En ocasiones iba montado en burro siempre que alguien le alzara en vilo para luego sentarse juntando sus piernas en uno de los flancos del animal.”
Este era el hombre que gobernaba toda una nación.
“Abu Muhammad ‘Abdallah dijo en su libro: Ibn Miskin transmitió lo siguiente de Ibn Wahb y de Malik: ¿Qué debe hacer un hombre a quien una persona poderosa ordena cumplir con una tarea que detesta pero que en caso de negarse teme ser azotado, perder su vida y que destruyan su casa?. Malik dijo: Si está en juego la demolición de su casa, los azotes en la espalda con un látigo o el ir a prisión, lo mejor para él es rehusar la orden y asumir las consecuencias con paciencia. Si se tratase ya de derramamiento de sangre, en este caso no sé yo cual sería el límite que puede esperarse de un hombre.”
¡Fijaros en la perfección de su criterio!
“Quizás pueda permitírsele obedecer la orden y realizar la tarea.”
Qué sutil, qué perfecto el mizan de Imam Malik.
“Yunus dijo: Al-Hariz ibn Miskin solía transmitir este relato pero cuando aceptó el puesto de qadi bajo el mandato de los Abasidas, se decía a sí mismo: ¿Por Allah, pensáis que soy todavía digno de dar fatwas según lo que ha enseñado Malik?”
“Muhammad ibn ‘Abdal-Wariz dijo: Estábamos con al-Hariz un día en el que se le acercó ‘Ali ibn al-Qasim al-Kufi y le dijo: Mientras dormía tuve un sueño en el que vi a la gente reuniéndose en el Haram de Meca, así que les pregunté: ¿Por qué os habéis reunido aquí? Contestaron: Vino ‘Umar ibn al-Jattab y ordenó a al-Hariz ibn Miskin que se sentara para enjuiciar los litigios de la gente. En mi sueño vi cómo cogió a al-Hariz y clavó su asiento en la pared, confiréndole autoridad; luego se marchó. Yo le seguí. Cuando sintió mi presencia, ‘Umar ibn al-Jattab se volvió en mi sueño y me dijo: ¿Qué quieres? Contesté: Quiero contemplarte. Él dijo: Vuelve a al-Hariz, dale mis salaams y dile: Conviértete en un qadi. Actúa como juez entre tu gente y hazlo en virtud de la señal que te he dado. Te daré una prueba: cuando eras prisionero en Iraq, te levantaste una noche, tropezaste y caíste al suelo, hiriéndote en un dedo que empezó a sangrar. Esa noche invocaste a Allah con un du’a y a la mañana siguiente salías de la prisión. Cuando al-Hariz oyó lo que le decía dijo: ¡Has dicho la verdad, puesto que nadie fue testigo de ello excepto Allah, glorificado sea!”.
El dúa, de extraordinaria belleza, dice así:
“Oh Tú que me acompañas en cada adversidad, Oh Tú que vienes en mi ayuda en toda dificultad, Oh Tú que me haces sentir en paz cuando estoy solo con mi desolación, otorga Tus bendiciones a Muhammad, que Allah bendiga y le conceda paz, y a su familia y dame a mí una apertura y una forma de escapar de la dificultad en la que me encuentro.”
Muhammad ibn al-Wariz continuó su relato sobre Ibn Miskin diciendo:
“A Ibn Miskin le ordenaron: ¡Ponte la túnica negra! Pero éste rehusó hacerlo. Entonces el Gobernador de Egipto comentó el asunto con al-Mutawakkil. Al-Mutawakkil dijo: Envíale una carta oficial diciendo que si continúa negándose a vestir la túnica negra haré que le descoyunten las piernas. El Gobernador de Egipto envió mensajeros para detener a Ibn Miskin. Todos le traicionaron. Nadie vino en su ayuda, ni los más cercanos ni los más lejanos.”
Pero fijaros a qué se negaba --no quería que su conocimiento le convirtiera en una élite aparte de la gente, no quería crear una Iglesia del Islam que le separara de la gente al vestirse con una túnica especial.
