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Jesus Profeta del Islam |
Capítulo
VIII
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Mientras que los primeros Unitarios de la historia del Cristianismo procedían de Tierra Santa y del Norte de África y habían recibido la transmisión directa de Jesús, sobre él la paz, los que vinieron después, procedentes de Europa, América y del resto del mundo colonizado, no habían tenido acceso ni a la transmisión del comportamiento ni a la del conocimiento de Jesús. Se convirtieron en Unitarios utilizando el sentido común y el pensamiento racional.
Los Unitarios más recientes ya no tenían acceso a las enseñanzas originales de Jesús en su forma completa, ni tampoco a su forma de vida; ambas se habían perdido para la posteridad y, en cualquier caso, estaban superadas por el advenimiento del Islam. Pero cuando contemplaban lo sucedido con la Iglesia Trinitaria y sus doctrinas, se daban cuenta de que algo no iba bien y, cuando utilizaban la inteligencia para evaluar las principales doctrinas y prácticas de los Trinitarios que recuérdese, no procedían de Jesús llegaban a un reconocimiento intelectual de la Unidad Divina, especialmente si tenían la buena fortuna y el coraje necesario para comprender que muchos de los dogmas y prácticas religiosas que habían sido desarrollados por los cristianos Trinitarios europeos a lo largo de muchos siglos, no sólo no procedían de Jesús, sino que no tenían el menor sentido.
El reconocimiento intelectual de la Unidad Divina experimentada en ocasiones por los cristianos Unitarios esto es, la unidad subyacente de todo lo que existe y en consecuencia de Aquel que lo ha creado nunca podría tener la misma profundidad y calidad que la comprensión de la Unidad Divina que está prometida por Dios a los que siguen la forma de vida Profética y cumplen con el patrón de adoración que ha sido encarnado y enseñado por todos los Profetas, desde Adán hasta Muhammad incluidos Abraham, Moisés y Jesús, a quienes Dios bendiga y conceda paz. En todo caso, debe quedar claro que este reconocimiento de la Unidad Divina es un regalo que el Creador otorgó a Sus Profetas.
El conocimiento de Dios puede darse de muchas maneras; cada persona sabe algo que los demás no saben y sólo Dios es el Conocedor de todas las cosas.
En lo que respecta a los seguidores originales de Jesús, el acceso a la forma de vida Profética a través de Jesús se había perdido a fines del siglo VII d.C., puesto que con la llegada del Profeta Muhammad a quien Dios bendiga y conceda paz, muerto en el año 632 d.C. después de haber entregado su mensaje y establecido la forma del Islam como una realidad social viva los últimos de los relativamente pocos cristianos que aún tenían acceso a las enseñanzas originales de Jesús, la paz sea con él, reconocieron al Profeta cuya venida había profetizado Jesús y abrazaron el Islam.
A partir de este momento cuando el Papa Honorio continuaba todavía esforzándose por reconciliar lo imposible la única manera de seguir el modo de vida profético y de comprender la naturaleza de la Unidad Divina, era mediante la aceptación del Islam y la práctica del camino de Muhammad. Esta opción, como veremos más adelante, fue la elegida por muchos cristianos Unitarios cuando descubrieron su existencia y muy a pesar de los cristianos Trinitarios y sus intentos por desprestigiar el Islam e impedir su aceptación.
Las breves biografías que siguen a continuación son únicamente una pequeña selección de algunos de los más conocidos Unitarios que forman parte de la historia de la Cristiandad. No se intenta con ello proporcionar una relación detallada o de conjunto del movimiento Unitario dentro del Cristianismo europeo.
Aunque las citas parezcan a veces demasiado intelectuales, se corresponden con la introducción de elementos filosóficos en el Cristianismo durante estos siglos. Esta tendencia hacia lo puramente mental era tan inevitable como lo son también las formas contrarias, más sentimentales, del Cristianismo que han aparecido en nuestro siglo: "Olvida todas las discusiones: ¡Jesús te ama!"
Debe no obstante recordarse, que aunque los nuevos cristianos del siglo XX tocan la guitarra y se acompañan con palmas cuando cantan "Jesús te ama", al mismo tiempo los cristianos Trinitarios serbios graban cruces en los cuerpos de los prisioneros musulmanes que están a punto de asesinar porque se niegan a ser bautizados por la fuerza. La otra cara de la moneda nunca está lejos, cada cosa reside en su opuesto: cualquier cristiano de la Europa del siglo XVI que simplemente escribía o decía en público "Yo creo que Dios es Uno", se enfrentaba al empobrecimiento, a la tortura e incluso a la muerte.
Miguel Servet (1511 1553)
Miguel Servet nació en Villanueva, en la España de 1511. Hijo de un juez de esta localidad, vivió en una época de malestar en la Iglesia establecida y en un período en el que se cuestionaba la naturaleza del Cristianismo. En 1517, cuando Servet tenía seis años, Martín Lutero dio comienzo a su revuelta en contra de la Iglesia Católica. Lutero fue excomulgado y se convirtió en el líder de la nueva y reformada religión "protestante". Este movimiento, al que hoy se conoce con el nombre de "La Reforma", se propagó como un fuego incontrolado, e incluso los que no estaban de acuerdo con Lutero se vieron obligados a tenerlo en consideración. Además de este conflicto, Servet tenía otro más cerca de casa: las buenas relaciones del pasado entre cristianos y musulmanes se habían deteriorado por el resultado de las Cruzadas, que habían fomentado la ira contra los musulmanes de España. La Inquisición Española se propuso convertir al catolicismo romano a todos los que no eran cristianos. Cualquier relajo en la práctica de los ritos externos de la Iglesia era causa inmediata de un severo castigo, o de incluso la muerte.
Conforme crecía en edad y conocimiento, aumentaba la consternación del joven Servet ante tal derramamiento de sangre. En España había gran número de musulmanes y algunos judíos para ese entonces la mayor parte de los judíos habían sido matados o expulsados tanto de España como de Portugal y la única manera que tenían de librarse de la espada era la afirmación pública de la fe católica romana, la admisión de la fórmula de la Trinidad, la aceptación del bautismo y vivir desde entonces como cristianos Trinitarios.
Al examinar la Biblia con detalle, Servet descubrió que la Doctrina de la Trinidad no aparecía por ningún lado como parte de las enseñanzas de la misma. Luego descubrió que la Biblia no siempre respaldaba lo que estaba siendo enseñado o practicado por los representantes de la Iglesia establecida. Servet tenía sólo veinte años cuando decidió dar a conocer la verdad que había descubierto, puesto que el resultado de este descubrimiento era que si los cristianos aceptaban la existencia de un Dios único, se pondría fin a la causa de las disensiones entre cristianos y musulmanes y las dos comunidades podrían vivir en paz a partir de entonces.
Este joven sensible pero inexperto, con la imaginación llena de entusiasmo, pensó que este objetivo sería fácil de conseguir con la ayuda de los dirigentes de la Reforma, los cuales, al fin y al cabo, se habían separado de la Iglesia Católica Romana. Las nuevas Iglesias Protestantes se harían Unitarias, pensaba Servet, y con su ayuda, los cristianos, musulmanes y judíos podrían vivir juntos y en paz. Sería entonces posible tener un mundo tolerante basado en un Dios único, el "Padre" de la familia del género humano.
Servet era demasiado joven para entender que los líderes de la Reforma estaban todavía atrapados en la misma falsa metafísica en la que estaban los católicos romanos. Pronto descubrió que tanto Lutero como Calvino no querían saber nada sobre la creencia en la Unidad Divina. Temían que la Reforma llegara demasiado lejos. Habían abolido un cierto número de ceremonias practicadas por la Iglesia Católica y habían rechazado la autoridad del Papa, pero temían redescubrir la enseñanza original de Jesús puesto que con ello habrían aumentado las dificultades de los reformistas además de disminuir su poder y su reputación. Puede que quizás no se dieran cuenta de lo mucho que las prácticas de los católicos romanos se habían desviado de la forma de vida de Jesús. La verdad es que los reformistas hicieron todo lo posible para mantener la religión reformada dentro del marco de la ortodoxia católica.
Las creencias de Servet constituían una amenaza para ambas organizaciones, la antigua y la nueva, dado que su autoridad dependía de las mismas fuentes paulinas. La llamada que Servet dirigió a los Reformistas sólo sirvió para que éstos unieran sus fuerzas con los católicos romanos a fin de proteger sus intereses comunes. Desgraciadamente, el joven Servet fue incapaz de darse cuenta de la situación.
Servet había depositado todas sus esperanzas en los líderes de la Reforma al estar convencido de que el catolicismo romano no era la religión de Jesús. Sus estudios le habían confirmado la creencia en un Dios Único y en Jesús como uno de Sus Profetas. Sus convicciones se reafirmaron cuando fue testigo de la coronación de Carlos 1 de España a manos del Papa.
En 1527 d.C., Carlos 1 invadió y saqueó Roma e hizo encarcelar al Papa. Luego vio la conveniencia de tener al Papa como aliado más que como enemigo. Un Papa cautivo apenas podría influir en la gente de la manera que Carlos 1 quería, así que, hasta cierto punto, le devolvió la libertad. Para demostrar las buenas relaciones entre ambos, Carlos 1 decidió que el mismo Papa fuese quien le coronara. Desde un punto de vista formal, esto no era necesario. Era algo así como celebrar el matrimonio por la Iglesia después de haberlo hecho por lo civil. Los predecesores del rey que rechazaban totalmente estar sometidos a la autoridad de la Iglesia habían abandonado esta práctica, pero Carlos 1 se sentía lo suficientemente poderoso, y el Papa demasiado débil, como para atreverse a revivificar la ceremonia.
La coronación no tuvo lugar en Roma sino en Bolonia ya que, según una de las doctrinas de la Iglesia, "donde está el Papa, está Roma Servet fue testigo del espléndido espectáculo que le llenó de repugnancia con respecto a la Iglesia Católica. Al describir el acontecimiento, Servet escribe:
"Y vi con mis propios ojos (al Papa) llevado con toda pompa sobre los hombros de los príncipes, haciendo con su mano la señal de la cruz y siendo adorado en las calles por una gente que se arrodillaba hasta tal punto que los que eran capaces de besar sus pies o sus zapatos se creían más afortunados que los demás y presumían de haber obtenido muchas indulgencias; y que por ello los tormentos del infierno no los tocarían durante muchos años. ¡Oh la más vil de las bestias, la más descarada de las rameras"!85
Así fue como Servet depositó sus esperanzas en los líderes de la Reforma. Estaba seguro de que si podía hacerles ver el error de la Doctrina de la Trinidad, éstos abandonarían la creencia en este dogma. La equivocación iba a costarle la vida.
Servet abandonó España y se trasladó a Tolouse donde estudió medicina y obtuvo el título de licenciado en esta ciencia en el año 1534. Durante los años siguientes practicó diligentemente su especialidad pero, durante todo este tiempo, su interés primordial era el restablecimiento del Cristianismo en su forma más pura. No permanecía mucho tiempo en un mismo lugar, sino que viajaba de un lado a otro buscando gente lo suficientemente abierta como para escuchar lo que él creía era el Cristianismo verdadero enseñado por Jesús.
Servet fue a Basilea para encontrarse con el renombrado Oeclompadius, uno de los líderes de la Reforma. Tuvieron varias reuniones en las que el tema principal era la doble naturaleza de Jesús. Servet negaba la creencia que afirmaba que Jesús existía antes de la creación del mundo. Para demostrarlo apuntaba que los Profetas judíos hablaban siempre del "Mesías" en tiempo futuro. Servet pronto descubrió que sus ideas no eran aceptadas por los protestantes suizos y abandonó Basilea en el año 1530.
Este rechazo produjo gran consternación en un Servet que esperaba que, a diferencia de lo que ocurría en Francia, los Protestantes escucharían con paciencia su exposición sobre Jesús y su enseñanza. Se trasladó a Estrasburgo pero descubrió que no podía ganarse la vida en esa ciudad. Al no saber alemán no podía ejercer la medicina, por lo que se vio obligado a trasladarse a Lyon.
Al poco tiempo de abandonar España, Servet inició una larga correspondencia con Calvino sin obtener resultados favorables; Calvino no estaba realmente interesado en personificar las enseñanzas de Jesús sino más bien en seguir siendo el líder de su movimiento.
Al fracasar todos sus intentos de influir en las personas mediante el contacto personal, Servet decidió publicar sus opiniones en un libro que tituló "Los Errores de la Trinidad". Se publicó en el año 1531. En ese mismo ano publicó otro libro titulado "Dos Diálogos sobre la Trinidad". Los dos textos causaron una tremenda conmoción en Europa. No se recordaba a nadie capaz de tal atrevimiento. El resultado fue que la Iglesia persiguió a Servet sin tregua ni descanso. Cambió su nombre pero no sus opiniones. A partir del año 1532 y hasta la hora de su muerte tuvo que vivir con un nombre ficticio.
Servet parecía seguir teniendo una fe casi infantil en Calvino quien, una vez leídos los libros, comenzó a tener una profunda aversión por este joven presuntuoso que pretendía enseñarle teología. Servet siguió escribiendo a Calvino cuya ira aumentaba al comprobar que Servet insistía en rechazar sus opiniones. Los líderes del movimiento Protestante temían las posibles represalias producidas cuando la opinión pública conociera las ideas del joven entusiasta. Los reformistas temían también que aumentara la persecución por parte de la Iglesia Católica si la doctrina Protestante se apartaba demasiado de la norma Católica Romana.
Así fue como Servet, en vez de convencer a los Protestantes de sus opiniones, hizo que éstos abrazaran con más fuerza todavía el dogma de la Trinidad. Sirva como ejemplo el que Lutero le condenara públicamente en el año 1539.
Durante todo este tiempo Servet continuó ejerciendo como médico, llegando incluso a ser muy conocido. A pesar de que la profesión de médico exige dedicación plena, Servet tuvo tiempo todavía >ara supervisar la publicación de la Biblia. Se publicó por fin en el año 1540. En la misma Servet escribió un prefacio donde cuestionaba si un texto de la Escritura podía tener más de un significado. Calvino contestó afirmando que sí era posible, pero Servet no compartía su opinión. Servet declaró que seguía las opiniones de los primeros apóstoles que pertenecían a la escuela cristiana de Antioquía. Hoy en día la Iglesia Calvinista acepta el mismo principio de interpretación que Calvino calificó como una de las mayores ofensas cometidas por Servet contra la ortodoxia vigente.
Es un alivio descubrir que en el punto más álgido de esta amarga controversia, Servet lograra encontrar refugio en casa de su viejo amigo Peter Palmier, que era en esa época el Arzobispo Católico Romano de Viena. Servet vivió en esta casa durante trece años, con total libertad para practicar la medicina e incrementando su fama como médico. Fue una de las primeras personas en Europa que escribió acerca del principio de la circulación de la sangre en el cuerpo. Escribió también un libro sobre geografía.
A pesar de sus logros literarios, las cuestiones relacionadas con el Cristianismo ocupaban el centro de su atención. Siguió escribiendo a Calvino, confiando todavía en poder ganarlo para su causa, pero Calvino rechazaba con firmeza las creencias que Servet exponía en sus cartas. Servet rehusó admitir la obiter dicta promulgada por Calvino, que en aquella época estaba considerado como el pensador más brillante de la religión protestante y que se sentía totalmente justificado a la hora de expresar el disgusto que le causaba Servet al atreverse a desafiar sus dictámenes en cuestiones de religión, pero Servet a su vez no admitía a Calvino como autoridad indiscutible. Calvino respondía iracundo y Servet lo hacía lleno de sarcasmo. Servet escribió un nuevo libro titulado "La Restauración del Cristianismo" y envió una copia del manuscrito a Calvino antes de la publicación. Cuando por fin salió a la luz, se descubrió que el libro tenía siete capítulos, el primero y el último de los cuales se ocupaban por entero de las doctrinas del Cristianismo. El capítulo quinto contenía las copias de las treinta cartas que se habían intercambiado Servet y Calvino. Lo que se traslucía en este capítulo, es que por muchos que fueran los méritos poseídos por Calvino, le faltaba lo que se llama la mansedumbre cristiana. El libro hizo que Servet fuera condenado de nuevo tanto por la Iglesia Católica como por la Protestante. Ambas unieron sus esfuerzos para que el libro fuera destruido por completo, y hasta tal punto fueron concienzudas en su esfuerzo, que sólo dos copias han llegado hasta nuestros días. En el año 1791 se publicó una edición facsímil, pero las copias fueron de nuevo destruidas.
En una carta escrita en el año 1546, Calvino amenazó a Servet declarando que si alguna vez iba a Ginebra no le dejaría salir con vida de la ciudad. Parece que Servet no tomó en serio la amenaza, pero Calvino cumplía las promesas. Cuando Servet fue a Ginebra a entrevistarse con Calvino, pensando todavía que era posible entenderse, Calvino hizo que los católicos romanos lo arrestaran y encarcelaran acusado de herejía.
Servet había alcanzado tal prestigio como médico que logró escapar de la prisión con la ayuda de algunos antiguos pacientes. Decidió entonces ir a Nápoles, pero el camino pasaba por la ciudad de Ginebra. Pensó disfrazarse convenientemente para evitar ser descubierto, pero se equivocó de lleno. Al pasar por la ciudad fue reconocido y encarcelado otra vez. Esta vez no pudo escapar. Fue juzgado y condenado por hereje. Parte de la sentencia decía lo siguiente:
"Servet confiesa que en su libro llama a los que creen en la Trinidad: Trinitarios y Ateos. Dice que esta Trinidad es un monstruo diabólico con tres cabezas... Del bautismo de los niños afirma que es una invención del demonio y es una práctica de brujería... Todo esto ocasiona la muerte y la ruina de muchas almas. Más aún: ha escrito una carta a uno de los pastores en la que, además de muchas blasfemias, declara que nuestra religión carece de fe y no tiene Dios, y que en lugar de Dios tenemos un Cancerbero de tres cabezas. Este tribunal dice, dirigiéndose a Servet, que no habéis tenido vergüenza ni horror a enfrentaros a la Majestad Divina de la Sagrada Trinidad y que, con toda la obstinación posible, habéis intentado infectar el mundo con vuestro veneno herético y ponzoñoso... Por estas y otras razones queremos curar a la Iglesia de Dios de esta infección y seccionar el miembro gangrenado... En este momento y por escrito, emitimos la sentencia definitiva y os condenamos, Miguel Servet, a ser encadenado y llevado a la Capilla donde se os atará a un poste y seréis quemado hasta ser reducido a cenizas junto con vuestros libros. Así pondréis fin a vuestros días y serviréis de ejemplo a los que cometan faltas similares” 86.
El 26 de Octubre de 1553, Servet fue encadenado al tronco de un árbol de forma que sus pies apenas tocaban el suelo. Sobre su cabeza se colocó una corona de paja y hojas secas espolvoreada con azufre. Apiladas alrededor de las piernas se pusieron haces de leña mezclados con ramas de roble aún verdes y con hojas. El cuerpo estaba sujeto al tronco con una cadena de hierro, y una cuerda alrededor del cuello inmovilizaba la cabeza. Se prendió fuego al montón de leña. El fuego le hacía sufrir enormemente, pero no llegaba a quemarle por entero. Al verlo, algunos de los espectadores se apiadaron de él y añadieron más leña para acabar cuanto antes el tormento. Según cuenta uno de los testigos, Servet estuvo retorciéndose de dolor durante más de dos horas antes de morir. Antes de encender la pira le habían atado a la cintura una copia del libro "Los Errores de la Trinidad". Se cuenta que alguien logró salvar el libro que todavía existe medio quemado en algún lugar.
Celso cuenta que la fortaleza mostrada por Servet en el tormento hizo que muchos meditaran sobre sus propias creencias. Calvino se quejó de que hubiera tanta gente honrando y reverenciando la memoria de Servet. Castillo, uno de los seguidores de Servet, dijo: "Quemar a un hombre no significa demostrar una doctrina" 87. Años después, los habitantes de Ginebra decidieron rendir homenaje a la memoria de Servet erigiendo una estatua, no a Calvino, sino al hombre que fue quemado vivo, acto del que Calvino fue responsable. Cowper, como tributo a Servet, escribió lo siguiente:
"Vivieron en el anonimato
Hasta que la persecución los llevó a la fama
Y los alzaron hasta el cielo.
Sus cenizas volaron
Aunque el mármol no nos dice dónde.
Con sus nombres
No hay bardo que embalsame y santifique su canción.
