La Desviación Esotérica en El Islam.

Umar Ibrahim Vadillo

 

INTRODUCCIÓN

Nunca antes en la historia se ha convertido la información en una herramienta tan decisiva para el poder. La posesión, uso y control de la información se ha vuelto el tema central de la élite gobernante. La debilidad de este poder basado en la información puede observarse en el modo en que se percibe la crítica. Nada parece atemorizar más a la autoridad que la crítica: 'ser antidemocrático' o 'ser intolerante' se definen como crímenes. Consecuentemente, el lenguaje se ha vuelto un instrumento que provee control. Las palabras incontroladas se perciben de manera consistente como más peligrosas para el sistema establecido que las fuerzas armadas. Por otra parte, los expertos del lenguaje que sirven al poder establecido han transformado el lenguaje en un escudo para preservar su autoridad.

Del mismo modo que los mitos en la Edad Media permitían a la sociedad distinguir de un modo simple entre el bien y el mal, así como establecer tabúes y miedos irracionales, hoy se hace lo mismo con las palabras. Palabras tales como 'tolerancia' y lemas tales como 'derechos humanos' y 'hermandad humana' han adquirido un peso que excede la religión, el gobierno, la nación y la cultura. Estas palabras se usan como un caballero medieval usaría sus armas. Las mismas se dirigen con precisión contra todo lo que pueda amenazar el poder de la élite, la que controla cuidadosamente su uso para asegurarse que nunca sean dirigidas contra ellos mismos. Su poder depende de ello. Pero esto significa que su poder depende de una ilusión.

Una civilización que no puede diferenciar la realidad de la ilusión, es una civilización que se encuentra al final de su existencia. La cultura occidental ha perdido su capacidad de reflexión crítica respecto a su propia sociedad. Las palabras 'libertad' y 'democracia' han perdido su rigor autocrítico y han ayudado de modo racional a justificar la institucionalización permanente y sin paralelo de la violencia estatal y la imposición de impuestos. El lenguaje para resistir al estado y los abusos bancarios se ha disipado a favor de nuevos valores con los que medir las cosas. Así, impuestos tales como el IVA pueden elevarse una y otra vez sin que haya nada que temer de estos nuevos individuos hipnotizados por la 'democracia' de la que gozan -a diferencia de otra gente del 'tercer mundo'. Irónicamente, si bien hablamos sin cesar del individualismo, una simple mirada a algunos asuntos importantes nos revela que vivimos en una era de gran conformismo.

Al examinar el fenómeno esotérico nos cruzamos con algunas de estas 'palabras de poder', especialmente 'tolerancia' y 'derechos humanos'. Estos conceptos no han adquirido involuntariamente el significado que tienen hoy en día. Fueron escogidos y promocionados para propósitos específicos que tienen que ver con la naturaleza de la sociedad en la que vivimos hoy. Siendo el capitalismo el fenómeno fundamental que sostiene en la actualidad nuestra sociedad, la función primaria de los mencionados valores es preservar el capitalismo. Sin establecer esta relación estaríamos persiguiendo un fantasma, pues estos valores en sí mismos así como las instituciones que los representan están allí para servir al capitalismo, y entonces es el capitalismo, y no estas palabras, lo que debe ser enjuiciado. No podemos ignorar el hecho que, mientras estos principios eran presentados al mundo de manera mucho más ruidosa que nunca, el capitalismo estaba desencadenando tal vez la última revolución en su búsqueda de la dominación mundial. Tanto la evolución capitalista en su actual forma de desregulación financiera -usada hoy a escala mundial para estimular el crecimiento por medio de la especulación con el papel-, la guerra permanente del FMI contra el oro y la ferviente penetración de las instituciones de gobierno mundial, están todas asociadas con el encumbramiento de la tolerancia y los derechos humanos. Estos dos discursos se mantienen separados y éste es el engaño. Aun cuando se mantienen intelectualmente separados por la retórica oficial, es innegable que en realidad ambos tienen un crecimiento paralelo. La economía y la ética esotérica crecen con la crisis. Hemos llegado a un punto en el que estamos a tan sólo una crisis de distancia del Gobierno Mundial y esto significará el triunfo final del capitalismo y del espíritu de tolerancia.