“At-Tahawi transmitió de Muhammad ibn Sayyid: Me encontré con Ibn Miskin justo cuando los enviados del Gobernador estaban tratando de intimidarle. En esos momentos Ibn Miskin estaba muy alterado sabiendo que estaba decidido a hacer algo dictado por la verdad y que con ello iba a ofender la pasión y el capricho del sultán. Entonces le dije: ¡Oh Shayj! Hagas lo que hagas no permitas que lo que está ocurriendo te haga perder el ánimo. Recuerda que Ibrahim, sobre él la paz, fue traicionado por todas las gentes de la tierra y sin embargo nada pudo dañarle puesto que Allah estaba con él. Ibn Miskin me abrazó y dijo: ¡Por Allah! Hermano mío, con lo que acabas de decir me has dado una nueva vida. Que Allah a su vez te conceda a ti una vida jubilosa y feliz en grado sumo.”
“Así que le llevaron ante el Gobernador de Egipto. Se trajo la carta oficial de al-Mutawakkil y se leyó en su presencia. Ibn Miskin dijo: ¡No vestiré de negro! Entonces se levantó un hombre que dijo: Yo he visto al Shayj ponerse uno de esos mantos a rayas de lana basta procedentes del Yemen. Dijo al-Hariz: Eso es verdad, he utilizado ese tipo de ropa. El Gobernador emocionado dijo: Bueno, ponte entonces uno de esos. Ponte una túnica que sea así. A lo que Ibn Miskin dijo: No tengo nada que objetar. Y el Gobernador dijo: Estoy satisfecho y entonces escribió a al-Mutawakkil quien a su vez anuló el caso contra el Shayj. Allah cumplió Su promesa.”
A continuación menciona los logros y obras de este gran hombre. Dice al-Kindi:
“Al-Hariz ibn Miskin dio la orden de que los defensores de ash-Shafi’i y de Abu Hanifa fueran expulsados” --porque recuérdese que estaban emitiendo juicios que no estaban de acuerdo con el ‘amal de Medina-- “Prohibió a los defensores de Abu Hanifa la entrada en la Mezquita Yami’a rompiendo sus círculos de enseñanza. Ordenó desgarrar y quitar las alfombras que éstos habían puesto entre las columnas de la mezquita. Impidió dar el adhan a la mayor parte de los mu’adhdhins por no darlo como lo hacían en Medina. Prohibió que los descendientes de los Quraysh y de los Ansar recibieran regalos especiales de comida durante el mes de Ramadan. Se encargó de restaurar todas las mezquitas. Instaló cañerías e hizo conducciones de agua para permitir el acceso de la gente al agua limpia. Supervisó el dragado de la bahía y el puerto de Alejandría a fin de aumentar su calado. Prohibió dar el adhan en las oraciones por los muertos. Hacía azotar a los recitadores del Corán que lo recitaban con la cadencia musical propia de los cantantes. Fue el primer hombre que designó a un encargado de vigilar celosamente las copias del Corán de la mezquita Yami’a. No visitaba a los gobernadores de los territorios ni siquiera les enviaba saludos. Maldijo a los hechiceros cristianos sentenciándoles a muerte. Sentenció a muerte a un cristiano que había insultado al Profeta, que Allah bendiga y le conceda paz; previamente había ordenado azotarle para cumplir así con el castigo hadd de la calumnia.
El hombre fue primero azotado por la calumnia y luego fue ejecutado por insultar al Profeta. Desterró de Egipto a todos los que calumniaban a ‘A’isha después de azotarles según el castigo hadd de la calumnia.”
Este hombre del que estamos hablando, dotado con todas estas cualidades, es al mismo tiempo un renovador de la vida en su comunidad. Fijaros en el trabajo social que llevó a cabo. Fijaros en cómo su vida estaba dedicada a los demás y a la protección del din de Islam.
Llegamos ahora al último de estos tres hombres. Se ha escrito mucho, mucho acerca de estas personas, pero solo estoy resaltando los puntos más sobresalientes a fin de despertar vuestra imaginación y vuestro espíritu a las nobles cualidades de un ser humano. He aquí Abu Sayyid Sahnun, otro de estos grandes hombres.
“Era de la más pura estirpe árabe; su hijo le preguntó: ¿Padre, es cierto que pertenecemos a la estirpe pura de Tanuj? Y su padre contestó: ¿Qué importancia tiene saberlo? Pero yo insistí hasta que por fin me dijo: Si, y ante Allah no te servirá de nada si no tienes taqwa de Él.”