Y la historia, que es tan cálida
en temas inferiores
Permanece fría ante estos hechos".88
La muerte de Servet no fue un caso aislado en absoluto. Estos sucesos eran comunes en la Europa de la época, tal y como indica el siguiente pasaje de la obra de Motley "Crecimiento y Desarrollo de la República Holandesa":
"El 15 de febrero de 1568, una sentencia del Santo Tribunal condenaba a muerte por herejes a todos los habitantes de Holanda. De esta maldición universal sólo se salvaban unas pocas personas nombradas a dedo. Diez días más tarde, un decreto del Rey Felipe 11 de España confirmaba el juicio de la Inquisición y ordenaba su inmediata ejecución... Tres millones de personas, hombres, mujeres y niños, fueron sentenciados al patíbulo en filas de tres. Con el nuevo decreto, las ejecuciones no disminuyeron sino todo lo contrario. Personas de las condiciones más humildes y más elevadas eran llevadas a la hoguera cada día y cada hora. Alba, en una concisa carta a Felipe 11, calculaba fríamente el número de ejecuciones listas para ser llevadas a cabo inmediatamente después de la Semana Santa en unas "ochocientas cabezas".89
He aquí algunos extractos de "Los Errores de la Trinidad", el libro que costó la vida a Servet:
"Los filósofos han inventado un tercer ser aparte, totalmente distinto a los otros dos y al que llaman Tercera Persona, o Espíritu Santo; y así es como han inventado una Trinidad imaginaria, tres seres en una sola naturaleza. Pero en realidad se trata de tres Dioses, o un Dios triple, que tratan de imponernos bajo la pretensión y en nombre de la Unidad... Para ellos parece muy fácil, tomando las palabras en su sentido más estricto, admitir la existencia de tres seres que dicen ser simple y realmente distintos; pero dicen que uno nace del otro, y cada uno procede del aliento del otro, y sin embargo los tres están encerrados en un mismo recipiente. Como no estoy dispuesto a hacer mal uso de la palabra Personas, los denominaré el primer ser, el segundo ser y el tercer ser, ya que en las Escrituras no encuentro otra forma de llamarlos... Al admitir a estos tres seres, que en su lenguaje particular llaman Personas, admiten también una pluralidad de seres, una pluralidad de entidades, una pluralidad de esencias, una pluralidad de substancias, y si tomamos la palabra Dios en su sentido más estricto, acabarán por tener una pluralidad de dioses".
Servet continúa diciendo:
"Si es este el caso, ¿por qué entonces se culpa a los Tritoritas, que afirman la existencia de tres dioses? Ellos también han inventado tres dioses o uno que es triple. Estos dioses triples forman una sustancia compuesta. Y aunque hay, algunos que no utilicen esta palabra insinuando con ello que los tres han sido unidos, lo que sí hacen es usar una palabra que indica que están constituidos juntos y que Dios está constituido de tres seres. Está claro en consecuencia que son Tritoritas y que lo que nos dan es un Dios triple. Nosotros mientras tanto, nos hemos convertido en ateos, en gente sin Dios. Puesto que cuando intentamos pensar sobre Dios nos encontramos con tres fantasmas y ya no nos queda el menor atisbo de Unidad. ¿Qué otra cosa es estar sin Dios sino el no poder pensar en Él cuando está siempre presente en nuestra comprensión una confusión obsesiva causada por tres seres, una confusión que nos engaña al suponer que estamos pensando sobre Dios ... ? Los que esto afirman parecen vivir en otro mundo en el que sueñan estas cosas; mientras tanto, el reino de los cielos no sabe nada de estas insensateces; y cuando las Escrituras hablan del Espíritu Santo, lo hacen de una manera que éstos no conocen".
Y luego añade:
"¡Sólo Dios sabe la irrisión que ha causado entre los musulmanes esta tradición de la Trinidad! Los judíos tampoco quieren sumarse a este capricho nuestro y se ríen de nuestra locura con respecto a la Trinidad; y a causa de las blasfemias que contiene ni siquiera creen que se trate del Mesías prometido en su Ley. Y no sólo se burlan de nosotros los musulmanes y los hebreos, sino que las mismas bestias de los campos se reirían de nosotros si entendieran nuestros desvaríos, ya que todos los trabajadores del Señor bendicen al Dios único... Esta plaga devastadora, en consecuencia, ha sido añadida y sobre impuesta, como si dijéramos, sobre los nuevos dioses que han venido recientemente y que nuestros padres no adoraban. Esta plaga de la filosofía la trajeron los griegos, puesto que de entre todos los hombres ellos son los más dados a la filosofía; y nosotros, fascinados con sus discursos, nos hemos convertido en filósofos, mientras que los griegos jamás ha entendido los pasajes de las Escrituras que citan con respecto a estas cuestiones".
Servet insiste en la verdadera naturaleza de Jesús:
"Algunos se escandalizan de que llame profeta a Cristo porque ellos no le aplican el epíteto; les ha dado por pensar que a los que hacemos ésto se nos puede acusar de Judaísmo y Mahometanismo, sin tener en cuenta que las Escrituras y los escritores más antiguos lo llaman el Profeta" 90.
Miguel Servet fue uno de los críticos más valientes de la Iglesia establecida de su época. Ello le valió el ser quemado en la hoguera por los Católicos ayudados por los Protestantes. Servet aunaba en su persona lo mejor del Renacimiento y de la Reforma y se acercó mucho a la encarnación del ideal de su época, el "hombre universal" dotado de conocimiento "pansófico". Era un experto en temas tales como la medicina, la geografía, la erudición Bíblica y la teología. La diversidad de su conocimiento daba a Servet una amplitud de miras que estaba negada a personas menos educadas que él. Es posible que el episodio más importante de su vida fuera la confrontación con Calvino. No cabe duda de que se trataba de un conflicto personal, pero al mismo tiempo era más que eso: era también el rechazo de una Reforma que estaba dispuesta a cambiar la forma pero no el contenido de una Iglesia decadente. Esto le costó la vida; pero aunque está muerto, su creencia en la Unidad Divina aún perdura entre nosotros. Hay muchos que todavía lo consideran el "fundador del Unitarismo moderno".
* * * * *
No todos los que compartían las ideas de Servet tuvieron el mismo destino, como demuestra la siguiente carta escrita por Adam Neuser, uno de sus contemporáneos. La carta estaba dirigida al Sultán Selim II, dirigente de los musulmanes de Constantinopla. La carta forma parte de "Antiquities Palatinae", y se conserva en los archivos de la ciudad de Heidelberg.
"Yo, Adam Neuser, un cristiano nacido en Alemania y promovido a la dignidad de sacerdote de las gentes de Heidelberg, ciudad donde se encuentran las personas de mayor conocimiento de la Alemania de hoy en día, pido refugio a su majestad con absoluta sumisión, cosa que os pido por amor a Dios y a vuestro Profeta, sobre él la paz; os pido me admitáis como uno de vuestros súbditos y como parte de la gente que cree en Dios. Por la gracia del Dios Omnipotente yo puedo ver, saber y creer con todo mi corazón, que vuestra doctrina y vuestra religión son puras, claras y aceptadas por Dios. Estoy también firmemente convencido de que mi alejamiento de los cristianos idólatras hará que muchas personas de importancia abracen vuestra creencia y vuestra religión, especialmente porque se da el caso de que las personas más eruditas y más importantes de entre ellos, comparten mi misma opinión, tema del que informaré a su majestad personalmente. Por lo que a mí respecta, soy ciertamente uno de esos que menciona el Al Corán en la azora XIII: 'Los cristianos muestran mejor voluntad que los judíos; y cuando sus sacerdotes y obispos, siempre y cuando no sean imprudentes y llenos de opiniones personales, comprendan los mandamientos ordenados por el Profeta de Dios, reconozcan la verdad y digan con lágrimas en los Ojos: ¡Oh Dios! Esperamos desde lo más profundo de nuestros corazones que, dado que creemos en las mismas cosas que cree la buena gente, hagas que nosotros también entremos en la comunión, ¿por qué no iríamos a creer nosotros en Dios y en aquél (Muhammad) que se nos ha hecho manifiesto por la Verdad?
¡Ciertamente, oh Emperador! Yo soy uno de los que lee el Al Corán con alegría. Yo soy uno de los que quieren ser parte de vuestra gente y da testimonio ante Dios de que la Doctrina de vuestro Profeta, sobre él la paz de Dios, es de una certeza sin duda alguna. Por este motivo, suplico a su majestad por el amor a Dios y a vuestro Profeta, que tengáis a bien escucharme y así saber de qué manera el Dios de la Misericordia me ha revelado esta Verdad.
Pero antes que nada su majestad debe saber que no recurro a vuestra protección como acostumbran algunos cristianos que, debido a sus transgresiones, robos, crímenes o adulterios no pueden estar a salvo entre la gente de su misma religión. Puesto que yo había decidido hace más de un año pediros asilo, habiendo incluso llegado en mi camino hasta la villa de Presburgo; mas al no poder entender la lengua húngara, no pude seguir adelante viéndome obligado a volver a mi país, cosa que no me habría atrevido hacer si huyera por alguna ofensa cometida. Más aún: no hay nada ni nadie que me obligue a abrazar vuestra religión; ¿Quién podría hacerlo si soy un desconocido para la gente y es tan grande la distancia que me separa de ellos?
Su majestad tampoco debe contarme entre el número de cristianos que al ser conquistados y hechos prisioneros por vuestros súbditos, abrazan vuestra religión; pero lo hacen sin buena voluntad y en cuanto se presenta la ocasión se escapan y renuncian a la fe verdadera. En consecuencia suplico de nuevo a Su majestad preste atención a lo que tengo que decir para así ser informado de los acontecimientos que me llevan a solicitar asilo en sus dominios.
Al ser ascendido al cargo de sacerdote en la renombrada Universidad de Heidelberg por el Elector Palatino, que junto con el Emperador es el príncipe más poderoso de Alemania, comencé a reflexionar con gravedad acerca de las diversas disensiones y divisiones que existen en nuestra religión cristiana: puesto que en ella parece haber tantas opiniones y sentimientos como personas la profesan. Empecé haciendo abstracción de todos los doctores e intérpretes de las Escrituras que han escrito y predicado desde los días del Profeta Jesucristo. Me quedé solamente con los mandamientos de Moisés y con el Evangelio. Luego me dirigí a Dios desde mi fuero interno con el mayor celo religioso y Le supliqué me enseñara el camino correcto para no caer en el peligro de la desviación tanto en mi caso como en el de mis feligreses. El favor de Dios hizo que me mostrara los "Artículos de la Invocación del Dios único"; basado en el Artículo 1, escribí un libro en el que demuestro que la doctrina de Jesucristo no afirmó jamás que él fuera Dios, cosa que los cristianos declaran con toda falsedad, sino que hay un sólo Dios que no tiene junto a Él hijo consubstancial. He dedicado este libro a su majestad y estoy seguro de que no hay entre los cristianos persona capaz de refutarlo. ¿Por qué razón debería yo asociar a Dios otro dios similar a Él? Moisés lo había prohibido y Jesucristo nunca lo enseñó. Después de esto, y acrecentando mis fuerzas por la gracia de Dios, y comprendiendo que los cristianos abusan de los bienes que trajo Jesucristo, como antes los judíos habían abusado de la serpiente dorada, llegué a la conclusión de que ya no queda nada puro entre los cristianos y que todo lo que tienen está falseado. Puesto que han pervertido con sus falsas interpretaciones casi todos los escritos de Moisés y el Evangelio, todo lo cual he demostrado en un libro que he escrito y que mostraré a su Majestad. Cuando digo que los cristianos han falseado y corrompido los mandamientos de Moisés y el Evangelio, me estoy refiriendo a las palabras y al sentido de las mismas. Puesto que las doctrinas de Moisés, Jesús y Muhammad están de acuerdo en todo y no hay discrepancias entre ellas... El Al Corán habla con gran respeto de Moisés y de Jesucristo. Pero insiste principalmente en cómo los cristianos han corrompido los mandamientos de Moisés y el Evangelio de Jesucristo con sus falsas interpretaciones. Si la Palabra de Dios fuera interpretada de forma fidedigna no habría diferencias entre judíos, cristianos y turcos. Así pues, lo que el Al Corán repite tan a menudo es totalmente cierto. La doctrina de Muhammad destruye todas las falsas interpretaciones de las Escrituras y enseña el sentido verdadero de la Palabra de Dios...
Después de esto, y siempre por la gracia de Dios, comprendí que había un solo Dios, observé que la doctrina de Jesucristo no estaba siendo enseñada como debería serlo y que todas las ceremonias de los cristianos diferían mucho de las primeras tradiciones. Comencé a pensar que yo era la única persona en el mundo que pensaba de esta manera. No conocía el Al Corán y entre nosotros los cristianos había un enorme interés por propagar informes escandalosos e infames contra todo aquello relacionado con la doctrina de Muhammad hasta tal punto es así que las pobres gentes a las que se les hace creer estas cosas, como muchas otras cosas, son presas del pánico y huyen despavoridas ante la mera mención del Al Corán. No obstante, y gracias al poder de la Divina Providencia, el Al Corán por fin cayó en mis manos, hecho que agradezco a Dios profundamente. Digo que se lo agradezco a Dios, y Él sabe que en todas mis oraciones Le pido por su majestad y por todos sus súbditos. A partir de entonces busqué todas las maneras de impartir el conocimiento de estas verdades a mis feligreses; y si se daba el caso de no haber interés por esta doctrina, decidiría pedir la excedencia de mi puesto a los que me habían elegido y exiliarme en vuestros dominios. Empecé a atacar mediante la discusión en todas las iglesias y escuelas algunos de los puntos de nuestra doctrina y por fin conseguí lo que quería: llevar las cosas hasta tal punto que pronto se supo en todos los Estados del Imperio y algunos eruditos se pasaron a mi bando. El Elector (temiendo una invasión del Emperador Maximiliano) me depuso de mi cargo..."91.
La carta cayó en manos del Emperador Maximiliano. Neuser y sus amigos fueron arrestados; entre ellos se encontraban dos hombres llamados Silvano y Matías Vehe. Todos fueron encarcelados. El 15 de julio de 1570 Neuser logró escapar, pero fue detenido poco tiempo después. Se escapó una segunda vez y de nuevo fue arrestado. El juicio duró dos años y en él se decidió decapitar a Silvano. En ese momento Neuser escapó de nuevo. Esta vez logró llegar a Constantinopla y allí abrazó el Islam.
Francis David (1510. 1579)
Francis David nació en Kolozsar, Transilvania, en el año 1510. Estudiante brillante, logró obtener una beca para Wittenberg donde se preparó durante cuatro años para ser sacerdote católico. A su regreso a Kolozsar fue nombrado rector de una iglesia católica. Después se hizo protestante, abandonó la Iglesia Católica en 1555 y pasó a ser rector de una iglesia Luterana. Cuando se produjo la división entre Lutero y Calvino en el seno del movimiento Reformista, David se unió al partido Calvinista. La Reforma estaba todavía en sus primeros días y en esa atmósfera el espíritu de investigación aún se mantenía con cierta frescura. Se permitía la discusión sobre todos los aspectos del Cristianismo. La Iglesia Reformada aún no había adoptado una doctrina establecida por lo que todavía había espacio para pensar con total libertad. En este clima intelectual era posible defender una libertad de creencia en la que cada individuo sólo daba cuentas a Dios.
Los dos dogmas que causaban mayor confusión en las mentes de la gente de la época, y que desafiaban toda explicación racional, eran los relacionados con la divinidad de Jesús y la Trinidad. El intelecto de David estaba agitado por culpa de estos inexplicables artículos de fe. No podía entender cómo era posible que a los que creían en estos "misterios" sin tratar de entenderlos se los considerara mejores cristianos que a los que sí lo intentaban. David no estaba dispuesto a una fe a ciegas. Poco a poco llegó a la conclusión de que Jesús no era divino y afirmó la creencia en la existencia de un Dios único.
Esta creencia tenía en Polonia un considerable número de seguidores. Los líderes de este grupo eran dos: Blandrata, el médico de la corte, y un hombre llamado Socianus. Mientras David estaba aún intentando formular su creencia, el Rey John de Transilvania cayó enfermo y Blandrata fue llamado para curarlo. David conoció a Blandrata en esos días y con ello confirmó que la creencia en un Dios único era la base auténtica del Cristianismo.
En el año 1566, David hizo una profesión de fe en la que mostraba el lugar del dogma de la Trinidad a la luz de las palabras de la Biblia. En su confesión, David repudiaba el concepto escolástico del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Blandrata, por su parte, publicó un documento que exponía siete postulados en los que refutaba estas doctrinas tanto afirmativa como negativamente. Ese mismo año, y por recomendación de Blandrata, el Rey John nombró a David predicador de la corte. Actuando como tal, David se convirtió en el representante del partido Unitario en los debates nacionales convocados por el rey para clarificar los temas religiosos de la época. David era un orador sin parangón, uno que, como afirmaba uno de sus contemporáneos, "parecía tener en la punta de la lengua el Antiguo y el Nuevo Testamento"92.
Los debates más importantes celebrados en el reino del Rey John, tuvieron lugar en Gyualafehervat en los años 1566 y 1568, y en Nagyvarad en 1569. El primer debate no tuvo carácter decisivo. No obstante, el rey se mostró sumamente impresionado por los argumentos expuestos por Blandrata y David. En 1567 se promulgó el Decreto de la Tolerancia. Decía:
"En cada lugar, los predicadores expondrán y comentarán el Evangelio según su propio entendimiento; si les gusta a los feligreses, mejor que mejor; en caso contrario, nadie puede obligarles y tendrán el predicador cuya doctrina aprueben. Nadie podrá molestar o denigrar al predicador, ni tampoco se permitirá encarcelar o castigar a nadie por culpa de su enseñanza ya que la fe es el regalo de Dios" 93.
El segundo sínodo, celebrado en el año 1568, se convocó con el fin de establecer de forma definitiva si las doctrinas de la Trinidad y la deidad eterna de Jesús figuraban o no en las Escrituras. David, que era un orador poderoso y convincente, no podía ser rebatido. Cuando sus oponentes se dieron cuenta de que estaban perdiendo el debate, comenzaron a denigrarle, lo cual convenció aún más al rey de la autenticidad de los argumentos expuestos por David. El debate duró diez días. El resultado fue el establecimiento del Unitarismo como fe popular y a David como su principal defensor.
Durante este período, los escritos de Miguel Servet, que habían sido casi destruidos por completo por las autoridades de la Iglesia Trinitaria, fueron introducidos subrepticiamente en Transilvania y traducidos a la lengua local. Leídos ampliamente, los documentos reforzaron aún más la posición del movimiento Unitario en la Europa Oriental.
El tercer sínodo, celebrado en Hungría en el año 1569, fue, según un historiador húngaro, "el debate decisivo" que produjo el "triunfo definitivo del Unitarismo"94. El rey en persona presidió las sesiones estando acompañado de las personalidades más relevantes del reino tanto civiles como militares. Los argumentos de David eran los siguientes:
La visión del Papa de Roma sobre la Trinidad es en realidad la creencia en cuatro o cinco dioses a la vez: una substancia que es Dios; tres personas separadas, cada una de las cuales se dice que es Dios; y un hombre, Cristo a quien también se le considera Dios. Sin embargo, Dios es sólo Uno, el Padre desde Quien y por Quien todo existe: El que todo lo ha creado, El que está por encima de todo y junto a Quien no hay otro dios, ya sean tres o cuatro, ni en substancia ni en personas, puesto que la Escritura no enseña en ningún sitio la existencia de un Dios triple.
El Dios/Hijo de la Iglesia que se pretende ha nacido de la misma substancia que Dios desde el inicio de la eternidad, no aparece mencionado en las Escrituras; ni tampoco aparece el Dios/Hijo que es la supuesta segunda persona de la Trinidad descendida desde los cielos y que se hizo carne. Esto no es más que una invención humana y una superstición que debe ser rechazada como tal.
Jesús no se creó a sí mismo. Dios fue Quien le dio la personalidad. Dios, por mediación del Espíritu Santo, fue Quien hizo que fuera engendrado. Dios fue Quien lo santificó y lo envió a este mundo.
La relación entre Dios y Cristo estaba determinada sólo por Dios, un Dios en su más absoluta Soberanía Divina, claramente distinto de y por encima de todo lo que hay en Su creación, incluido Jesús.
Para Dios el tiempo no pasa, para Él todo está en presente de indicativo. Jesús nació en el tiempo y fue sacado del tiempo; y no hay lugar en las Escrituras donde se mencione que Jesús procede del inicio de la eternidad.