La tolerancia y la economía nacieron en la misma cama. Locke, Turgot, Bentham y Mill crearon la idea de tolerancia que tenemos hoy en día. No eran monjes; eran economistas prominentes. Son los fundadores de la ciencia de la economía que prevalece y que configura nuestra sociedad. Vieron la tolerancia como un requisito esencial para el desarrollo del estado moderno, es decir, del estado capitalista. Hemos olvidado cuán importante fue la tolerancia como instrumento para la formación del estado. La tolerancia fue usada para erradicar cualquier cosa que le impidiera al ciudadano identificarse con el estado. De esto se sigue que si no aceptas la tolerancia tienes que perder tu identidad 'desviada'. Y esto por supuesto afecta a los musulmanes y a lo que significa ser musulmán al abrigo de la tolerancia. Edward Freeman percibió en 1876 en su History and Conquest of the Saracens [Historia y Conquista de los Sarracenos] :

"Hay en nuestros propios días quienes ciertamente necesitan aprender la lección de que un gobierno mahometano, para que sea realmente tolerante, debe dejar de ser mahometano . En tanto el gobierno permanezca siendo mahometano, sólo la debilidad le restringirá de ofrecer a las otras tierras la antigua elección de 'Koran, Tributo o la Espada'". (12)

Era natural que Freeman concluyera que para ser tolerante, debes dejar de ser musulmán. En el lenguaje de hoy, él diría: "ser musulmán significa verdaderamente ser tolerante". Esto es porque los Freemans de hoy en día sienten que tienen el poder para cambiar lo que el Islam es. Y éste es el nuevo poder que las palabras han adquirido en nuestra sociedad de información. Tienen el poder de avasallar todo lo que se pone en su camino. Cualquiera que use esta palabra, ya sea que se trate de un musulmán o no, ya sea que niegue la tolerancia o no, se ve envuelto en un juego de significados, reglas y consecuencias pre-establecidos. Cualquiera que hoy en día es 'tolerante' ha dejado de ser toda otra cosa. Esto es nihilismo.

Ser tolerante no es algo opcional. Hans Küng, un prominente teólogo católico, lo pone de esta manera en su libro Global Responsibility: In Search of a New World Ethic [Responsabilidad Global: en Búsqueda de una Nueva Ética Mundial] (1990):

"Cualquier forma .de conservadurismo eclesiástico debe ser rechazada . Para decirlo directamente: ninguna religión represiva o regresiva -ya sea cristiana, musulmana, judía o de donde quiera que provenga- puede subsistir por mucho tiempo. . Si la ética ha de funcionar para el bienestar de todos, ha de ser indivisible. El mundo unificado requiere cada vez más una ética unificada. Los hombres y mujeres post-modernos necesitan valores, objetivos, ideales y visiones comunes. Pero la gran cuestión en disputa es: ¿acaso todo esto no presupone una fe religiosa? . Lo que necesitamos es un orden mundial ecuménico". (13)

La economía tampoco es algo opcional. Una de las expresiones nihilistas con un claro trasfondo económico es 'el mercado'. Kenneth Arrow, el ganador del Premio Nobel de Economía, señaló que hay tres modos básicos con los cuales cualquier sociedad asigna sus recursos y adopta otras "elecciones sociales" básicas. En las naciones socialmente más desarrolladas las decisiones sociales son o bien políticas o bien se hacen por medio del "mecanismo de mercado". En las naciones más atrasadas Arrow encontró, sin embargo, que las elecciones sociales se toman con frecuencia por medio de "un amplio y comprensivo conjunto de reglas tradicionales", típicamente un "código religioso". Y sólo a medida que una nación ingresa cada vez más en el mundo moderno va sustituyendo dichas creencias religiosas por los procedimientos democráticos y de mercado (14). De lo que se sigue que para que una sociedad acepte 'el mercado' simplemente debería cesar de ser religiosa.

A estos valores les ha ocurrido lo que al papel moneda, esto es, que han llegado a significar nada. Esto no significa que no susciten una tremenda pasión. Pero son símbolos que se sacan de las realidades del poder. Son la cobertura y los custodios de una sociedad organizada sobre complicadas estructuras que se nutren de conocimientos técnicos privilegiados y estos últimos, a su vez, sobre una complejidad que hace que su comprensión universal sea lo más difícil posible. La adulación que se dedica a dichos valores significa que la gente teme decir que los mismos son nada, pues de otro modo ellos mismos serían sacados de las realidades del poder. Paul Morand de la Academie Française habló al respecto claramente y definió al papel moneda de un modo muy versado:

". ce n'est plus réellement un valeur, c'est le signe d'un signe, qui finit par ne plus rien signifier." (15)

(... en verdad, ya no es una cosa de valor; es un signo de un signo, que termina por no significar nada)

Introducción.
(Dividido en cinco partes para facilitar la lectura.)