“Le llamaban Sahnun porque era como un ave de vista penetrante, aunque su nombre original era ‘Abd as-Salaam. Se le llamaba Sahnun, como el pájaro de vista aguda, debido a la claridad y perspicacia que tenía en las cuestiones de fiqh. Oí decir a Sahnun: Me fue hasta tal punto imposible resolver una cuestión de fiqh determinada que deseé regresar a Medina para descubrir la respuesta, quedándome allí hasta encontrarla.”
“Muhammad ibn Ahmad ibn Tamim dice en su libro: Sahnun era un hombre de honradez elevada y de solvencia absoluta. Era un hafidh de conocimiento. Era un consumado faqih. En su personalidad se combinaban atributos que raramente se encuentran juntos. Era genuino en su escrupulosidad --en su war’a. Era agresivo e intransigente en la defensa de la verdad. Estaba entre los más grandes zuhhad en su relación con las cosas de este mundo. Vestía ropajes bastos y comía alimentos sencillos. Era generoso en los momentos de dificultad y en los de facilidad. Nunca aceptó un solo presente de los sultanes y sin embargo, solía dar a sus compañeros sumas de dinero que rondaban las treinta monedas de oro.”
“Abu Bakr al-Maliki dijo: Con todo, Sahnun era un hombre de corazón blando. Lloraba mucho. Su temor de Allah era visible para todos. Era modesto. Era humilde. No tenía nada de artificial. Su conducta era noble. Tenía excelentes maneras. Su corazón estaba sano sin contener el menor rastro de enemistad hacia otras personas. Era estricto en su oposición a la gente que incurría en cualquier tipo de bida’. En los asuntos de Allah no temía la censura ni la calumnia de persona alguna. La aceptación de su Imamato se extendió por doquier, tanto en oriente como por occidente.”
Era uno de los grandes Imams.
“La gente de su época admitía libremente su Imamato. Todos coincidían a la hora de afirmar su supremacía y eminencia sobre los demás. Sus excelentes atributos eran muy numerosos. Existió un libro dedicado por entero a sus buenas cualidades. Se ha dicho que Sahnun solía sentarse a la puerta de su casa para enseñar; nosotros nos sentábamos directamente en el suelo excepto los que traían alfombras o esteras; cuando finalizaba decía: ¡Y ahora levantaros como un sólo hombre y dispersaos!”
“’Abdal-Yabbar ibn Jalid dijo: Solíamos recibir transmisión directa de hadices de Sahnun en su casa de la costa. Un día apareció con una pala al hombro y una carretilla. Dijo: Mi esclavo tiene fiebre, así que hoy no puedo daros clase. Tengo que hacer su trabajo. Cuando acabe, volveré y os enseñaré los hadices. Yo le dije: Permíteme que sea yo quien cave mientras tú enseñas los hadices. Cuando regreses podrás repasar conmigo lo que haya perdido de la lección. Así se hizo, y cuando volví, acababan de servirle la comida. Era pan de cebada y aceite rancio. ‘Issa dijo: Cuando Sahnun se callaba era por Allah y cuando hablaba era por Allah. Cuando tenía ganas de hablar callaba, y cuando tenía ganas de permanecer en silencio, hablaba.”

Este es un tasawwuf protegido puesto que no es accesible, es intocable, es invisible y no es mencionable. Está enterrado en los corazones de los grandes hombres de conocimiento del Kitab wa Sunna. Si tomamos este camino, ya no es necesario en toda la faz de la tierra algo visible que se llame sufismo, puesto que aquí tenemos el fenómeno Salafi en toda su pureza, que no tiene nada que ver con lo que la gente de hoy en día entiende por Salafi. Esta gente salafi de nuestra época no habla sobre el gobernar, ni sobre los límites o los hudud que exigen castigo o enmienda dondequiera que se transgredan. En consecuencia son mentirosos o hipócritas cuando hablan de lo Salafi al tiempo que viven al lado de lo que está prohibido, sin objetar nada al respecto. Por el contrario, aquéllos hombres jamás transigieron con nada al seguir el camino que os he indicado; han sido firmes en su postura. No se han ocultado. No han calumniado. No han denunciado. Nunca han emitido juicios contra gente que no estuviese presente ante ellos para ser juzgada, declarada culpable y castigada según el derecho --o liberada como inocente si este fuera el caso.
Este es el Islam de los Sahaba, este es el Islam de Medina y este es el Islam de Imam Malik y no hay nada mejor, no hay otro Islam, y esto es lo que he venido a contaros.
As-salaamu ‘alaykum.

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