El debate duró cinco días. Una vez más fue definitivo. En el discurso que cerraba el sínodo, el rey ordenó que se concediera libertad total de conciencia a los Unitarios. Melio, líder del partido Luterano, fue advertido de no hacer de Papa, no quemar libros y no convertir a la gente por la fuerza. Poco tiempo después, David resumía el debate con las siguientes palabras:
"Yo seguí las líneas de las Escrituras pero mis oponentes lo ocultaron como pudieron; y cuando hicieron tres del Dios Padre y dos de Cristo convirtieron la luz en oscuridad. Su religión es contradictoria hasta el punto de no poder presentarse como un todo completo. Sin embargo ya verán que a pesar incluso de sus propios deseos, Dios demostrará Su Verdad"95.
El resultado del debate fue que la casi totalidad de los habitantes de la ciudad de Kolozsar se convirtieron en creyentes del Dios único. La creencia se extendió a las zonas rurales y se convirtió en la fe de la gran mayoría de la gente. El Unitarismo llegó a ser una de las cuatro religiones oficialmente "aceptadas", es decir, protegida por la ley, y en el año 1571 había cerca de 500 congregaciones Unitarias en Transilvania.
Este fue el año en que murió el Rey John. A pesar de que la popularidad del Unitarismo siguió aumentando, el nuevo rey, Rey Stephen, no era tan tolerante como su predecesor y dio marcha atrás a la política de libertad de conciencia decretada por el Rey John. La vida empezó a ser difícil para los que afirmaban la Unidad Divina y, para empeorar aún más las cosas, David riñó con Blandrata y Socianus. David era un Unitarista inflexible que no podía soportar la asociación de cosa alguna con Dios, aunque fuera incluso de forma indirecta. Sociano, por su parte, hacía una distinción entre la adoración y la invocación dirigidas a Jesús. No se le podía invocar, pero sí se le podía adorar. Algo que David no podía aceptar ni tolerar.
Los Unitarios polacos encontraron la distinción demasiado sutil, puesto que era demasiado difícil percibir la diferencia entre una cosa y la otra. En la práctica diaria y bajo la forma de pensar más común, la distinción parecía desvanecerse y, cuanto se practicaba el culto, era prácticamente imposible poder afirmar si una persona estaba adorando o invocando.
Los católicos romanos gozaban del apoyo del nuevo rey y la división entre los líderes del movimiento Unitario les confería una fuerza adicional. Durante la celebración de la Dieta de Torda en 1571, se manifestó un descontento generalizado sobre algunos pastores de la Iglesia acusados de practicar innovaciones La misma acusación fue repetida durante las Dietas de 1573, 1576 y 1578, y las quejas tomaron un carácter cada vez más específico hasta que apuntaron hacia la persona de Francis David. Mientras ocurría todo esto, Blandrata había estrechado su amistad con el nuevo rey y, dándose cuenta de la reputación y riqueza que proporcionaba esta amistad, se opuso directamente a David en el año 1578 y le aconsejó que abandonara sus creencias. Sin embargo, David no estaba dispuesto a abandonar sus convicciones para salvar el pellejo. Blandrata, tras haber luchado toda su vida por establecer la creencia en la Unidad Divina, se sentía débil y viejo y sólo quería descansar. No quería atraer problemas sobre sí mismo o sobre sus amigos. Sabían que lo que estaba haciendo David era muy peligroso y pensaban que sería más fácil para todos si David seguía el ejemplo marcado por ellos.
Pero David permanecía firme. No sólo continuó predicando, sino que, a pesar de la creciente oposición, comenzó a escribir y a distribuir panfletos en los que exponía sus creencias. Blandrata invitó a Socianus a venir a Transilvania para persuadir a David de que cambiara sus ideas y aceptara la diferencia hecha anteriormente entre la adoración y la invocación de Jesús. Socianus llegó y fue invitado a alojarse en casa de David. Los intentos de persuadirle no tuvieron éxito, pero sí se acordó que David pondría sus creencias por escrito y que éstas se presentarían a un sínodo de la Iglesia Unitaria Polaca. David cumplió lo acordado resumiéndolo en cuatro puntos fundamentales:
• El mandamiento estricto de Dios es que nadie debe ser invocado excepto Dios, el Padre, el Creador de los cielos y de la tierra.
• Cristo, el predicador de la Verdad, enseñó que nadie debe ser invocado junto con el Padre celestial.
• La verdadera invocación está definida como aquélla que se dirige al Padre tanto en espíritu como en verdad.
• Todas las maneras de oración están dirigidas al Padre, no a Cristo.
Sociano escribió una respuesta contra estas ideas y David le respondió, también por escrito, defendiéndolas. La discusión se hizo cada vez más acalorada y pronto se convirtió en amarga y personal. El resultado fue que Blandrata y David se convirtieron en enemigos a ultranza. Esto proporcionó al rey Católico el apoyo necesario; sin más dilación ordenó que David fuera sometido a arresto domiciliario sin la posibilidad de recibir visitas. David conoció la orden antes de que fuera ejecutada. Comenzó a predicar en todos los lugares que le fue posible, tanto iglesias como plazas públicas, comunicando a la gente la razón del inminente arresto. Decía: "No importa lo que intente hacer el mundo puesto que a pesar de todo, el mundo entero sabrá que Dios es Uno” 96.
Tras el arresto, David fue llevado ante una Asamblea. Blandrata actuaba de fiscal y de testigo principal. La presión soportada por David era tan intensa que cayó enfermo. Tuvo que ser llevado en una silla puesto que apenas podía mover los brazos y las piernas. Condenado a cadena perpetua fue encarcelado en la mazmorra de un castillo situado en la cima de una colina. Nadie sabe lo que David sufrió en los cinco meses que duró su encierro. Murió en noviembre de 1579 y fue enterrado como un delincuente en una tumba sin distinción alguna.
Después de la muerte de Francis David se descubrió un poema escrito en la pared de la celda que ocupaba. Parte del mismo dice:
"Dos veces durante diez años he servido fielmente a mi país.
Y mi fidelidad al Príncipe ha sido siempre probada.
¿Os preguntáis por el delito tan odiado por la Patria?
Sólo es este: 'He adorado a un Dios único, no a tres".
Los últimos versos del poema dicen:
"No hay alivio ni martirio, ni espada papal
ni el rostro visible de la mismísima muerte,
No hay poder capaz de resistir el avance de la Verdad.
Lo que pensaba es lo que he escrito Y he hablado con corazón sincero.
Tras mi muerte los dogmas de la mentira serán derrocados" 97.
David murió pero el movimiento continuó. Hasta tal punto fue así que durante muchos años a los Unitarios de Transilvania se los conocía con el nombre de los "de la religión de Francis David". En nuestros días, sus argumentos están admitidos como "claros, directos y bíblicos. El veredicto de toda persona dotada de sentido común está a favor de David"98.
Blandrata, que había jugado un papel tan importante en la muerte de David, se convirtió en un personaje muy popular, tanto entre los católicos como ante el Rey. Llegó a ser tan rico que su heredero no quiso esperar que llegara la hora de la muerte natural, y lo mató. A pesar de que la persecución de los Unitarios continuó con virulencia, no logró, como suele ocurrir, conseguir los resultados deseados por los perseguidores. David terminó por ser santificado como mártir y su ejemplo sirvió a los Unitarios como fuente de una inspiración que sobrevivió a las generaciones posteriores y a todo tipo de persecución.
No obstante, el número de Unitarios disminuyó considerablemente en Transilvania; donde sí aumentó fue en el sur de Hungría, zona que estaba bajo gobierno turco, ya que los gobernantes musulmanes seguían las instrucciones del Corán por la cuales se permite vivir en paz a los seguidores de otras creencias, siempre y cuando no interfieran con las prácticas del Islam y paguen el impuesto conocido como Yizia. Así fue como, bajo el mandato turco, todos los cristianos tanto Trinitarios como Unitarios disfrutaron de una libertad inexistente en cualquier otro país cristiano. Se les permitía incluso practicar sus leyes personales.
Aprovechándose de esta libertad, por ejemplo, un obispo Calvinista mandó a la horca a un Unitario bajo la acusación de herejía. Uno de los sacerdotes Unitarios informó de esta acción al gobernador turco de Buda. El gobernador hizo traer a su presencia al obispo Calvinista y a dos de sus ayudantes; tras someterlos a juicio, lo condenó a muerte acusados de asesinato. El sacerdote Unitario pidió entonces clemencia a favor del obispo Calvinista aduciendo que no era venganza lo que buscaba, sino impedir que se repitieran este tipo de incidentes. Al final, los culpables no fueron colgados en la horca y, tras el pago de una cuantiosa multa, fueron puestos en libertad.
Bajo el gobierno turco los Unitarios disfrutaron de un periodo de paz que duró casi un siglo; en un momento dado había cerca de sesenta iglesias en todo el país. No obstante, con el declive del poder turco, la libertad de creencia de la que disfrutaban los Unitarios también comenzó a disminuir y de nuevo fueron obligados a convertirse al Catolicismo Romano. Los que rehusaban hacerlo eran despiadadamente perseguidos. A finales del siglo XIX ya no era posible perseguir a la gente de forma tan descarada, con lo que el número de Unitarios comenzó a aumentar de nuevo. El movimiento Unitario aún perdura en la Europa Oriental de nuestros días y la influencia de David sigue presente en los corazones de la gente.
Se especula sobre los contactos entre Francis David y los musulmanes. Es cierto que sus creencias se acercan mucho al Islam, y hay al menos un pasaje de sus escritos en el que menciona el Corán para defender sus convicciones:
"En el Corán se afirma con toda razón que Jesús no puede ayudar a los que lo adoran porque acabarían convirtiéndolo en Dios, cosa contraria a la doctrina que él mismo enseñó... Así pues, los que predican que deberíamos adorar e invocar a Jesús tienen un comportamiento censurable; Jesús enseñó que se debe invocar al Padre... Dios no es triple sino Uno"99.
A pesar de los insultos y calumnias urdidos contra David, jamás fue denunciado como musulmán; es posible que tanto los calvinistas como los católicos temieran que dicha acusación provocara que los, en ese entonces poderosos, gobernantes turcos prestaran su ayuda a los Unitarios.
Una de las críticas principales esgrimidas contra David era que si sus ideas se aceptaban desaparecería la distinción entre judaísmo y Cristianismo, y este último sería englobado por el primero. El mismo Blandrata provocó abiertamente a David acusándolo de querer volver al judaísmo. Jamás refutó los argumentos de David sino que intentaba desacreditarle utilizando el sentimiento popular contra los judíos a quienes los mal informados cristianos Europeos hacían responsables del "asesinato de Cristo" olvidando aparentemente que cada nuevo Profeta ha venido para confirmar y ampliar las enseñanzas de los Profetas anteriores.
Parte de la importancia de David reside en que al afirmar la Unidad Divina confirmaba el lugar de Jesús en la tradición Profética, sin con ello negar en absoluto a los Profetas anteriores ni al que le iba a seguir, Muhammad, que la paz sea con todos ellos. Además de ésto, hacía recordar a la gente que la verdadera fe y confianza en Dios, junto con una vida que siga el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, la paz sea con él, son suficientes para esta vida y la que ha de venir" 100.
Lelio Francesco Maria Sozini (1525 1562)
Lelio Sozini nació en Bolonia en el año 1525. Era un jurista cuyos estudios sobre el derecho lo llevaron a investigar la Biblia y la lengua hebrea. Siendo todavía joven, dejó Bolonia para trasladarse a los alrededores de Venecia, lugar en el que existía un grado de libertad religiosa desconocido en otras partes de Italia. Los escritos de Servet habían llegado hasta allí y habían influenciado a mucha gente. Entre los que seguían sus creencias, dice Wallace en sus "Biografías Antitrinitarias", había "muchas personas de posición distinguida y logros eminentes de la ciudad de Venecia"101. Como el Senado no toleraba abiertamente estas creencias, los seguidores de las mismas comenzaron a reunirse en secreto. Su intención era el estudio de la verdad contenida en el Cristianismo y el restablecimiento de la enseñanza de Jesús en toda su pureza. Lubinietski, en su "Historia de la Reforma en Polonia escribe:
"Llegaron a la conclusión de que no hay más que un Dios único. Jesús era un hombre en realidad. Fue concebido por la intervención del Espíritu Santo en el vientre casto de una virgen. La Doctrina de la Trinidad y la divinidad de Jesús fueron opiniones introducidas por filósofos paganos”102.
Lelio conoció a este grupo de Unitarios y, dice Wallace, "pronto quedó prendado de estas ideas, abrazándolas con todo el candor y la pasión propias de una mente joven que buscaba y deseaba adquirir las verdades religiosas"103. Un gnóstico llamado Camillo fue quien más le influyó. Ante Lelio se abrían nuevos horizontes. Hasta ese entonces, su mente había estado ocupada por los rígidos dogmas de la Iglesia Trinitaria establecida. Ahora sin embargo sentía una nueva libertad que jamás había experimentado hasta entonces. Su vida cobraba nuevo sentido y decidió dedicarse por entero a la búsqueda de la verdad.
Se sabe que el número de miembros de la Sociedad Secreta de Vinecenza, nombre con la que es conocida hoy en día, era de más de cuarenta. Cuando se descubrió la existencia de esta sociedad, algunos de los miembros fueron arrestados y condenados a muerte mientras que los demás tuvieron la suerte suficiente de escapar y refugiarse en otros países. Además de Lelio Sozini, otros miembros conocidos de la sociedad eran Ochinus, Darío Sozim (primo de Lelio), Alciati y Bucalis. Se dice con bastante certeza que estos dos últimos se convirtieron al Islam. El Dr. White, en las conferencias dadas en Brompton, denominaba a los discípulos de Sozini "seguidores del Profeta árabe” 104.
Mientras se mantenía en secreto la existencia de la sociedad, la atención de Lelio Sozini estaba cautivada por dos hombres ajenos a ella. Uno era Servet y el otro Calvino. Servet había tenido la valentía de proclamar abiertamente su creencia en la Unidad Divina, mientras que Calvino se había dado a conocer como un poder con el que había que contar en los círculos Reformistas de Europa. Lelio Sozini quería conocer a ambos y decidió encontrarse con Calvino en primer lugar. En el encuentro Sozini sufrió un gran desencanto al comprobar que Calvino era de miras tan estrechas como cualquier sacerdote católico romano. La sensación de descontento se transformó en profunda indignación cuando Lelio descubrió la intervención de Calvino en el arresto de Servet. A partir de ese momento Sozini se basó en el ejemplo de Servet y en la inspiración de Camillo en los estudios de las doctrinas aceptadas por la Iglesia establecida. En 1559, Lelio Sozini fue a Zurich, ciudad en la que pasó los últimos tres años de su vida sumido en el estudio y la meditación. Murió en 1562 a la edad de treinta y siete años.
Fausto Paolo Sozini (1539 1604)
Fausto Paolo Sozini, sobrino de Lelio Sozini, nació en el año 1539. Su tío le había transmitido lo que había adquirido durante su corta pero provechosa vida. A la edad de veintitrés años, el joven Fausto Sozini, o Sociano como se le conocía popularmente, se convirtió en heredero, no sólo del legado de su tío Lelio, sino también de la luz de Camillo y de la erudición de Servet. Sin embargo, el legado más precioso consistía en el gran número de manuscritos y notas exegéticas dejadas por su tío.
Sociano recibió su primera educación en Siena, su ciudad de nacimiento. Posteriormente visitó Lyon y Ginebra. Regresó a Italia en 1565. En la ciudad de Florencia entró al servicio de Isabella de Médici. Con ella obtuvo honor y posición. Tras la muerte de Isabella, Sociano se estableció en Basilea. En esta ciudad, el joven erudito atrajo la atención de todos los interesados en el estudio de la teología. Publicó un libro, anónimo y sólo para la distribución privada, dado lo peligroso que era diferir en público de las enseñanzas oficiales de la Iglesia Trinitaria.
El libro llegó a manos de Blandrata que, como ya hemos visto, era el médico de la corte de Polonia. En esa época, Blandrata tenía el valor, la visión, la capacidad y la ambición de liberar las mentes de la gente de la opresión dogmática impuesta por la Iglesia Trinitaria establecida. La tolerancia religiosa de los gobernantes de Polonia había convertido ese país en un lugar sumamente atractivo para los que querían discutir y actuar libremente según sus propias creencias religiosas y no seguir ciegamente los obtusos dogmatismos de la Iglesia. Blandrata invitó a Sociano a Polonia y la oferta fue aceptada de inmediato. En la atmósfera de libertad y camaradería que encontró Sociano, tuvo libertad para escribir y firmar con su nombre sin temer la persecución de la Iglesia Trinitaria. En Italia, y a pesar de que su persona aún estaba a salvo, se confiscaron sus propiedades. Sociano se casó con una mujer polaca y cortó todas las conexiones con su tierra natal.
En esta época los gobernantes de Polonia no creían en la doctrina de la Trinidad, pero todavía andaban a tientas en la oscuridad. No sabían qué camino tomar para producir un dogma positivo. La presencia de Sociano llenó este vacío y satisfizo por igual a los gobernantes y al pueblo entero. El conocimiento que había recibido de su tío, junto con lo obtenido por su propio estudio, se había amalgamado en su intelecto y sus escritos tenían un impacto tremendo dentro de la Iglesia Trinitaria establecida.
Encolerizada, la Iglesia Católica Romana lo mandó arrestar y lo condenó a morir en la hoguera. Sin embargo, el apoyo popular hacia Sociano fue tan grande que el tribunal decidió someterle a la prueba del agua a fin de aportar al juicio mayor seriedad. Esta prueba, junto con la del fuego, había sido adoptada por la Iglesia Trinitaria con el nombre de judicum dei, "el juicio de Dios", a pesar de no haber sido jamás parte de las enseñanzas de Jesús, ni siquiera de Pablo. El resultado de dicha prueba estaba considerado como el juicio inmediato por parte de Dios. En la prueba del agua se arrojaba al acusado a un lugar de aguas profundas. Si se ahogaba era culpable. Sabiendo de antemano que Sociano no sabía nadar, los representantes del clero oficial lo arrojaron al mar. Sin embargo, Sociano logró salvarse y siguió viviendo hasta la hora de su muerte en el año 1604.
En 1605, los escritos de Sociano fueron compilados en un libro. Publicado en Rokow llegó a ser conocido popularmente como el Catecismo Racoviano. Publicado originalmente en la lengua polaca, fue traducido a casi todos los idiomas europeos. Con el tiempo, la enseñanza se propagó por todas partes, y su escuela de teología era conocida con el nombre de Socianismo. Harnack, en su obra "Resumen de la Historia de los Dogmas", equipara al Socianismo con el Catolicismo Romano y el Protestantismo como parte de los últimos estadíos de los dogmas cristianos. Fue en gran parte gracias a Socianus que los Unitarios llegaran a ser reconocidos como una entidad separada dentro del Cristianismo moderno. Harnack afirma en su obra que el Socianismo tenía cuatro características fundamentales:
• Tener la valentía de simplificar las cuestiones relacionadas con la realidad y el contenido de la religión, al tiempo que eliminaba el peso del pasado eclesiástico.
• Romper el vínculo entre la religión y la filosofía, entre el Cristianismo y el Platonismo.
• Ayudar a propagar la idea de que las declaraciones religiosas sobre la verdad, han de ser claras e inteligibles, si se quiere preservar su poder.
• Tratar de liberar el estudio de las Sagradas Escrituras de las ataduras de los dogmas antiguos, dogmas que ni siquiera estaban en las Escrituras. Alguien dijo que "la ignorancia del laico es el beneficio del clero". Las enseñanzas de Sociano contribuyeron en gran medida a la disminución de ambas.
La religión Sociana cruzó toda Europa y se propagó hasta Inglaterra. Consta que el obispo Hall de Norwich se lamentaba de que "las mentes de los cristianos habían sido seducidas... por la herejía infernal del Socianismo propagada por los anti trinitarios y los Nuevos Arrianos, hasta el punto de que hay que temer la destrucción total del Cristianismo"105.
En 1638 comenzó en Polonia una persecución brutal y minuciosa contra todos los Socianos. El Colegio de Rokow fue cerrado y a los seguidores de Sociano se les privó de los derechos de ciudadanía. Muchas de las personas que afirmaban la Unidad de Dios fueron a parar a la hoguera. Como ejemplo de la situación, en 1639, Catherine Vogal, esposa de un joyero de Polonia, fue quemada viva a la edad de 80 años. Su crimen fue creer que Dios era Uno; que Él es el Creador de los mundos Visible e Invisible y que Dios no puede ser abarcado por el intelecto humano. Esto es el Islam más puro. Fuller escribe que "la quema de herejes sorprendió a la gente del pueblo por la atrocidad del castigo... y ello les motivaba a pensar bien de las opiniones que los herejes defendían incluso con su propia sangre"106.
"James I añade Wallace daba al menos rienda suelta a sus tendencias pirómanas con la práctica menos perniciosa de quemar libros en vez de personas"107.
En 1658 se obligó a escoger a la gente de Polonia entre la aceptación del Catolicismo Romano o el exilio. Los Unitarios se esparcieron por toda Europa. Con ellos iba la enseñanza que continuó siendo una entidad separada durante mucho tiempo.
En los escritos contenidos en el Catecismo Racoviano, Sociano atacaba las raíces del Cristianismo ortodoxo al negar la doctrina de la Redención. A pesar de no saber si Jesús había sido o no crucificado, con lo que dicha doctrina carece por completo de fundamento, Sociano fue capaz de establecer lo absurdo de dicha doctrina basándose en otros principios.
Para resumirla brevemente, la doctrina de la Redención predica que el ser humano nace en estado de pecado por la primera acción errónea de Adán, y que Jesús, con su (supuesta) crucifixión, le redime de este pecado y del resto de las acciones erróneas cuando se bautiza. Según el Cristianismo ortodoxo, la Iglesia es una comunidad religiosa, una sociedad de origen divino fundada por Cristo mediante este trabajo de redención. Sólo dentro de esta congregación y gracias a sus funciones pueden los pecadores encontrar el camino hacia Dios. La Iglesia es decir, el clero de la Iglesia tiene total importancia y prioridad absoluta sobre el creyente individual.
Sociano negaba todo lo anterior. Estaba seguro de que una persona podía acceder directamente a Dios sin necesidad de intermediarios. Para conseguir la salvación, escribió, lo que hace falta no es el bautismo, sino "el raciocinio correcto", y en consecuencia, seguir ciegamente a la Iglesia no era necesario. Al negar esta doctrina, Sociano ponía en cuestión no sólo la autoridad de la Iglesia, sino incluso su rain d'etre. Este fue el motivo por el cual católicos y protestantes unieron con tanto ardor sus fuerzas en la lucha contra el Socianismo. Sociano refutaba la doctrina de la Redención basándose en lo siguiente:
Cristo no estaba en situación de ofrecer un sacrificio infinito por los pecados ya que Cristo, según lo narrado en el Evangelio, sólo sufrió durante un corto tiempo.
Incluso el más intenso sufrimiento soportado en la tierra durante un periodo limitado de tiempo, no es nada comparado con el sufrimiento eterno del Infierno al que está expuesto el ser humano.
Si se dice que el sufrimiento de Cristo era mucho mayor debido a su cualidad de ser infinito, debe también aceptarse entonces que su capacidad para soportar dicho sufrimiento era también infinita. Pero incluso el sufrimiento de un ser infinito no puede redimir el sufrimiento eterno.
Si a fin de defender el argumento, se admite que Cristo propició de alguna manera la redención infinita, esto hace que sea entonces imposible hablar de la misericordia de Dios, o de la gratitud del hombre para con Él al conceder Su perdón ya que cualquier persona bautizada en el nombre de Cristo está automáticamente cualificada para la redención de sus pecados, incluso antes de que Dios lo perdone y anule la penitencia acarreada por éstos.
Aceptar la doctrina de la Redención implica que la Ley de Dios ya no es obligatoria para Sus siervos puesto que, hagan lo que hagan, la penitencia por todos sus pecados ya ha sido redimida.
En consecuencia, la persona que cree en Cristo tiene total libertad para hacer lo que le venga en gana, puesto que como la expiación de Cristo fue absoluta e infinita, debe concluirse que comprende toda cosa y que, en consecuencia, la salvación universal es parte de ello.
Dicho con otras palabras: la lógica inherente a la doctrina de la Redención, implica que Dios no puede exigir más condiciones de las que ya ha impuesto sobre el ser humano. El precio ha sido pagado pasado, presente y futuro por lo que, en consecuencia los deudores están libres, incluso antes de contraer una posible deuda.
Puesto que si suponemos que cierto número de personas deben una gran cantidad a un acreedor de este mundo y alguien se presenta y salda la deuda por completo, ¿qué derecho tendría entonces el acreedor a imponer o exigir cosa alguna sobre estas personas que ya no deben nada?
La doctrina de la redención estaba también implícitamente criticada por Sociano al afirmar que Jesús no era Dios, sino sólo un hombre puesto que es evidente que no hay manera de que un hombre pueda redimir las acciones incorrectas de la gente que cree en él, sin que importe lo mucho que haya sufrido. Este hecho en sí es de sobra suficiente para demostrar lo erróneo del razonamiento en el que se basa la Iglesia establecida, y así desmantelar esta mítica doctrina.
Sociano afirmaba que Jesús era en realidad un ser humano mortal, a pesar de haber nacido de una mujer virgen. Su grado de elevación con respecto a los otros seres humanos se basaba en la santidad que caracterizó su vida. No era Dios, pero recibía inspiraciones procedentes de Dios. Tenía una misión y poderes divinos, pero él no era la fuente de esa visión ni de ese poder. Había sido enviado por Dios y disfrutaba de Su autoridad suprema en esa misión cuyo objetivo era la humanidad.
Sociano apoyaba estas creencias con citas y exégesis de los pasajes más importantes de las Escrituras. Sus argumentaciones sutiles y capaces conferían a las palabras de Cristo un significado racional: Jesús no era la Palabra hecha carne. Era un hombre que había conseguido en su vida la victoria sobre las acciones incorrectas de la carne. No existía antes de la creación del mundo. Y sí que estaba permitido invocar la ayuda de Jesús en la oración, siempre que no fuera considerado o adorado igual que Dios.
Sociano declaraba que Dios es el Señor supremo de todo lo existente: la Omnipotencia no sólo es Su atributo, decía Sociano, sino que además es el atributo que gobierna sobre todos los demás. Dios no admite duda alguna. Lo finito no puede ser medida de lo infinito. En consecuencia, todas las concepciones humanas sobre la naturaleza de Dios son incompletas y no pueden ser consideradas como fundamentos sobre los que basar juicios críticos sobre Él. La voluntad de Dios es totalmente libre y no está limitada por leyes formuladas o concebidas por la mente humana. El deseo y el propósito de Dios están ocultos a los ojos del ser humano. El dominio de Dios implica Su absoluto derecho y Su autoridad suprema sobre cualquier cosa que Él elija en lo que respecta a nosotros y al resto de todas las cosas. Puede leer nuestros pensamientos aunque se oculten en lo más profundo de nuestros corazones. Él puede, como y cuando quiera, ordenar leyes y determinar premios y castigos según sean las acciones e intenciones de la persona. A los seres humanos se les ha dado libertad de elección, aunque en realidad carecen de poder alguno.
Como no puede haber más de un ser que ejerza el dominio absoluto sobre todo lo creado, afirmaba Sociano, hablar de tres personas supremas es irracional. La esencia de Dios es Una, no sólo en atributo sino también en número. No puede contener una pluralidad de personas. Por ejemplo, un individuo es poseedor de una esencia inteligente individual, y en el caso de tres personas numéricas tienen también que existir tres esencias individuales. Si se dice que hay una sola esencia numérica tiene que afirmarse en consecuencia que sólo hay una persona numérica.
La doctrina de la Trinidad fue refutada por Sociano, como por otros antes que él, basándose en la declaración de que Jesús no podía tener dos naturalezas de forma simultánea. Sociano decía que dos sustancias con características opuestas no se pueden combinar en una sola persona, y que en el caso de Dios y Jesús estas características son: mortalidad inmortalidad, tener comienzo carecer de comienzo, estar sujeto a cambios ser inmutable, ser finito ser infinito.
Además, continuaba Sociano, dos naturalezas capaces de ser personas separadas, no pueden aprisionarse en una sola persona. Puesto que en vez de una, lo que aparece necesariamente son dos personas; en consecuencia y en el caso de Jesús, se convierten en dos Cristos, uno divino y el otro humano. La Iglesia dice que Cristo está compuesto de una naturaleza humana y otra divina, como cualquier individuo que tiene cuerpo y alma. Sociano contesta diciendo que, en este caso, es muy diferente a la creencia que postula que las dos naturalezas de Cristo están tan unidas que Cristo está constituido de un cuerpo divino y otro humano. En el caso del ser humano, el cuerpo y el alma están tan unidos que la persona no es sólo alma ni sólo cuerpo, puesto que ni el alma ni el cuerpo por separado forman la persona. En el caso de Jesús, la naturaleza divina constituye una persona de por sí lo cual, necesariamente, implica que la naturaleza humana en sí constituye también una persona separada.
Más aún, argumentaba Sociano, las Escrituras consideran aborrecible afirmar que Jesús tuviera naturaleza divina: en primer lugar, Dios creó a Jesús. En segundo lugar, las Escrituras afirman que Jesús era un hombre. Tercero: en las Escrituras se describen las excelencias de Jesús como un regalo de Dios. Cuarto: las Escrituras indican claramente que Jesús no se atribuye jamás los milagros a sí mismo ni a ninguna naturaleza divina propia, sino que afirma vienen del Padre. Jesús confirmó siempre la Voluntad Divina.
La cita siguiente del Catecismo Racoviano forma parte de la obra de Reland "Reflexiones Críticas e Históricas sobre el Mahometanismo y el Socianismo":
"La opinión de los que atribuyen la divinidad a Jesús es un hecho aberrante no sólo a la razón sino a las propias Escrituras Sagradas, y están cometiendo un craso error los que creen que no sólo el Padre, sino también el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas en una sola deidad...
La esencia de Dios es una pura y llanamente, y en consecuencia es una contradicción manifiesta inventar otra más si ya hay tres personas independientes. Las pobres y débiles razones contrarias de nuestros adversarios, con las que tratan de probar que el Padre había engendrado al Hijo a partir de Su propia substancia, son ridículas e impertinentes...
Hasta la época del Concilio de Nicea, e incluso tiempo después, como demuestran los escritos de los que vivían entonces, el Padre era reconocido como el Dios verdadero, y los que sostenían opiniones contrarias eran considerados herejes...
El mismo espíritu del Anticristo no habría sido capaz de introducir un error más peligroso en la Iglesia de Cristo que esta doctrina que predica la existencia, en la Esencia única de Dios, de tres personas distintas, siendo Dios cada una de ellas; esta doctrina postula pues que el Padre no es el único Dios verdadero puesto que el Hijo y el Espíritu Santo deben estar unidos con Él. La verdad es que no existe cosa más absurda, más imposible ni más repugnante a la razón...
Los cristianos creen también que Jesucristo murió para conseguir nuestra salvación y pagar las deudas contraídas por nuestros pecados; sin embargo, esta opinión es falsa, errónea y extremadamente perniciosa"108.
Sociano afirma que una de las causas que motiva la aceptación de la doctrina de la Trinidad es la influencia de la filosofía pagana, tal y como indica el siguiente pasaje extraído de la obra de Toland "Los Nazarenos":
“Los Socianistas y resto de Unitarios declaran con rotundidad que los gentiles introdujeron en el Cristianismo su politeísmo anterior, además de la deificación de los muertos. Mantuvieron el nombre del Cristianismo al tiempo que lo alteraron según los intereses o las exigencias de sus asuntos requerían las opiniones y costumbres de aquellos tiempos, y los intereses o las exigencias de sus asuntos"109.
La razón de que los escritos de Sociano alcanzaran tal aceptación es evidente. No sólo llevaron de nuevo a la gente a una imagen más precisa de Jesús y de su enseñanza, sino que también ayudó a destruir gran parte del poder ejercido por la Iglesia.
La grandeza de Sociano reside en la capacidad de haber producido una teología que era a la vez lógica y estaba basada en la Biblia. Este hecho dificultaba enormemente la tarea de sus adversarios. Por ejemplo: cuando en 1680, el Reverendo George Ashwell se percató de que los libros de Sociano comenzaban a gozar de gran popularidad entre los estudiantes, decidió escribir un texto para refutar la religión Sociana. Citarlo es importante puesto que proviene de la pluma de un enemigo:
"Grande era el patrón de esta secta; persona en quien confluían todas las cualidades que provocan la admiración y atraen las miradas de la gente; encantaba, por así decirlo, con una especie de fascinación a todos los que con él conversaban, y dejaba en la mente de todos ellos una profunda impresión llena de amor y admiración. Destacaba sobremanera lo elevado de su ingenio y la dulzura de su carácter, la fortaleza de sus razonamientos y el poder de su elocuencia. Poseía en grado sumo las virtudes que mostraba ante quienes lo contemplaban. Eran tan grandes sus cualidades naturales y tan ejemplar el curso de su vida que parecía cautivar el afecto de toda la humanidad".
Y luego, después de haber dicho todo lo anterior, Ashwell llega a la conclusión de que Sociano ¡era la trampa que tiende el mismísimo diablo!110
Hoy en día son pocos los cristianos que comparten sobre Sociano los mismos sentimientos contradictorios que el Reverendo Ashwell. Hay una simpatía creciente hacia el Socianismo, al tiempo que una cierta inquietud sobre la manera brutal en la que fue suprimido y junto a todo ello hay una reacción más que manifiesta en contra del Trinitarismo. Muchos de los cristianos capaces de ejercitar la reflexión están ahora de acuerdo con las tesis de Sociano y rehúsan aceptar la pretendida divinidad de Jesús y todo lo que conlleva esta doctrina errónea.
John Biddle (1615 1662)
John Biddle, padre del Unitarismo en Inglaterra, nació en el año 1615. Estudiante brillante, era descrito como una persona que "sobrepasó a sus maestros llegando a convertirse en tutor de sí mismo". Fue a la Universidad de Oxford en 1634 logrando la distinción de B.A. en 1638 y la de M.A. en 1641. Terminados sus estudios en Oxford, fue nombrado profesor de la Escuela Libre St. Mary de Crypt en el condado de Gloucester; lugar donde Biddle comenzó a examinar sus opiniones religiosas llegando a poner en duda la doctrina de la Trinidad. En esa época estuvo influenciado por el pensamiento de los Unitarios europeos puesto que las enseñanzas de Sociano habían logrado llegar hasta Inglaterra.
Una versión en latín del Catecismo Racoviano había sido enviada a Inglaterra con una dedicatoria dirigida al Rey James I. El libro fue quemado públicamente por el verdugo en el año 1614. A pesar de ser destruido el libro, su contenido había logrado interesar al público, por lo que era necesario desacreditarlo. John Owen, que había sido encargado de refutar las enseñanzas de Sociano por el Consejo de Estado presidido por Oliver Cromwell, llegó a decir: "No contempléis estos temas como algo lejano o que no son de vuestra incumbencia; el diablo está al acecho en cada puerta. No hay ciudad, pueblo o aldea de Inglaterra en la que no se haya inoculado algo del veneno"112.
Estos intentos de defender los dogmas oficiales de la Iglesia establecida encontraron cierta oposición. William Chillingworth (1602 1644), por ejemplo, condenó el "daño causado por lo credos que conducen a la persecución, a la quema en la hoguera, a la maledicencia y condena de personas que no aceptan las palabras de los hombres como si fueran las palabras del mismo Dios"113. Jeremy Taylor y John Milton afirmaron que: "Las búsquedas sinceras de la razón no producen herejes. El daño está en las influencias que pervierten la voluntad"114.
El debate comenzó a propagarse y los detentadores de la autoridad tomaron nuevas medidas para "proteger" la creencia en la doctrina de la Trinidad. En junio de 1640, las Asambleas de Canterbury y York acordaron prohibir la importación, impresión y circulación de los libros Socianos. Se ordenó a los sacerdotes que no enseñaran las doctrinas de Sociano y se dio aviso a todo el mundo de que serían excomulgados los que creyeran en esas doctrinas. Hubo un grupo de pensadores y escritores que denunciaron esta orden, pero sin resultado alguno.
Este clima de reevaluación y examen sirvió de marco al cambio de las opiniones de Biddle, especialmente en lo que se refería a la doctrina de la Trinidad. Comenzó a exponer libremente sus opiniones, hecho que provocó que, en 1644, los Magistrados le exigieran una profesión de fe por escrito. Lo hizo con palabras sencillas: "Creo que hay una Esencia Todopoderosa llamada Dios. Y sólo hay Una persona en Esencia"115.
Biddle publicó también un pequeño estudio titulado "Doce Razones Para Refutar la Divinidad del Espíritu Santo". Estaba dirigido "al lector cristiano".
En 1645 el manuscrito de las Doce Razones fue confiscado y Biddle llevado a prisión. Compareció ante el Parlamento y siguió rehusando aceptar la divinidad del Espíritu Santo. En 1647 publicó de nuevo su opúsculo. El seis de septiembre de ese mismo año, el Parlamento ordenó la quema de la publicación por el verdugo. El 2 de Mayo de 1648 se decretó un "Mandato Capital". En éste se declaraba que todo aquél que negase la Trinidad, la divinidad de Jesús o la del Espíritu Santo, sería condenado a muerte, incluso los miembros del clero. He aquí un resumen de las Doce Razones, causa de esas medidas extremas:
1. Todo lo que se distingue de Dios no es Dios.
El Espíritu Santo se distingue de Dios.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
2. El que dio el Espíritu Santo a los Israelitas fue Jehová.
En consecuencia, el Espíritu Santo no es Jehová, ni tampoco Dios.
3. El que habla sin depender de su propia voluntad no es Dios.
El Espíritu Santo no habla según su propia voluntad.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios
4. El que es enseñado no es Dios. A quien se le indica lo que tiene que decir está siendo enseñado. Cristo dice lo que se le ordena. En consecuencia Cristo no es Dios. (Aquí Biddle cita a Juan 8: 26 cuando Jesús dice: "Lo que yo oigo procedente de Él, eso es lo que digo").
5. En Juan 16:14 Jesús dice: "Dios es Quien ha dado a las cosas todo lo que tienen". El que recibe de otro no es Dios.
6. El que es enviado por otro no es Dios. El Espíritu Santo ha sido enviado por Dios. En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
7. El que no es dador de todas las cosas no es Dios. El que es un regalo de Dios no es dador de todas las cosas. El que es un regalo de Dios es, de por sí, un ser dado. El regalo está bajo el poder del dador. Dios nunca puede estar bajo el poder de otro.
(Aquí Biddle cita Hechos 17:25: "Dios es el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas").
8. El que cambia de lugar no es Dios.
El Espíritu Santo cambia de lugar.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
(Biddle amplía la explicación de este silogismo diciendo que si Dios cambia de lugar, esto significa que ya no está donde antes estaba y que comenzaría a estar donde antes no estaba –lo cual estaría en contradicción con Su atributo de la Omnipresencia, y en consecuencia con Su Deidad. Así pues no pudo ser Dios quien vino a Jesús, sino un ángel que se manifestó como persona en el Nombre de Dios).
9. El que reza para que Cristo venga a juzgar no es Dios.
El Espíritu Santo lo hace.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
10. En Romanos 10:14 dice: "¿Cómo creerán a aquél a quien no han oído. Aquél en quien las personas no han creído y sin embargo eran discípulos?"
Aquel en quien no se cree no es Dios.
Las personas no han creído en el Espíritu Santo,
y sin embargo eran discípulos.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
11. Aquel a quien Dios ordena decir algo a través de un intermediario e.d. Jesús tiene una comprensión distinta a la de Dios.
En consecuencia Jesús no es Dios.
Y el que oye de Dios lo que tiene que decir está siendo enseñado por Dios.
Este es el caso del Espíritu Santo.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
12. El que tiene una voluntad distinta de la voluntad de Dios no es Dios.
El Espíritu Santo tiene una voluntad distinta de la voluntad de Dios.
En consecuencia el Espíritu Santo no es Dios.
(Aquí Biddle cita Romanos 8.26 27 donde se dice: "Y de igual manera el espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables... y su intercesión a favor de los santos es según Dios").
Biddle estudiaba también el versículo del Nuevo Testamento que el clero de la Iglesia Trinitania establecida solía citar como demostración de la doctrina de la Trinidad, 1 Juan 5:7, que dice: "Pues tres son los que dan testimonio: el Espíritu el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo".
Biddle declaró que el versículo no estaba en consonancia con el sentido común. Contradecía además otros versículos de las Escrituras y sólo significaba unión de consentimiento y acuerdo, pero no de esencia. Más aún, indicaba Biddle, el versículo ni siquiera aparece en las copias griegas más antiguas del evangelio, ni tampoco en las traducciones siríacas ni en las ediciones Latinas más antiguas. Parece pues que el versículo había sido interpolado, y como tal, había sido rechazado por los intérpretes tanto antiguos como modernos.116
A pesar del acta de 1648, Biddle publicó otros dos opúsculos que provocaron su inmediato encarcelamiento y muy probablemente la muerte en la horca de no haber sido por la ayuda de miembros independientes del Parlamento. Una de las obras se titulaba "Una Confesión de Fe sobre la Santísima Trinidad según las Escrituras". Estaba compuesta por seis artículos, ilustrado cada uno de ellos con pasajes de la Biblia y apoyado en sus propios argumentos. En el Prefacio comienza hablando con valentía sobre los peligros que surgen de la creencia en la doctrina de la Trinidad, y añade que los argumentos utilizados por los Trinitarios son "más propios de prestidigitadores que de cristianos"117. He aquí un extracto de la Confesión de Fe:
"Yo creo en la existencia de un Dios Supremo, Creador de los cielos y de la tierra, Causa primera de todas las cosas y en consecuencia, objeto último de nuestra fe y adoración.
Creo en Jesús, hasta el punto que lo considero nuestro hermano, capaz de una comprensión de nuestras debilidades que lo predisponga a prestarnos su ayuda. Jesús sólo tiene una naturaleza humana. Está subordinado a Dios. Jesús no es otro Dios. No existen dos dioses.
El Espíritu Santo es un ángel que, debido a su eminencia e intimidad con Dios, ha sido designado para ser portador de Su mensaje"118.
La otra obra publicada por Biddle en esa época se titulaba "Los Testimonios de Iranaeus, Justino mártir, etc..., con respecto al Dios único y las Personas de la Santísima Trinidad"
Tras una larga estancia en la prisión, uno de los magistrados salió fiador de Biddle y logró su libertad. El nombre del magistrado se mantuvo en secreto dado que temía por su seguridad personal. No obstante, Biddle no disfrutó de libertad por mucho tiempo antes de ser encarcelado de nuevo. El magistrado amigo murió poco tiempo después, y a pesar de dejarle a Biddle una pequeña herencia, ésta desapareció muy pronto debido a los gastos que generaba la estancia en la prisión; los alimentos de Biddle se reducían a un poco de leche que ingería por la mañana y por la tarde. La situación mejoró cuando un editor de Londres lo contrató, mientras seguía en la prisión, como corrector de una nueva edición del Septuagint. Esta primera traducción al griego del Antiguo Testamento fue hecha originalmente, según se dice, en setenta días por un grupo de setenta y dos eruditos judíos, en la isla griega de Faros en el siglo III d.C.
El 16 de Febrero de 1652, se decretó el acta de Amnistía y Biddle fue puesto en libertad. En este mismo año se publicó en Amsterdam una versión inglesa del Catecismo Racoviano que se hizo sumamente popular en toda Inglaterra. A su vez, Biddle publicó un libro sobre el Unitarismo, también en Amsterdam, que fue muy leído entre los ingleses Durante este periodo de libertad relativa, Biddle se reunía cada domingo con otros Unitarios para adorar a Dios según sus propios ritos. Los que asistían a estas reuniones no creían en el concepto del Pecado Original ni en la doctrina de la Redención. El 13 de diciembre de 1654, Biddle, que había publicado hacía poco tiempo dos catecismos, fue de nuevo arrestado y encarcelado. Se le prohibió el uso de pluma, tinta y papel y se le negó la posibilidad de recibir visitas en la cárcel. Al mismo tiempo se ordenó la quema de todos sus libros.
Biddle apeló la sentencia a ser encarcelado y fue liberado el 28 de mayo de 1655. No obstante, apenas pasó el tiempo antes de que, de nuevo, Biddle se enfrentara a las autoridades. En cierta ocasión se celebraba un debate público. El orador comenzó la disputa preguntando si alguno de los presentes negaba que Cristo era el Dios Supremo. Biddle declaró rápida y seguramente: "Yo lo niego". Cuando comenzó a fundamentar su tesis con argumentos que sus adversarios no podían refutar, se decidió finalizar la reunión y aplazarla para el día siguiente. Biddle, denunciado a las autoridades, fue arrestado y llevado a prisión, antes de que llegara el día fijado para el debate.
Para empezar, a Biddle le negaron la asistencia de un abogado, quizá porque era dudoso que existiera una ley bajo la cual pudiera ser condenado. Sus amigos, que eran conscientes de ello, decidieron dirigirse directamente a Cromwell. Redactaron un escrito y se lo enviaron. Pero antes de que llegara a Cromwell, el escrito había sido tan alterado y tergiversado que sus propios autores tuvieron que desautorizarlo como falso.119
No sabiendo qué hacer, Cromwell encontró una salida al ordenar el destierro de Biddle a Sicilia el 5 de octubre de 1655. En esta isla Biddle debía permanecer bajo custodia de por vida en el Castillo de St. Mary, con una asignación anual de cien coronas. Durante el cautiverio, Biddle escribió un poema lleno de indignación; he aquí algunos de los versos:
"Se formó la reunión y se nombró al juez
Un hombre sentado en el trono de Dios;
Y se pusieron a enjuiciar un caso
Que sólo compete a Él;
Convirtieron en delito la fe de un hermano,
Y aplastaron el derecho sublime del pensamiento innato"120.
Cuanto más sufría Biddle, más convencido estaba de los errores inherentes a la religión dominante que gozaba del apoyo de la Iglesia Trinitaria establecida. Thomas Firmin, uno de los que habían ayudado a Biddle en el pasado, siguió prestándole su apoyo mandando dinero para hacer más soportable la vida de Biddle en la prisión.
Mientras tanto, las simpatías hacia Biddle crecían por doquier. Cuanto más sufría Biddle más aceptación tenían sus creencias, hasta tal punto que el gobierno tuvo que pedir al Dr. John Owen que interviniera para contrarrestar los efectos producidos por las enseñanzas de Biddle.
Lo primero que hizo Owen fue un estudio que demostró que una gran parte del pueblo inglés era Unitario; a continuación publicó una respuesta dirigida a Biddle. En cierto modo, el destierro de Cromwell ayudaba a Biddle: contaba con una asignación anual y, al estar fuera del alcance de sus enemigos, podía dedicar su tiempo a la oración y la meditación. Siguió prisionero en el Castillo de St. Mary hasta que en 1658, debido al apremio con el que se exigía su liberación, volvió a obtener la libertad.
Nada más salir de la cárcel Biddle comenzó a celebrar reuniones abiertas al público en las que examinaba las Escrituras para demostrar la Unidad de Dios y exponer la falsedad de la doctrina de la Trinidad. Las reuniones se convirtieron en prácticas de culto Unitario según exigía esta fe. Esto era algo que jamás había ocurrido en Inglaterra.
El 1 de junio de 1662 Biddle y varios de sus amigos fueron arrestados cuando celebraban una reunión. Llevados a la cárcel, se les negó la posibilidad de obtener la libertad bajo fianza. Al no disponer del estatuto legal para castigarles se decidió perseguirlos por la Ley Ordinaria (Consuetudinaria). A Biddle se le impuso una multa de cien libras con la obligación de permanecer encarcelado hasta el pago de la misma. A sus compañeros les condenaron a pagar multas de veinte libras por cabeza. En la prisión, Biddle fue maltratado y confinado a celdas de castigo. Este trato, agravado con el aire viciado de la prisión, le produjo una enfermedad que acabó con su vida en menos de cinco semanas. Murió el 22 de septiembre de 1662.
Su muerte, combinada con las resoluciones del acta de Uniformidad decretada ese mismo año, significaba la prohibición de las prácticas de culto públicas que seguían el modelo establecido por Biddle. La aplicación del acta provocó el destierro de 2.257 sacerdotes. Sus destinos todavía son un enigma. Pero lo que sí se sabe es que, durante este periodo de la historia de Inglaterra, cerca de 8.000 personas murieron en prisión por el mero hecho de rechazar la doctrina de la Trinidad. El autor de una biografía sobre Biddle, escrita veinte años después de su muerte, prefirió el anonimato en aras de su propia seguridad. Sin embargo, el Unitarismo siguió presente como escuela de pensamiento y el número de seguidores continuó en aumento. El uso de la fuerza para obligar a que la gente volviera a la Iglesia establecida produjo el efecto contrario: aumentó el número de seguidores de Sociano y Biddle y muchos de los más destacados intelectuales de la época, entre los que se incluyen John Milton, Sir Isaac Newton y John Locke, confirmaban en secreto la Unidad Divina.
Las leyes promulgadas en este periodo muestran el empeño de las autoridades por erradicar completamente el Unitarismo: Un acta de 1664 condenaba al destierro a todos aquellos que rehusaran asistir a las ceremonias religiosas en las iglesias establecidas. Si uno de los desterrados osaba volver a Inglaterra, le esperaba la muerte en el patíbulo. Había también castigos para los que asistieran a cualquier reunión religiosa de cinco o más personas no autorizada por la Iglesia Trinitaria oficial. Quien cometiera este delito por segunda vez, era desterrado a América y en caso de regreso o huida, la pena era la muerte incluso para los que pertenecían al clero.
El Acta Probatoria de 1673 establecía, además de los castigos estipulados en el acta de 1664, que toda persona que no recibiera los sacramentos según las normas de la Iglesia de Inglaterra, sería privada de la posibilidad de denuncia o reclamación ante los tribunales de justicia. Perdería los derechos de potestad sobre los niños o la posibilidad de ejecutar o recibir cualquier herencia o legado. Quien siendo convicto bajo esta ley, intentara llevar a cabo alguna de estas prohibiciones, sería multado con quinientas libras.
En 1689 se promulgó el acta de la Tolerancia. Sin embargo, esta Tolerancia se negaba a los que no aceptaban la doctrina de la Trinidad. Como es natural, los Unitarios denunciaron la intolerancia de esta acta de la Tolerancia. El Parlamento respondió condenando al Unitarismo como "herejía repugnante". La condena por este "crimen" era la pérdida de todos los derechos civiles y el encarcelamiento durante tres años. No obstante, aquello por lo que Biddle había luchado no podía eliminarse de los corazones de las personas con un simple decreto, a pesar de que dichas leyes sí impidieran que mucha gente profesara su fe abiertamente.
A fin de tranquilizar los remordimientos de sus conciencias, los que se veían incapaces de desafiar la ley y denunciar abiertamente la doctrina de la Trinidad, tuvieron que recurrir a varias estratagemas. Algunos omitían en secreto las partes del Credo Atanasio en las que no creían. Otros hacían que lo leyese el sacristán. Se cuenta que uno de los sacerdotes mostró su desprecio por el Credo cantándolo según la melodía de una conocida canción de caza. Otro sacerdote, antes de leer el credo Trinitario conforme ordenaba la ley, solía decir: "Hermanos, este es el Credo de San Atanasio, ¡pero Dios impida que sea el Credo de cualquier otra persona!"121. No obstante, y por lo general, los que creían en la Unidad Divina no solían atreverse a proclamar su fe abiertamente.
Biddle era un erudito extremadamente serio y sus tesis el resultado de profundos estudios. Estaba convencido de que la mejor manera de ayudar a la humanidad era dar testimonio de la verdad sin miedo alguno, incluso estando bajo la amenaza de injuria y de persecución. Estaba dispuesto a soportar la pobreza, el destierro y la prisión. Quería que se abandonaran las iglesias que consideraba corruptas y que se rechazara cualquier declaración falsa. Tenía la valentía de los mártires y así fue como murió.
John Milton (1608 1674)
Milton, contemporáneo de Biddle y de acuerdo con muchas de sus ideas, no era tan decidido como Biddle y prefirió vivir fuera de la prisión. En el volumen segundo de su obra "Tratado sobre la Religión Verdadera", sus críticas son más bien veladas. Dice:
"Se acusa a los Arrianos y los Socianos de estar en contra de la doctrina de la Trinidad. Declaran creer en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo según las Escrituras y el Credo Apostólico. Pero rechazan términos como "trinidad", "triunidad", "co esencialidad" y "tripersonalidad" por ser nociones escolásticas que no se encuentran en las Escrituras que, según la creencia general de los Protestantes, son suficientes para expresar el significado de su propia fe con las palabras apropiadas para un tema tan importante; palabras que se deben conocer porque si bien la creencia parece un misterio en las sutilezas sofisticas de los escolásticos, en las Escrituras es una doctrina sencilla"122 .
En otro de sus libros, Milton fue más directo. Decía que el poder ejercido por los Papas, los Concilios, los Obispos y los Presbíteros debía clasificarse entre las formas de tiranía más odiosas y vulgares. Luego continúa: "Toda imposición de ordenanzas, ceremonias y doctrinas son, en realidad, una injustificada invasión de la libertad"123.
El poeta jamás desafió abiertamente la autoridad civil del país sino que se mantuvo al margen como protesta contra el fanatismo e intolerancia de la Iglesia establecida. Como gran parte de los intelectuales más destacados, Milton dejó de asistir a la iglesia. El Dr. Johnson dijo de Milton:
"Milton no se asoció con ninguno de los grupos Protestantes. De Milton se sabe mejor lo que no era que lo que era. No pertenecía a la Iglesia de Roma. No era de la Iglesia de Inglaterra. Milton envejeció sin conocérsele una práctica de culto manifiesta. En su horario cotidiano no había horas de oración –el trabajo y las reflexiones eran su oración habitual"124.
Es evidente que el Dr. Johnson no conocía la existencia de un libro escrito por Milton, descubierto ciento cincuenta años después de su muerte, en 1823. El manuscrito se descubrió en la antigua State Paper Office de Whitehall y tiene por título "Un Tratado sobre Dios". Escrito durante el periodo en el que Milton era secretario de latín con Cromwell, parece obvio que no estaba destinado a publicarse durante la vida de Milton. En la Parte Primera, Capítulo Segundo, Milton habla de los atributos de Dios y la Unidad Divina:
"A pesar de no ser pocos los que niegan la existencia de Dios, ‘Dice en su corazón el insensato ¡No hay Dios!' (Salmos, 14 1), no cabe duda de que la Deidad ha impreso en la mente humana pruebas abundantes e indudables de Su existencia; y en la naturaleza entera hay tantos indicios de Su presencia que nadie que tenga sentido común puede ignorar la verdad. Es evidente que todo lo que hay en el mundo, con la belleza de su ordenación y la evidencia de un propósito determinado y benéfico que todo lo impregna, da testimonio de la preexistencia de un Poder supremo y eficiente que ha ordenado la existencia con un fin determinado.
Y sin embargo no hay nadie que pueda pensar sobre Dios correctamente de forma natural, o con la razón como única guía, independiente de la palabra o el mensaje de Dios... Así pues, Dios ha hecho una revelación de Sí mismo más lejos de lo que nuestras mentes puedan concebir o la debilidad de nuestra naturaleza pueda soportar. Este conocimiento de la Deidad que es necesario para la salvación del ser humano, Él ha consentido, por su Bondad, revelarlo en abundancia... Los nombres y atributos de Dios muestran Su naturaleza, Su poder y las excelencias divinas...
Milton enumera a continuación algunos de los atributos de Dios: Veracidad, Espíritu (Yo soy el que soy), Inmensidad e Infinidad, Eternidad, Inmutabilidad (Yo no cambio), Incorruptibilidad, Inmortalidad, Omnipresencia, Omnipotencia y por último la Unidad que, según Milton, "procede necesariamente de todos los atributos precedentes". Y a continuación, Milton aporta las pruebas siguientes de la Biblia:
"Yahvé es el verdadero Dios y no hay otro fuera de Él". (Deuteronomio, 4: 35).
"Yahvé es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro". (Deuteronomio, 4: 39).
"Yo, sólo Yo soy, y no hay otro Dios junto a Mí". (Deuteronomio, 32: 39).
"...Para que todos los pueblos de la tierra sepan que Yahvé es Dios y no hay otro".
(I Reyes 8: 60).
"...Tú sólo eres el Dios en todos los reinos de la tierra". (11 Reyes 19: 15).
"Vosotros sois testigos; ¿Hay otro dios fuera de Mí? ¡No hay otra Roca, Yo no la conozco"! (Isaías 44: 8).
"Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; fuera de Mí ningún dios existe" (Isaías 45: 5).
"No hay otro dios fuera de Mí" (Isaías 45: 21).
"Porque Yo soy Dios, no existe ningún otro" (Isaías 45: 22).
(Al comentar este versículo, Milton dice: 'Es decir, que no hay espíritu, persona, o ser junto a Él que sea dios, puesto que "ningún" es una negación universal).
"Yo soy Dios y no hay ningún otro. Yo soy Dios, no hay otro como Yo" (Isaías 46: 9).
Milton continúa diciendo:
¿"Qué puede ser más claro, evidente y adecuado a la comprensión general y a las formas comunes del lenguaje, cuando lo que se busca es elucidar ante el pueblo de Dios que lo que existe es Un solo Dios y Un solo espíritu según la aceptación más general de la unidad numérica? Es sin duda apropiado y sumamente placentero a la razón que el mandamiento primero, y en consecuencia, el más importante y al que incluso la más inferior de las personas debe escrupulosa obediencia, nos llegara de manera clara y desprovisto de expresiones ambiguas u oscuras que podrían haber inducido a Sus adoradores al error o haberles sumido en la duda. De acuerdo con ésto, los israelitas que vivían bajo la Ley, y sus Profetas entendieron que Dios era, desde el punto de vista numérico, un Dios único a cuyo lado ni había otro dios, ni por supuesto alguien igual a Él. Aún no ha aparecido el erudito que, basado en la confianza de su propia sagacidad, o mejor dicho, utilizando argumentos contradictorios, haya impugnado la doctrina de la Unidad Divina, doctrina que pretenden afirmar. En lo que respecta a la Omnipotencia de la Deidad, está universalmente admitido, como hemos dicho antes, que Él no puede hacer cosa alguna en la que esté presente la contradicción: debe en consecuencia recordarse aquí y ahora que no puede decirse cosa alguna sobre el Dios único que contradiga Su Unidad si al mismo tiempo reconoce Sus atributos de Unidad y Pluralidad. En Marcos 12: 29 32: Escucha Israel: El Señor nuestro Dios, es el Único Señor. Y dijo el escriba: Muy bien Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él".
Milton señala a continuación que el Espíritu Santo tiene que ser inferior tanto a Dios como a Jesús, dado que sus obligaciones eran las de llevar mensajes de Uno al otro. Por sí mismo no podía hacer nada. En consecuencia estaba supeditado y obedecía a Dios en todos los asuntos. Era enviado por Dios y decía justo lo que se le había ordenado decir.
Milton llega después a las siguientes conclusiones basándose en su conocimiento de la Biblia: El Espíritu Santo no es omnisciente. El Espíritu Santo no es omnipresente. Y no puede decirse que si el Espíritu Santo hace el trabajo ordenado por Dios, sea por ello parte de Dios. Si éste fuera, el caso, ¿por qué entonces se llama al Espíritu Santo 'El Consolador' (Paráclito), a alguien que vendrá después de Jesús, que no habla de sí mismo ni por cuenta propia, y cuyo poder es en consecuencia adquirido? (Juan 16: 7 14). Es evidente que si en vez de aceptar el término "Consolado" (Paráclito) en su sentido más obvio de Profeta que vendrá después de Jesús, se le llama por el contrario Espíritu Santo y además Dios, la confusión creada no tendrá fin. 125
Milton está de acuerdo con Arrio al afirmar que Jesús no era eterno. Señala que estaba en el poder de Dios la decisión de crear o no a Jesús. Concluye diciendo que Jesús nació "dentro de los límites del tiempo" y que no hay pasaje alguno en las Escrituras que describa la "generación eterna de Jesús". Milton es tajante al afirmar que la hipótesis que presenta a Jesús como parte de Dios, a pesar de ser otro tanto personal como numéricamente, es extraña y aberrante para el sentido común. Este dogma, añade Milton, es una violación de la razón y de la evidencia contenida en las Escrituras. Milton está de acuerdo con el "pueblo de Israel" a la hora de afirmar que Dios es Uno y único. Es tan evidente que no necesita explicación alguna Dios es el único Dios que existe por Sí mismo, y todo ser que carezca de esta cualidad no puede ser Dios. Termina diciendo:
"Es asombroso comprobar las fútiles sutilezas, 0 mejor dicho, las intricadas artimañas con las que ciertos individuos han tratado de eludir o enturbiar el significado claro y evidente de ciertos pasajes de las Escrituras"126.
Milton temía expresar sus ideas abiertamente puesto que, de haberlo hecho, habría puesto en peligro su seguridad personal arriesgándose a sufrir el mismo trato que Biddle y tantos otros que como él habían sufrido en el pasado.
En 1611, por ejemplo, y en vida del propio Milton, dos hombres llamados Mr. Legatt y Mr. Wightman fueron quemados vivos con permiso del rey por creer que en la Unidad del Dios Supremo no había una Trinidad de personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que Jesucristo no era el hijo natural y verdadero de Dios, ni tampoco tenía la misma substancia que Él; y por creer que Jesucristo era sólo un hombre, un mero ser creado y no Dios y hombre en una misma persona.
El silencio que Milton mantuvo durante su vida con respecto a estas cuestiones, es más que comprensible.
John Locke (1632 1704)
John Locke, conocido principalmente por sus tratados sobre el contrato social, era también una persona que compartía las ideas Unitarias pero que temía manifestarlas abiertamente. En un momento dado fue obligado a abandonar Inglaterra por sus ideas políticas. Al regresar de nuevo a su país, después de la revolución de 1688, y por temor a sufrir más represalias, Locke se aseguró de no ofender directamente los poderes de la Iglesia oficial. Pero ésta ya desconfiaba de una obra monográfica escrita por Locke en defensa de la razón, de forma que la siguiente obra escrita por Locke tuvo que ser publicada anónimamente.
Se sabe sin embargo que Locke estudió las enseñanzas de los primeros discípulos de Jesús sin encontrar en ellas justificación en defensa de la creencia en la Trinidad. Era amigo íntimo de Newton y parece que discutían sobre este tema, una de las controversias más candentes de la época. Leclére, amigo de ambos, señala que no conoció disputa conducida con tanta profundidad por un lado, y por otro con tanta confusión, engaño e ignorancia. Se dice que los contenidos del Acta de la Tolerancia de 1689, fueron consecuencia de las negociaciones propiciadas por Locke.
Sir Isaac Newton (1642 1727)
La vida ilustre de Newton ha sido descrita por Pope, el conocido poeta inglés, con las siguientes palabras:
"La naturaleza y sus leyes estaban ocultas en la noche.
Y Dios dijo: ¡Que aparezca Newton! y se hizo la luz"127
No obstante, Newton fue otra de las personas que consideró una temeridad exponer abiertamente sus creencias.
En 1690, por ejemplo, Newton envió a Locke un pequeño paquete que contenía sus reflexiones por escrito sobre las alteraciones de los textos del Nuevo Testamento; en concreto los pasajes de I Juan 5: 7 y Timoteo 3: 16. Según Newton, estos versículos habían sido introducidos en el Nuevo Testamento en épocas posteriores puesto que no aparecen en los manuscritos griegos más antiguos, ni tampoco se citaban en los debates que tuvieron lugar entre los cristianos Unitarios y Paulinos durante los primeros días de la Iglesia sencillamente porque los versículos en cuestión no existían entonces y aún no habían sido inventados.
Newton confiaba en que Locke le ayudaría a traducir el manuscrito al francés e incluso a publicarlo en Francia, ya que hacerlo en Inglaterra sería demasiado peligroso. La obra se titulaba "Una Relación Histórica sobre Dos Alteraciones Notables de las Escrituras". En el año 1692 se intentó publicar anónimamente una traducción al latín. Al enterarse, Newton rogó a Locke que hiciera lo posible para impedirlo por no considerarlo el momento más adecuado para ello. En su obra Una Relación Histórica, Newton dice, refiriéndose a I Juan 5: 7.
"El texto los "tres en los cielos" jamás fue utilizado ni antes ni después, ni durante la controversia universal y vehemente sobre la Trinidad, que tuvo lugar en la época de Jerónimo. Pero curiosamente, en nuestros días está en boca de todos y se cita como texto principal con respecto a la cuestión; pero, si este texto hubiese estado en los libros de aquélla época ¿acaso no lo habrían utilizado ellos también?
Sigue diciendo:
"Que lo expliquen los que puedan, porque yo por mi parte no lo puedo hacer. Se dice que no debemos utilizar nuestro propio raciocinio para determinar lo que forma parte o no de las Escrituras. A ello me someto en los pasajes que no admiten controversia, pero en aquellos que no son tan evidentes prefiero seguir lo que dicta mi propia comprensión del asunto. En las cuestiones relacionadas con la religión, existe un grupo de la humanidad de carácter apasionado y supersticioso cuya pasión por lo misterioso les lleva a preferir lo que menos se entiende. Esas personas pueden utilizar al apóstol Juan de la manera que más les plazca, pero mi profundo respeto hacia él me hace pensar que escribió de manera clara y concisa, razón que me hace tomar como suyo aquello que me parece lo mejor"128.
Según Newton, el versículo I Juan 5: 7 apareció por primera vez en la tercera edición que hizo Erasmo del Nuevo Testamento. Newton creía que antes de esta edición, el "texto falso" no formaba parte del Nuevo Testamento. "Cuando consiguieron introducir la Trinidad en su edición, se desprendieron del manuscrito, si es que tenían uno, como quien tira un almanaque del año anterior. ¿Pero acaso estas manipulaciones pueden satisfacer a las personas estudiosas?". Y sigue diciendo Newton: "En las cuestiones de religión es más un peligro que una ventaja el intentar apoyarse un una rama partida".
Al referirse al versículo I Timoteo 3: 16, Newton dice: "Jamás apareció en ninguna de las acaloradas y constantes controversias Arrianas... Pero éstos que ahora citan 'Dios se manifestó en la carne' creen que es uno de los textos más obvios y adecuados para refrendar esta cuestión”129.
Newton se oponía a la interpretación alegórica o paralela del Antiguo Testamento. Tampoco aceptaba que los diferentes libros de las Escrituras tuviesen la misma autoridad. Según Whiston, Newton escribió una disertación sobre otros dos textos que Atanasio había intentado alterar pero de los que ya no quedan huellas.
Por último, Newton tenía que decir:
"La palabra 'Deidad' implica el ejercicio del dominio sobre los seres subordinados, y la palabra 'Dios' significa, usualmente, Señor. El ejercicio del dominio en un ser espiritual es lo que constituye un Dios. Si este dominio es real, ese ser es el Dios real; si es ficticio, el dios es falso; si es supremo, es el Dios Supremo" 130
Thomas Emlyn (1663 1741)
Thomas Emlyn nació el 27 de mayo de 1663. En 1678 se trasladó a Cambridge y, una vez finalizados sus estudios en dicha ciudad, volvió a Dublín donde pronto se convirtió en un predicador muy conocido. Este Ministro Presbiteriano predicó su primer sermón en 1682 y durante los diez años siguientes su reputación como orador no hizo sino aumentar.
Cerca del año 1702, un miembro de su congregación observó que Emlyn evitaba ciertas expresiones mencionadas con frecuencia en los púlpitos, además de los argumentos que se utilizaban generalmente a la hora de defender el dogma de la Trinidad. Esto produjo que preguntaran a Emlyn acerca de lo que pensaba sobre el concepto de la Trinidad. Al haber sido preguntado de forma tan directa, Emlyn se vio obligado a manifestar sus ideas sin reservas:
Admitió creer en un Dios único. Declaró que Dios era el único Ser Supremo y que Jesús obtenía todo el poder y la autoridad sólo de Él. Emlyn añadió que si la congregación encontraba que sus ideas eran execrables, estaba dispuesto a renunciar a su cargo y permitirles encontrar a otro pastor que no contradijera las opiniones de los feligreses. La mayor parte de éstos no querían su renuncia, pero la situación era tal que no le quedó más remedio que hacerlo, muy a pesar de la gente. Se le aconsejó ir a Inglaterra por un tiempo hasta que las cosas se calmaran. Emlyn así lo hizo.
Tras haber estado en Inglaterra unas diez semanas, Emlyn volvió a Dublín para reunir a su familia y regresar de nuevo a Inglaterra. No obstante, y antes de poder llevar a cabo sus intenciones, fue arrestado en 1703 bajo la acusación de hereje. Se había descubierto que Emlyn era responsable de la publicación de una obra sobre el Unitarismo titulada "Una Humilde investigación sobre tas Menciones que se hacen sobre Jesucristo en las Escrituras". El libro era prueba suficiente para los perseguidores. La obra está basada fundamentalmente en el texto de Juan 14: 28 en el que Jesús dice: 'El Padre es más grande que yo". Lo que Emlyn trataba de probar es que Jesús era un mediador entre Dios y el ser humano. De esta manera, llena de sutilezas, indicaba al mismo tiempo que Jesús estaba en realidad separado de Dios destruyendo con ello el concepto de la Trinidad.
Al encontrarse sus adversarios con grandes dificultades a la hora de redactar la acusación, el juicio contra Emlyn se retrasó varios meses, tiempo que pasó en prisión. Cuando por fin comenzó el juicio, un caballero "de los de túnica larga" le informó que no le estaba permitido defenderse, sino que el juicio estaba preparado para "acosarle como un lobo sin leyes ni excusas"131. No debe sorprendernos pues que Emlyn fuera declarado culpable de "haber escrito y publicado un libelo infame y escandaloso en el que se declara que Jesucristo no es el Dios Supremo”132. A Emlyn se le permitió elegir entre ir a la cárcel por un año o pagar una multa de mil libras. En todo caso debía permanecer en prisión hasta que la multa fuese pagada.
En las apelaciones que siguieron contra el juicio y la condena, Emlyn fue arrastrado de tribunal en tribunal y exhibido ante el público como un hereje recalcitrante. Este desafortunado tratamiento fue
descrito por sus perseguidores como una prueba de misericordia puesto que se dijo que, de haber ocurrido en España o en Francia, la Inquisición ya le habría llevado a la hoguera. Tras una enorme presión ejercida sobre el gobierno, la multa se redujo a setenta libras. Una vez pagada Emlyn pudo abandonar la prisión y regresar a Irlanda. Uno de los clérigos más destacados, comentando el tratamiento que se daba a los herejes, dijo que "Las propiedades iluminadoras de los calabozos y las multas son sumamente convincentes” 133.
Emlyn fue uno más de los distinguidos santos que osaron rechazar la doctrina de la Trinidad y afirmar la fe en el Dios único. En la revelación Divina del Corán, la cuestión es más que clara: Dios es el Ser Supremo y no hay nadie como Él. A nadie más se menciona como Dios. Pero, desgraciadamente, con la Biblia no ocurre lo mismo. Esta es la razón de que Emlyn intentara en sus escritos aclarar esta confusión.
Según Emlyn Dios "a veces significa el más Elevado, Perfecto, y Ser Infinito, que está Solo y nada debe a Su Ser o a Su Autoridad, ni a nadie más; esto es lo que afirmamos comúnmente cuando hablamos de Dios en el discurso ordinario, en la oración y en la alabanza; es lo que atribuimos a Dios en el sentido más elevado".
Emlyn continúa hablando para demostrar que en la Biblia, a pesar de que la palabra Dios se emplea con frecuencia, se utiliza a veces para indicar a personas que, aunque investidas de autoridad y poder, están subordinadas al Ser Supremo:
"Los ángeles aparecen como Dioses... 'Apenas inferior a un Dios le hiciste' (Salmos 8: 5); Los Magistrados son Dioses. (Éxodo 22: 28, Salmos 82: 1, Juan 10: 34 35); hay veces en las que una persona recibe el título de Dios: a Moisés se le llama Dios dos veces ante Aarón y luego recibe el mismo tratamiento ante Faraón; al mismo Demonio se le llama el Dios de este Mundo, es decir, el Príncipe y poderoso gobernador del mismo, que mediante la usurpación injusta y el permiso de Dios, disfruta de esta posición. Ahora bien, como Aquel que en sí mismo es el Dios único en el sentido original, está infinitamente por encima de todos los demás, ello nos basta para distinguirle de todos aquellos a los que se les llama Dioses".
Para clarificar aún más esta distinción, Enilyn citaba a Filo que describe al Ser Supremo "no sólo como el Dios de los hombres, sino como el Dios de los Dioses". Este es el epíteto más elevado y glorioso que se otorga a Dios en el Antiguo Testamento, que se utiliza cuando se quiere hacer una mención magnífica de Su Gloria y Su Grandeza.
Una vez establecido que la Biblia utiliza el término "Dios" para describir a Dios y para describir a los seres inferiores a Dios, Enilyn intenta resolver la cuestión: "¿En cuál de los dos sentidos se menciona a Cristo en las Sagradas Escrituras con el nombre de Dios"?
Emlyn llegó a la conclusión de que Cristo era un ser inferior comparado con el Dios de Dioses (ver I Corintios 8: 5). Esta conclusión fue el resultado de formular la siguiente pregunta: "¿Acaso tiene Jesucristo algún Dios por encima de él, un Dios con autoridad y capacidad mayores que él? La respuesta a esta pregunta decidiría el estatus de Jesús de una manera u otra. Si Dios está por encima, es evidente que Jesús no puede ser también el Supremo Dios Absoluto. La respuesta que dio fue "Sí", añadiendo a continuación tres argumentos para demostrar su tesis:
• Jesús habla expresamente de Dios como alguien diferente.
• Acepta que su Dios está por encima.
• Jesús pide obtener la perfección al ser consciente de que le faltan las cualidades infinitas y eminentes que pertenecen sólo a Dios, el Ser Supremo.
Emlyn tenía la impresión de que estos tres postulados tenían que ser desarrollados de manera que fueran entendidos por el público en general. Criticaba la práctica de escribir de manera ininteligible sobre las Escrituras, esperando además que los lectores creyeran en los dogmas así descritos. Emlyn explicó los tres puntos anteriores de la siguiente manera:
Primero: Jesús habla de otro Dios diferente a sí mismo. En varias ocasiones vemos que Jesús dice: "Dios mío", hablando de otro: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado? (Mateo 27: 46); "Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Juan 20: 17). Es evidente que Jesús no está diciendo: "¿Por qué me he abandonado a mí mismo?" Este Dios al que Jesús se dirige es diferente, como de hecho declara en otros lugares, como en Juan 8: 42, donde puede verse que Jesús no se distingue de Él en cuanto Padre, sino en cuanto Dios; en consecuencia, Jesús no puede ser considerado como Dios, con respecto al cual el mismo Jesús se ha diferenciado...
Segundo: Jesús no sólo admite que Dios es alguien distinto a él, sino que también está por encima o sobre él, algo que se trasluce también en las declaraciones de los apóstoles. En muchas ocasiones Jesús proclama abiertamente su sometimiento al Padre. La declaración más usual es que el Padre es mayor que él. Jesús dice que no vino a actuar por cuenta propia, sino en nombre y bajo la autoridad del Padre. No buscaba su gloria sino la del Padre; no era su voluntad la que actuaba, sino el mandato de Dios. En esta situación de sometimiento es como bajó de los cielos a esta tierra. Jesús admite su dependencia de Dios incluso en las cosas que parecen pertenecerle, como por ejemplo, el poder de realizar milagros, de resucitar a los muertos, de ejecutar juicios universales; de estas cosas Jesús dice: 'Yo no puedo hacer nada por mi cuenta' (Juan 5: 30).
Tercero: Jesús niega poseer las perfecciones infinitas que pertenecen solamente al Dios de Dioses Supremo (poder absoluto, bondad total, conocimiento ilimitado). Y es absolutamente cierto que si Jesús carece de alguna de estas perfecciones que forman parte esencial de la Deidad, Jesús ya no es Dios en este sentido. Si vemos que renuncia a una de ellas es evidente que no reclama la posesión de las demás, ya que sin duda es una y la misma cosa el renunciar a la posesión de todas las Perfecciones Divinas o el negar ser el Dios Infinito".
A continuación Emlyn aporta algunos ejemplos con los que Ilustrar este último punto:
"Una de las grandes y peculiares perfecciones de la Deidad es la Omnipotencia absoluta. El que no puede hacer toda clase de milagros ni tampoco hacer lo que desea sin la ayuda de otro, jamás podrá ser el Ser Supremo. Lo que demuestra que es un ser imperfecto, comparativamente hablando, puesto que necesita ayuda y pide una fuerza adicional que provenga de otro ser diferente.
Ahora bien, es evidente que Jesús, (fuera cual fuese el poder que tenía), confiesa una y otra vez que carecía de poder ilimitado: "Yo no puedo hacer nada por mi cuenta" (Juan, 5: 30). Jesús había estado hablando de grandes milagros: resucitar a los muertos, ejecutar juicios universales; pero una y otra vez pone de manifiesto que la gente debe saber que el poder de hacer estas cosas provenía de Dios. Al principio dice: "El hijo no puede hacer más que lo que ve hacer al Padre". Hacia la mitad vuelve a decir lo mismo. Y al final, como si no hubiese repetido lo bastante esta gran verdad, vuelve a decir: "Yo no puedo hacer nada por mí mismo". ¡No cabe duda de que ésta no es la voz de Dios, sino la de un hombre! El Altísimo no recibe poderes de nadie. No puede ser más sabio o poderoso porque la Perfección absoluta no puede aumentar. Dado que en Dios el poder es una Perfección esencial, ello implica que en el caso de proceder de alguna otra parte, ocurriría lo mismo con la esencia del propio Ser, lo cual es una blasfemia contra el Altísimo. Contar a Dios entre el número de seres dependientes sería similar a des deificarle. El Dios Supremo sólo puede ser Aquel que es Causa primera y origen absoluto de todo lo que existe".
Otra de las frases estudiadas por Emlyn, es la que se atribuye a Jesús en Marcos 13: 32. Al hablar del Día del Juicio Final, Jesús dijo: "De ese día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el hijo, sino sólo el Padre". Emlyn hacía notar que, para todo aquél que creyera en la divinidad de Jesús, esta declaración implicaba que Dios tenía dos naturalezas, o dos estados de conciencia simultáneos. Esto pondría a Dios en la extraña posición de saber y no saber al mismo tiempo. Si Jesús era divino y Dios tenía ese conocimiento, Jesús no habría dicho tal cosa puesto que, en virtud de su naturaleza divina, también él poseería ese conocimiento.
Thomas Emlyn, que murió en julio de 1741, era consciente de que sería mal interpretado por multitud de cristianos. Al defender sus creencias, utilizó su obra "Confesión de Cristianismo", donde explicaba que veía a Jesús como su maestro, al que admiraba y amaba más que a su padre, madre o amigos más cercanos. Luego decía: "Yo sé que Jesús ama la Verdad por encima de todo y jamás será ofendido por quien se aferre a sus palabras: 'El Padre es más grande que yo" (Juan 14: 28). Basados en esta declaración, decía Emlyn, sería peligroso decir: 'Dios no es más grande que Jesús’134.
Thomas Emlyn, era un erudito y un hombre de Dios que gozó del respeto de la gente por su conocimiento e integridad y por la firmeza con la que prefirió aguantar la persecución antes que renunciar a sus creencias. Pertenece a una constelación de santos que desafió a los que se les oponían y les perseguían. Sufrieron la prisión, la tortura e incluso la muerte, pero no se amilanaron frente al poder de la Iglesia Trinitaria establecida ni al del Estado que tan a menudo aunaron sus fuerzas para conseguir eliminarlos. Cada fase de la persecución sólo servía para conferir mayor difusión al mensaje que era, sencillamente:
"No hay tres dioses sino un solo Dios"
Emlyn fue uno de los primeros Protestantes que tuvo el valor de proclamar públicamente su rechazo a la doctrina de la Trinidad. El número de pastores presbiterianos que, a comienzos del siglo XVIII, se unieron a él y abrazaron las creencias de Arrio y de los Unitarios, fue ciertamente considerable. Sirva como ejemplo decir que, diez años después del juicio de Emlyn, la insatisfacción sentida en la Iglesia de Inglaterra por las dudas en tomo a la supuesta divinidad de Jesús, explotó por fin con la publicación en el año 1712 de la obra de Samuel Clarke "Un Escrito sobre la Doctrina de la Trinidad". En este libro, el autor citaba 1.251 pasajes de las Escrituras para probar que el Dios Padre era el Dios Supremo, y que Cristo y el Espíritu Santo estaban subordinados a Él. Clarke publicó a continuación una versión corregida del Libro de Oraciones en la que se omitían el Credo Atanasio y otros aspectos Trinitarios.
Theophilus Lindsey (1723 1808)
Theophilus Lindsey nació en el año 1723. Fue el organizador de la primera congregación Unitaria de Inglaterra. Basándose en la liturgia reformada por Samuel Clarke sesenta años antes, y vestido con la sobrepelliz blanca tradicional, Lindsey dirigió la primera misa en una sala de subastas de la calle Essex de Londres. Era el 17 de abril de 1774. A la misa asistió una numerosa congregación entre los que se encontraban Benjamín Franklin y Joseph Priestly. A continuación se incluye la descripción que el mismo Lindsey hizo de ese día y que está contenida en una carta que mandó a un amigo al día siguiente de la celebración:
"Te gustará saber que todo ocurrió a las mil maravillas el día de ayer; me encontré con una audiencia mayor y más respetable de lo que podía imaginar, que se comportó con gran decencia y que por lo general parecía, algo que más tarde muchos confirmaron, estar muy satisfecha con el acto religioso. Se temía algún conflicto, predecido por nombres importantes, pero al final no ocurrió nada. El único fallo fue que el local era demasiado pequeño. De las impresiones obtenidas y por la satisfacción y seriedad general, estoy convencido de que este intento será, si contamos con la bendición divina, de especial utilidad. El contraste entre nosotros y la liturgia de la Iglesia es algo que ha sorprendido a todos. Perdona que te diga que sentí ruborizarme por aparecer vestido con vestiduras blancas. Pero a nadie pareció molestarle en absoluto. En realidad me hace feliz no sentirme coaccionado y estoy sumamente satisfecho con todo lo ocurrido, una satisfacción jamás conocida en el pasado tengo que repetirlo, y que Dios sean bendecido por ello, por haber podido estar tan bien. Lo que ahora deseamos es continuar, con Su bendición, de la misma manera que hemos comenzado...”135
El establecimiento de la congregación de la calle Essex sirvió de inspiración para que se construyeran más "capillas" Unitarias en Birmingham, Manchester y otras ciudades inglesas. La independencia eclesiástica propició la libertad doctrinal de forma que, en 1790, en un discurso dirigido a los estudiantes de Oxford y Cambridge, Lindsey expuso los siguientes "hechos, claros y sencillos para toda comprensión... ante los que, todas las personas que creen en las Escrituras, deben, tarde o temprano, doblegarse y admitir":
No hay más que un Dios único, una sola persona que es Dios, el Creador único y el Señor soberano de todo lo que existe.
Jesús era un hombre que pertenecía a la nación judía, el siervo de su Señor, honrado y distinguido por Él.
El espíritu, o Espíritu Santo, no era una persona ni un ser inteligente; sino que era el poder extraordinario o el regalo de Dios impartido a Jesucristo durante su vida. Regalo que fue luego otorgado a los apóstoles y a muchos de los primeros cristianos para permitirles predicar y propagar con éxito el Evangelio (Hechos 1: 2).
Esta era la doctrina que con respecto a Dios, Cristo y el Espíritu Santo, fue enseñada por los apóstoles y predicada a los judíos y a los paganos" 136.
Con estas convicciones, que podríamos calificar de modernas, el Unitarismo inglés entraba en su era de máximo apogeo. En sus escritos Lindsey recogía los puntos siguientes para demostrar el hecho de que Jesús no es Dios:
Jesús jamás se dio a sí mismo el nombre de Dios; ni tampoco da ninguna indicación de ser la persona que creó todas las cosas.
Las Escrituras del Antiguo Testamento hablan constantemente de una Persona, un Yahvé como el Dios único, Solo y Creador de todas las cosas. Por lo que respecta a I Juan 5: 7, es poco creíble que Juan, un hebreo piadoso, se permita introducir de repente un nuevo Creador, un nuevo Dios, sin ningún aviso previo. No se sabe dónde obtuvo esta extraña doctrina o con qué autoridad se permitió manifestarla; especialmente cuando se considera que, según la ley de Moisés cuya autoridad divina Juan reconocía, el temer o adorar a otro Dios que no fuera Yahvé constituía delito de idolatría y blasfemia. Su Señor y maestro, Jesús, jamás hizo mención de otro Dios distinto a Yahvé ni jamás habló de sí mismo. Dejó bien claro que el Padre, del cual era fiel mensajero, era quien le ordenaba qué decir y cuándo hablar (Juan 12: 49).
(Nota: Por lo que Lindsey dice aquí, parece que en ese tiempo aún no era conocido el descubrimiento, por parte de Sir Isaac Newton, de la falsificación del versículo 1 Juan 5: 7).
Los escritores de la historia del Evangelio hablan siempre de una persona divina, el Padre, como único Dios verdadero (Juan 17. 3).
Parece que Marcos, Mateo y Lucas escribieron sus Evangelios sin consultarse mutuamente. Jamás ninguno de ellos da la menor indicación de que Jesús sea Dios. No podemos querer ni siquiera imaginar que si estos hombres sabían que Jesús era Dios y el Creador del Universo, hubiesen silenciado algo de tanta importancia.
Juan, que empieza su Evangelio diciendo que la Palabra era Dios y que Jesús era la Palabra hecha carne, nunca vuelve a otorgarle ese nombre en el resto del Evangelio.
Un examen detallado del evangelio de Lucas muestra que creía que Jesús no había existido antes de nacer su madre, María, dado que:
En Lucas 3: 23 38 se muestra la genealogía de Jesús.
En Lucas 4: 24 y 13: 33, a Jesús se le reconoce como Profeta de Dios.
En Lucas 7. 16 y 24: 19, a Jesús se le llama Profeta.
En Lucas 9: 20 y 26 y en Lucas 22: 27 y 29, Pedro y algunos de los apóstoles llaman a Jesús el siervo de Dios.
En Lucas 5: 24 y en Lucas 17: 24 y 30, Lucas describe a Jesús como el "hijo del hombre" designado para una importante misión por el Dios que creó al mundo.
Lindsey preguntaba a los que adoraban a Jesús como si fuera Dios, cuál serían sus respuestas si Jesús que es a menudo descrito en los Evangelios rezando a Dios, pero nunca a sí mismo apareciese ante ellos y les hiciera las preguntas siguientes:
¿Por qué habéis dirigido vuestras oraciones hacia mí? ¿Os he dicho que lo hagáis o acaso me he erigido yo como objeto de culto?
¿Acaso no os he servido de ejemplo, constantemente y hasta el final, de cómo rezar al Padre, mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios? (Juan 20: 17).
Cuando mis discípulos me pidieron que les enseñara a rezar (Lucas 11: 1 4) ¿acaso les dije que rezaran a mí o a otra persona que no fuera el Padre?
¿Me he llamado a mí mismo Dios; os he dicho que yo era el Creador del mundo y que debía ser adorado?
¿Acaso Salomón, después de haber construido el Templo, no dijo: ¿Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no Te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo te he construido'! (I Reyes 8: 2 7) 137.
La creencia de Lindsey en la Unidad Divina es un hecho evidente a partir de sus propias palabras:
"El Creador Infinito debe ser adorado en todo lugar puesto que Él está en todas partes... no hay lugar más sagrado que otro; para la oración todo lugar es sagrado. El que adora es el que crea el lugar de la oración. Dondequiera que haya una mente humilde y devota que se fija en Dios, allí está Él. El corazón que está libre de pecado es el verdadero templo de Dios" 138.
Joseph Priest1y (1733 1804)
Joseph Priest1y nació en 1733 en la pequeña aldea de Fieldhead, seis millas al suroeste de la ciudad de Leeds. Era el hijo mayor de un artesano, fabricante de telas en su domicilio. Su madre murió cuando Priestly tenía seis años. En el hogar familiar recibió una formación Calvinista estricta, pero en la escuela sus maestros eran pastores disidentes, esto es, sacerdotes que no aceptaban las doctrinas de la Iglesia Trinitaria de Inglaterra. Como Priest1y pensaba ser sacerdote, cursó estudios de latín, griego y hebreo. Los Cuákeros rehusaron admitirle al no demostrar suficiente arrepentimiento por los pecados cometidos por Adán. De la misma manera, las universidades rechazaban la admisión de todo aquél que no aprobase todas las doctrinas de la Iglesia ortodoxa.
Priest1y acabó siendo enviado a una conocida academia donde los profesores y los estudiantes estaban divididos entre la "ortodoxia" de la Iglesia establecida y la creencia en el Dios único. Fue aquí donde Priest1y comenzó a dudar acerca de la veracidad de los dogmas fundamentales de la Iglesia cristiana oficial, y en especial de la doctrina de la Trinidad. Cuanto más estudiaba la Biblia más se convencía de sus propias opiniones. Los escritos de Arrio, Servet y Sociano causaron en él una profunda impresión, y como ellos, llegó a la conclusión de que las Escrituras no servían de apoyo a las doctrinas de la Trinidad, del Pecado Original y del Perdón y de la Expiación de los Pecados. Al término de sus estudios salió de la academia convertido en un Arriano convencido.
Priest1y fue nombrado poco tiempo después ayudante de un pastor con un salario de treinta libras anuales. Pero fue cesado de su puesto cuando se descubrió que era Arriano. En 1758 logró conseguir el puesto de pastor en Nantwich, en Cheshire. Allí sirvió durante tres años. Su salario era más bien escaso, pero lograba completarlo dando clases particulares. Pronto gozó de la reputación de ser un buen maestro.
En 1757, los Arrianos habían establecido una academia en Warrington; al terminar su estancia en Nantwich, Priest1y entró en ésta como profesor. Solía visitar Londres en los períodos de vacaciones y en una de esas visitas se encontró por primera vez con Benjamín Franklin. En 1767 Priestly obtuvo la plaza de pastor en Mill Hill, Leeds, cerca de la antigua casa de sus padres. Permaneció allí durante seis años. Durante su estancia en Leeds, Priestly publicó un cierto número de obras que le hicieron ser muy conocido como defensor capaz y destacado del Unitarismo.
En su tiempo libre, Priest1y comenzó a estudiar química con éxito considerable. Obtuvo el reconocimiento de la Royal Society y en 1774 logró descubrir el oxígeno, hecho que le hizo famoso. En las investigaciones siguientes Priestly descubrió más gases que ninguno de sus predecesores. No obstante, sus intereses se decantaban más por la religión que por las ciencias físicas, y para Priestly estos descubrimientos no eran más que el mero pasatiempo de un teólogo. En sus memorias personales describe estos acontecimientos en una página escasa. En cierta ocasión escribió: "He logrado hacer algunos descubrimientos en las ramas de la química. Jamás presté excesiva atención a la rutina de los mismos y apenas sé algo de los procesos más comunes” 139.
Priest1y entró al servicio del conde de Sellburne en calidad de bibliotecario y colega literario. Se le asignó un salario generoso y una renta vitalicia con total libertad para hacer lo que quisiera. Permaneció en este puesto durante siete años, permaneciendo los veranos en la casa campestre del conde y los inviernos en Londres. Acompañó también al conde en sus viajes a París, Holanda, Bélgica y Alemania. El conde no encontraba oportuna la amistad de Priestly con Benjamín Franklin ya que este último estaba a favor de la Revolución Francesa que tenía lugar en esa época. Priestly decidió poner fin a la amistad con Franklin y poco tiempo después se trasladó a Birmingham. Su estancia en esta ciudad duró once años, y aunque terminó siendo una tragedia devastadora, fue quizás el periodo más feliz de su vida. Sus deberes como sacerdote se limitaban a las funciones del domingo, de forma que el resto de la semana gozaba de total libertad para trabajar en su laboratorio y escribir lo que quería.
Birmingham fue la ciudad donde Priest1y produjo su trabajo más importante e influyente, la "Historia de las Corrupciones del Cristianismo", una obra que desató las iras de la Iglesia establecida. En el libro no sólo negaba la validez de la doctrina de la Trinidad sino que afirmaba también la naturaleza humana de Jesús. Señaló cómo las narraciones bíblicas en las que se describe el nacimiento de Jesús divergían unas de otras. Priestly creía que Jesús era un hombre, formado como el resto de los hombres en todos los aspectos, sujeto a las mismas debilidades, la misma ignorancia, los mismos prejuicios y las mismas flaquezas. Sin embargo, Jesús había sido escogido por Dios para introducir en el mundo una renovación moral. Adiestrado en la naturaleza de su misión, fue al mismo tiempo dotado de poderes milagrosos. Jesús fue enviado para desvelar el conocimiento de la otra vida en la que los hombres serán recompensados según las acciones que hayan hecho en ésta, y no por el mero hecho de haber sido bautizados. Es evidente que estas ideas no fueron del agrado del Gobierno ni de la Iglesia oficial.
Priest1y no sólo afirmaba la naturaleza humana de Jesús, sino que negaba también la inmaculada concepción. Con ello establecía las bases de un pensamiento nuevo en el que el Unitarismo se convertía en un barco que surcaba sin timón un océano encrespado de olas. En el movimiento llamado Unitarismo Universalista faltaba una dirección definida.
La negación de la inmaculada concepción concepción confirmada por el Corán dio lugar a una amarga e innecesaria controversia que produjo más daño que beneficio a los que afirmaban la Unidad Divina. Un movimiento similar había prestado su contribución a la Revolución Francesa y a su Reinado del Terror. Estos sucesos ocurridos al otro lado del Canal habían desconcertado a muchas personas en Inglaterra. La Iglesia ortodoxa hizo todo lo posible para demostrar que las enseñanzas de Priest1y producirían la misma tragedia en Inglaterra. Pronto comenzaron a llegar a su puerta innumerables cartas llenas de insultos y amenazas y su efigie fue quemada en varias partes del país.
El 14 de julio de 1791, un grupo de personas celebraba el aniversario de la toma de la Bastilla en un hotel de Birmingham. Una muchedumbre, dirigida por las fuerzas de la justicia de la ciudad, se concentró a las puertas del hotel y, creyendo que Priest1y estaba presente en los actos, apedreó las ventanas del edificio. Pero el Dr. Priest1y no estaba allí. La turba se dirigió entonces a su casa que, según cuenta Priest1y en sus memorias, fue "saqueada y quemada sin compasión alguna".140 La biblioteca, el laboratorio y todos sus papeles y manuscritos fueron destruidos por el fuego. Avisado de antemano por un amigo, Priest1y logró apenas escapar con vida.
Al día siguiente fueron quemadas las casas de todos los Unitarios más importantes de Birmingham y, durante los dos días siguientes, la muchedumbre empezó a quemar las casas de personas que ni siquiera eran Unitarios declarados, pero que habían acogido y protegido a los que se habían quedado sin hogar. Durante estos días los habitantes de Birmingham eran presa del pánico. Se cerraron todas las tiendas y las personas gritaban y pintaban en las fachadas de sus casas "Iglesia y Rey" para escapar a las iras de la turba. Por fin, el ejército intervino y los agitadores desaparecieron.
Quedarse en Birmingham era ya demasiado peligroso para Priestly por lo que decidió viajar a Londres convenientemente disfrazado. Al describir sus experiencias en Birmingham, dice: "En vez de huir de la violencia anárquica me encontré huyendo de la justicia pública. Jamás he podido ser perseguido con mayor rencor”141. Priestly no podía andar con libertad por las calles de Londres por temor a ser reconocido y con ello, atacada y destruida la casa de su anfitrión. Pasado cierto tiempo alquiló una casa. El propietario de la misma temía no sólo por la casa que alquilaba sino incluso por la suya propia.
En 1794, Priestly se embarcó rumbo a América en compañía de Benjamín Franklin. Allí abrieron una de las primeras iglesias Unitarias en Filadelfia. Durante los años siguientes, la situación en Inglaterra comenzó a calmarse. En 1802, la antigua congregación de Priestly abrió una capilla y Bilsham, uno de los principales Unitarios, fue invitado a dar el sermón de apertura. Priestly prefirió quedarse en América, donde murió en el año 1804.
La principal contribución de Joseph Priestly al Unitarismo inglés fueron sus extensos argumentos, tanto históricos como filosóficos, en apoyo de la Unidad Divina. Estaban extraídos de las Escrituras y de los escritos de los primeros Padres cristianos, interpretados razonadamente y aplicados con rigor a los problemas políticos y religiosos de la época. Priestly escribió: "El absurdo propiciado por el poder jamás podrá defenderse contra los esfuerzos de la razón"142.
De todas las obras religiosas de Priestly, la más influyente de todas fue su "Historia de las Corrupciones del Cristianismo", libro escrito en dos volúmenes en el que intentaba demostrar que el verdadero Cristianismo, encarnado en las creencias de la Iglesia antigua, era Unitario y que todas las desviaciones de esta fe original eran corrupciones. El libro produjo las iras de los ortodoxos y fue el deleite de los liberales tanto en Inglaterra como en América. En Holanda fue quemado en público. He aquí parte del resumen hecho por el mismo Priestly:
"Si se examina el sistema del Cristianismo nos hace pensar que es propenso a la corrupción o al abuso. Un esbozo del mismo indica que el Padre Universal de la humanidad encargó a Jesús que invitara a los hombres a que practicaran la virtud, mediante la promesa de Su misericordia para con el penitente y Su propósito de llevar a la vida eterna y feliz a todas las personas buenas y virtuosas. Esta exposición no contiene indicio alguno que diera lugar a la especulación, al menos de una que provocara cierta animosidad. La doctrina es tan clara que nos hace pensar que tanto los dotados de conocimiento como los que no lo están, la verían con los mismos ojos. Y una persona que no estuviese familiarizada con la situación cuando se promulgó, buscaría en vano la posible fuente de abusos y corrupciones monstruosas que se introdujeron posteriormente en el sistema.
Sin embargo, tanto Jesús como sus apóstoles predijeron que con el tiempo se produciría un alejamiento de la verdad y que surgiría en la Iglesia algo diferente, e incluso contrario, a la doctrina enseñada por ellos.
No obstante, las causas de las corrupciones posteriores ya existían entonces y con el desarrollo natural del sistema de creencias, los abusos alcanzaron su mayor medida. Lo que sorprende aún más es que, de nuevo mediante la intervención de causas naturales, se puede ver cómo los abusos se corrigen de forma gradual y el Cristianismo recobra su belleza y gloria primitivas.
Las causas de las corrupciones estaban casi por completo contenidas en la opiniones establecidas del mundo pagano, especialmente en el aspecto filosófico del mismo; cuando los paganos se convertían al Cristianismo introducían sus antiguos dogmas y prejuicios. Del mismo modo, tanto los judíos como los paganos estaban tan escandalizados con la idea de ser discípulos de un hombre que había sido crucificado como un malhechor cualquiera, que los cristianos en general estaban más que dispuestos a aceptar cualquier idea u opinión que erradicara este malestar.
La opinión que defiende que las facultades mentales de un ser humano pertenecen a una substancia distinta de su cuerpo o cerebro, y que esta parte invisible y espiritual, el alma, es capaz de subsistir antes y después de su unión con el cuerpo tema enraizado profundamente en todas las escuelas de filosofía era una cuestión bien medida para cumplir este propósito. Puesto que, mediante esta visión de las cosas, los cristianos conseguían otorgar al alma de Cristo el rango que quisieran en la región celestial anterior a su nacimiento. Este es el principio que siguieron los gnósticos que obtenían su doctrina de la recién adquirida filosofía oriental. Más tarde, las especulaciones filosóficas de los cristianos los llevaron a un nuevo principio: la personificación de la sabiduría, Logos, del Dios el Padre que se equiparaba al mismísimo Dios Padre...
Los excesos cometidos por las instituciones cristianas, realmente monstruosos, surgieron de forma natural de la defensa de las virtudes purificadoras y santificadoras de los ritos y ceremonias, lo cual era precisamente ¡la base y fundamento de todas las prácticas de adoración paganas! Y que eran similares además a las arbitrariedades de la religión judía. Podemos ver también cómo los rudimentos de las prácticas ascéticas de los monjes están basados en las prácticas y las opiniones de los paganos que creían purificar y exaltar el alma mediante la mortificación del cuerpo.
En lo que respecta a los excesos cometidos por el gobierno de la Iglesia se pueden explicar como los cometidos por un gobierno civil: propiciados por personas con ambiciones mundanas siempre dispuestas a aprovecharse de cualquier oportunidad que aumente su poder. Desgraciadamente, en las épocas más oscuras concurrieron demasiadas circunstancias que permitieron al clero cristiano obtener determinadas ventajas a costa de la sociedad laica.
Visto en su conjunto, será evidente para el lector atento, que la corrupción del Cristianismo en cada una de las prácticas o artículos de fe, era consecuencia natural de las circunstancias en las que fue promulgado. Y también que la erradicación de esas corrupciones es la consecuencia natural de circunstancias totalmente diferentes.
Si queremos resumir el conjunto de la falsa postura cristiana, fijémonos en los siguientes puntos:
• El Concilio General otorgó al Hijo la misma naturaleza que al Padre.
• Se admitió al Espíritu Santo como parte de la Trinidad.
• Se otorgó a Cristo un alma humana que estaba en conjunción con el Logos.
• Clarificó la unión hipotética de las naturalezas humana y divina de Cristo.
• Afirmó, que en virtud de esta unión, las dos naturalezas constituían una sola persona.
Para retener estas distinciones hace falta contar con una memoria considerable, dado que se trata de meras palabras en el que las ideas no juegan papel alguno"143.
Priestly escribió otro libro titulado "La Historia de Jesucristo", parte del cual citamos a continuación:
"Cuando investigamos la doctrina contenida en un libro sobre un tema determinado, y se citan algunos pasajes como prueba de ciertas opiniones debemos considerar principalmente cuál es el tono general de la obra con respecto a dicha doctrina o qué impresión produciría una primera lectura en un lector imparcial...
Si nos fijamos en la narración de la creación tal y como es relatada por Moisés, descubriremos que siempre menciona a un solo Dios, Creador de los cielos v la tierra que Dobló a ésta con plantas y animales y que por último hizo al hombre. El género plural se utiliza cuando Dios dice (Génesis 1: 26): "Hagamos al ser humano". Comprobar que se trata de mera fraseología es un hecho evidente puesto que poco después se dice en singular (Génesis 1: 27): "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya", de forma que el Creador era todavía un Ser Único. De igual manera, en la narración de la Torre de Babel, (Génesis 11: 7) Dios dice (utilizando el plural): "Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje", para encontrar en el versículo siguiente que fue un Ser único el que llevó a cabo la acción.
En todas las relaciones entre Dios y Adán, Noé y los demás patriarcas, jamás se hace mención de más de un Ser único. El nombre con el que se conoce es a veces "Yahvé", otras "el Dios de Abraham", etc., pero de lo que no hay duda es de que se trata del mismo Ser mencionado anteriormente con el título genérico de Dios, el Creador de los cielos y la tierra.
En las Escrituras se menciona con frecuencia a los "ángeles"; a veces hablan en nombre de Dios pero siempre son descritos como las criaturas y los siervos de Dios... En ninguna circunstancia pueden ser estos ángeles considerados "Dioses", rivales del Ser Supremo o de Su mismo rango.
Las declaraciones expresas respecto a la Unidad de Dios, y la importancia de creer en ello, son frecuentes en el Antiguo Testamento. El primer mandamiento es (Éxodo 20: 3): "No habrá para ti otros dioses delante de Mí". Esta declaración se repite de manera insistente en (Deuteronomio 6: 4): "Escucha Israel: Yahvé, nuestro Dios, es el único Yahvé". Lamento no poder repetir lo que ocurre con respecto a este tema con los profetas posteriores, pero lo que se trasluce, en realidad, es que el gran objetivo de la religión de los judíos, y lo que les distinguía de las restantes naciones por la superior presencia y supervisión de Dios, era el de preservar entre ellos el conocimiento de la Unidad Divina en una época en la que el resto del mundo era idólatra. Y fue gracias a esta nación, y a la disciplina a la que fue sometida, que esta gran doctrina se preservó entre los seres humanos y aún continúa hasta nuestros días.
De haber existido alguna distinción de personas en la Naturaleza Divina, tal y como preconiza la doctrina de la Trinidad, hubiera sido considerado una violación de la doctrina fundamental de la religión judía. Si el Padre Eterno hubiese tenido un Hijo, y también un espíritu, iguales cada uno de ellos en gloria y poderes al mismo Dios, aunque tendría que haber un cierto sentido por el que cada uno fuera un auténtico Dios , seguimos teniendo que, si hablamos con propiedad, había un Dios único. No obstante, la conclusión más lógica es que, si cada una de las tres personas es realmente Dios, puestas las tres juntas dan tres Dioses. Pero como el Antiguo Testamento no menciona nada al respecto, es evidente que esta idea no tenía lugar. En aquélla época no hay expresión, ni mención alguna, que dé lugar a esta difícil cuestión.
Si nos guiamos por el sentido con el que los judíos comprendían sus libros sagrados, concluiremos que éstos textos no contenían la doctrina de la Trinidad cristiana, puesto que no hubo judío alguno, ni en los tiempos antiguos ni en los más recientes, que expusiera tal doctrina. Los judíos han interpretado siempre sus Escrituras en el sentido de que Dios es Uno, sin ningún tipo de distinción de personas; y fue este Ser el que creó el mundo y habló a los patriarcas y a los Profetas sin ningún tipo de mediación por parte de otros seres que no fueran los ángeles.
Los cristianos han imaginado que el Mesías era la segunda persona de la Trinidad divina. Pero los mismos judíos, que tenían grandes expectativas con respecto al Mesías, jamás supusieron tal cosa. Y si consideramos las profecías que hablan de este gran personaje, no se desprende de ellas que éste fuera otro ser que un hombre. El Mesías fue anunciado a nuestros primeros padres como procedente de la "semilla de la mujer" (Génesis 3: 15).
Dios prometió a Abraham (Génesis 12: 3), que "Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra". Si se relaciona ésto con el Mesías, nos da a pensar que uno de los de su semilla, o de su posteridad, iba a ser el medio de conferir grandes bendiciones a la humanidad. ¿Qué puede sino deducirse de la descripción que da Moisés del Mesías cuando dijo (Deuteronomio 18: 18): "Yo levantaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a ti, pondré palabras en su boca y él les dirá todo lo que Yo les mande?" No aparece aquí ninguna segunda persona de la Trinidad, una persona igual al Padre, sino que se trata de un mero Profeta que, en nombre de Dios, hace lo que se le ha ordenado.
Cuando se habla de Dios en el Nuevo Testamento encontramos la misma doctrina que en el Antiguo.
Al escriba que preguntó cuál era el primero y más grande de los mandamientos, nuestro Salvador contestó (Marcos 12: 28 29): "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: 'El primero es: Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Y el escriba, al oír la respuesta dijo: "Muy bien Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él".
Cristo rezó a este Dios único como Dios y Padre. Repitió una y otra vez que había recibido de Él su doctrina y su poder y que él (Jesús) carecía de poder alguno (Juan 5: 19): "Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: 'En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta' (Juan 14: 10): "Las palabras que os digo no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras" (Juan 20: 17): "Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". Es evidente que no es Dios el que utiliza este lenguaje.
Los apóstoles, hasta el fin del periodo que abarcan sus escritos, utilizan el mismo lenguaje: el Padre es representado como el único Dios verdadero y Cristo aparece como un hombre, el siervo del Dios que lo resucitó de entre los muertos y le dio el poder del que disponía como recompensa a su obediencia. (Hechos 2: 22) Pedro dice. "Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio...etc... Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades...”. Pablo dice también (I Timoteo 2: 5): "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también ...”.
Priestly continúa diciendo:
"En el curso de esta historia se verá que el pueblo llano, para cuyo uso se escribieron los libros del Nuevo Testamento, jamás vio en ellos doctrinas que hablasen de la preexistencia o la divinidad de Cristo, doctrinas que muchas personas de nuestros días están seguras de ver en esos textos... Y si fuera verdad, ¿por qué no se ha enseñado la doctrina de la Trinidad de forma tan explícita y definitiva en el Nuevo Testamento como lo es la doctrina de la Unidad Divina tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento? ¿Y por qué la doctrina de la Unidad se expone de manera tan descuidada, sin mención explícita en contra de la Trinidad y sin con ello prevenir cualquier posible error, tal y como se hace ahora en nuestro catecismo ortodoxo, en los credos y discursos sobre el tema?... Los teólogos parecen satisfechos de construir la extraña e inexplicable doctrina de la Trinidad sobre deducciones extraídas a partir de expresiones fortuitas... y lo que resulta evidente es que no pueden remitirse a una fuente clara, manifiesta e inequívoca.
Hay muchos, muchísimos pasajes en las Escrituras que inculcan la doctrina de la Unidad Divina de manera clara y definitiva. ¿Dónde hay un pasaje similar a favor de la Trinidad? ¿Y por qué debemos creer en cosas misteriosas que carecen de una evidencia manifiesta?
Existe otra consideración que debe recomendarse a los que defienden la postura de que Cristo es Dios o el creador del mundo con un rango inferior a Dios. Se trata de lo siguiente: La manera como nuestro señor (Jesús) hablaba de sí mismo y realizaba milagros, no se corresponde con la idea de que poseyera poderes propios y superiores a los de otro ser humano.
Si Cristo fuese el creador del mundo, no habría hablado de sí mismo como incapaz de hacer cosa alguna, no habría dicho que las palabras que pronunciaba ni siquiera eran suyas y que era el Padre en su interior el que realizaba las acciones. Puesto que en el caso de cualquier otra persona que aplicara este lenguaje a sí mismo diciendo que no era él el que hablaba o actuaba era Dios el que lo hacía a través de él y que de no ser así era incapaz de hablar o actuar totalmente, nosotros no dudaríamos de calificar esta declaración como falsa o incluso blasfema...
Otra corrupción de la lengua sería suponer que cuando Cristo dice que su Padre era más grande que él se refiere, en secreto, a su naturaleza humana solamente, mientras que su naturaleza divina era igual a la del Padre. En los Evangelios de Mateo, Marcos o Lucas no hay traza alguna que indique la naturaleza divina, o incluso supra angélica de Cristo; y si se concede que en la introducción al Evangelio de Juan existe una cierta tendencia al respecto, no deja de ser importante constatar que en este mismo Evangelio hay numerosos pasajes que manifiestan claramente su sencilla humanidad.
Es imposible suponer que cuando estos evangelistas pensaban sobre los judíos y gentiles, para cuyo uso escribieron los Evangelios, no tuviesen en cuenta la necesidad de informarles acerca de un tema de tanta trascendencia; tema que distaba mucho de la comprensión de ambos grupos y que al mismo tiempo habría dispensado con el reproche de la cruz, asunto éste que tan abyecto resultaba a los cristianos de la época. Si fueran ciertas las doctrinas de la divinidad y la preexistencia de Cristo, no cabe la menor duda de que se trata de cuestiones sumamente importantes. Pero como estos evangelistas no las mencionan con claridad, ni dicen nada sobre su importancia, podemos deducir con toda seguridad que estas doctrinas les eran absolutamente desconocidas.
Otra de las preguntas que debemos hacernos es por qué los apóstoles seguían llamando hombre a Cristo, como siempre hacen, tanto en el libro de los Hechos como en las Epístolas, después de haber descubierto que era Dios o un ser supra angélico, el creador del mundo bajo Dios. Sabido ésto, tenía que ser sumamente degradante, antinatural e incorrecto, a pesar de su apariencia de forma humana...
Pongámonos de momento en el lugar de los apóstoles y los primeros discípulos de Cristo. Es evidente que al principio lo vieron y conversaron con él suponiendo que era un hombre como ellos. No hay duda al respecto. Su sorpresa, en consecuencia, al ser informados de que no era un hombre sino en realidad Dios, o incluso el creador del mundo bajo Dios, sería la misma que si nosotros descubriéramos que una de nuestras amistades era en realidad Dios o el creador del mundo. Pensemos por un momento cómo nos sentiríamos, cómo actuaríamos con respecto a esta persona o cómo hablaríamos de ella tiempo después. Estoy seguro de que nadie calificaría a esa persona de hombre una vez convencido de que era Dios o un ángel. Siempre se hablaría de ella de manera acorde con su rango.
Supongamos que dos de nuestras amistades resultaran ser, tras un estudio concienzudo, los ángeles Miguel y Gabriel; ¿los seguiríamos llamando hombres? Por supuesto que no. Cada vez que habláramos con nuestros amigos diríamos: "Esas dos personas que creíamos eran seres humanos son en realidad ángeles disfrazados". Esta sería la forma más natural de hablar sobre el tema. Así pues, si antes de venir a este mundo Cristo hubiera sido algo más que un ser humano, y más aún si hubiera sido Dios o el creador del mundo, jamás se le habría tomado por un hombre; puesto que sería imposible para él renunciar a su naturaleza auténtica y superior. Por muy disfrazado que estuviera siempre habría sido lo que antes era, y habría sido tratado en consecuencia por todos aquellos que lo conocían de verdad...
Toda persona que estudia con atención la fraseología del Nuevo Testamento debe ser consciente de que los términos "Cristo" y "Dios" se utilizan constantemente en contradicción el uno con el otro, de la misma manera que entre "Dios" y "hombre". Y si reflexionamos sobre el uso natural de las palabras, no podemos dejar de pensar que no sería este el caso si Cristo hubiera sido Dios.
Decimos "el príncipe y el rey" porque el príncipe no es rey. De haberlo sido, tendríamos que recurrir a otro tipo de distinción, tal como "el mayor y el menor", "padre e hijo", etc. Así pues cuando el apóstol Pablo dijo que la Iglesia de Corinto era la Iglesia de Cristo, y que Cristo era de Dios, forma ésta que aparece una y otra vez en el Nuevo Testamento, es evidente que no albergaba la menor pretensión de que Cristo fuera Dios, en el sentido propio de la palabra.
De la misma manera, cuando Clemens Romanus habla de Cristo como "el cetro de la Majestad de Dios", demuestra que el cetro era una cosa y Dios, poseedor de dicho cetro, era otra. Esta, afirmo, debía ser la situación cuando comenzó a utilizarse este lenguaje por primera vez.
Una vez demostrado que el tono general de las Escrituras, y las consideraciones que se deducen de éstas, no apoyan a la doctrina de la Trinidad, a las de la divinidad y la preexistencia de Cristo, surge otra consideración que parece demostrar que estas doctrinas no se conocían en tiempo de los apóstoles ni tampoco formaban parte de las Escrituras. Incluso el hecho de que Jesús fuera el Mesías fue divulgado con sumo cuidado, tanto a los apóstoles como al grupo principal de los judíos. Durante mucho tiempo nuestro Señor (Jesús) no dijo nada explícito al respecto sino que dejó a sus discípulos, al igual que a los judíos, que juzgaran por lo que veían. Esta es la manera en la que respondió a los mensajeros que envió Juan el Bautista.
Si el Sumo Sacerdote se horrorizó, desgarrando sus vestiduras, cuando Jesús admitió ser el Mesías, ¿qué habría hecho en el caso de oír o sospechar que Jesús tenía pretensiones aún más elevadas? Si Jesús hubiera manifestado estas pretensiones seguro que habrían transcendido. Cuando la gente veía sus milagros, lo único que se preguntaban era por qué había dado Dios tales poderes a ese hombre (Mateo 9: 8): "Y al ver ésto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres".
Cuando Herodes oyó hablar de Jesús se conjeturaba que se trataba de Elías, de un Profeta o incluso de Juan, que había resucitado de entre los muertos. Lo que ninguno imaginaba es que se tratase del mismísimo Dios o del creador del mundo bajo Dios. No había persona alguna que se atreviera a sugerir que Jesús hacía aquellas hazañas portentosas mediante sus propios poderes.
Si la doctrina de la divinidad de Cristo hubiese sido predicada por los apóstoles, habiendo sido aceptada por los judíos conversos, seguro que también habría sido conocida por los judíos no creyentes. ¿Y acaso no es más que posible que éstos, tan celosos entonces como también ahora, de la doctrina de la Unidad Divina, hubiesen dado la voz de alarma y denunciado este aspecto del Cristianismo que predicaba la creencia en varios dioses en plena era apostólica?
Y sin embargo no hay rastro alguno de esta naturaleza que pueda encontrarse en la historia de los libros de los Hechos o en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. En los escritos de los primeros Padres cristianos, lo relacionado con la creencia en varios dioses es un tema de suma importancia. ¿Por qué entonces no existe nada al respecto en la época de los apóstoles? La única respuesta posible es que no era necesario puesto que la doctrina de la divinidad de Cristo no había sido mencionada jamás.
¿De qué trató la acusación contra Esteban (Hechos 6: 13) sino de haber dicho palabras blasfemas en contra del Templo y de la Ley? Si acompañamos al apóstol Pablo en sus viajes y oímos los discursos que dirigía a los judíos en las sinagogas y la persecución continua y empedernida a la que éstos lo sometían, jamás encontraremos traza alguna que indique que los judíos sospecharan que Pablo predicaba la existencia de una nueva divinidad, sospecha que sería suscitada por la pretendida divinidad de Cristo.
¿Es acaso posible prestar atención a estas consideraciones sin reconocer al mismo tiempo que los apóstoles jamás recibieron la enseñanza de doctrinas como la divinidad o la preexistencia de Cristo? De haber sido así, y dado que las doctrinas eran novedosas y por supuesto extraordinarias, seguro que tendríamos ahora indicios claros de cuándo habían sido enseñadas. Si los apóstoles hubieran recibido estas doctrinas con una fe firme, las habrían enseñado a otros que probablemente no las habrían admitido de tan buena gana. Habrían tenido que disipar las dudas de unos y las objeciones de otros. Y sin embargo, en toda la historia y en la gran cantidad de escritos, no hay constancia alguna de su propia sorpresa, ni de las dudas, objeciones o sorpresas de los demás.
En lo que respecta a la oración, debemos reconocer que el destinatario primordial de la misma es Dios el Padre, a Quien se le llama la primera persona de la Trinidad. Ciertamente; en las Escrituras no encontramos precepto ni ejemplo alguno que autorice dirigirnos a otra persona. Las posibles alegaciones que puedan presentarse al respecto, como la corta invocación de Esteban tras haber visto a Cristo en una visión, es realmente insignificante. El mismo Jesús rezaba al Padre con tanta humildad y sometimiento como pudiera hacerlo el ser más dependiente de todo el universo; siempre se dirigía a Él como a su Padre, o al Creador de su ser; y Jesús enseñó a sus discípulos a rezar a este mismo Ser, el Uno, dijo, al que debemos servir.
La práctica de rezar solamente al Padre era inmemorial en la Iglesia cristiana. Las cortas invocaciones dirigidas a Cristo, como las de la letanía que dice: "Señor ten misericordia de nosotros, Cristo, ten misericordia de nosotros" son, comparativamente hablando, de fecha más reciente. En la liturgia Clementina, la más antigua de las que existen contenida en las Constituciones Apostólicas compuestas probablemente en el siglo IV no hay el menor indicio de dicha práctica. Orígenes, en un extenso tratado sobre la oración, insta con urgencia a rezar sólo al Padre y no a Cristo. Y como al mismo tiempo no parece indicar que las formas públicas de la oración tuviesen algo digno de reproche, ello nos lleva a la conclusión de que, en su época, las invocaciones dirigidas a Cristo eran desconocidas en las reuniones públicas de los cristianos.
Fijémonos ahora en ciertos aspectos de la historia de los apóstoles. Cuando Herodes condenó a muerte a Santiago, hermano de Juan, y encarceló a Pedro, leemos (Hechos 12: 5) que "La Iglesia oraba insistentemente por él a Dios", no a Cristo. Cuando Pablo y Silas estaban en prisión en Philippi, leemos (Hechos 16: 25) que "estaban en oración cantando himnos a Dios", no a Cristo. Y cuando Pablo fue advertido de lo que le ocurriría si iba a Jerusalén, (Hechos 21: 14), dijo: "Hágase la voluntad del Señor". Suponemos que era la voluntad de Dios Padre, ya que Jesús utilizaba la misma expresión; cuando rezaba al Padre, Jesús decía (Lucas, 22: 42): "No se haga mi voluntad sino la Tuya...
Hemos mostrado aquí que en las Escrituras no existe la doctrina de la Trinidad. Esta doctrina, como ya ha sido de sobra demostrado, resulta imposible de aceptar por las personas dotadas de sentido común, puesto que contiene una serie de contradicciones que anulan la posibilidad de su existencia.
La doctrina Atanasia de la Trinidad afirma que ni al Padre, ni al Hijo ni al Espíritu Santo les falta nada que les impida ser un Dios auténtico, ya que todos son iguales en eternidad y perfecciones divinas; y sin embargo, no son tres Dioses, sino un sólo Dios. Así que son uno y muchos al mismo tiempo cada uno de ellos un Dios perfecto.
Esto es una contradicción tan enorme como decir que Pedro, Santiago y Juan, dotados cada uno de ellos de los atributos necesarios para ser un hombre completo, si se ponen juntos no son tres hombres sino uno solo. Puesto que las ideas que se adjuntan a las palabras "Dios" u "hombre" no pueden crear diferencias en la naturaleza de ambas proposiciones.
Después del Concilio de Nicea hubo situaciones en las que se intentaba explicar de esta manera la doctrina de la Trinidad. Los Padres de aquélla época, especialmente sensibles a la hora de preservar la igualdad absoluta de la tres personas, perdieron la visión de su unidad. Así que no importa cómo se explique esta doctrina: la igualdad o la unidad siempre salen perdiendo Y como la gente puede confundirse con el uso de términos tales como "persona" o "ser", deben definirse con claridad.
El término "ser" se aplica a toda cosa y en consecuencia, a cada una de las tres personas de la Trinidad. Decir que Cristo, por ejemplo, es Dios pero que no hay un ser, una substancia a la que puedan referirse Sus atributos, es totalmente absurdo. Así pues, cuando se dice que cada una de las tres personas es un Dios por separado, el significado contenido en la frase debe ser que el Padre, considerado individualmente, tiene un ser; que el Hijo, como individuo, tiene un ser y que lo mismo ocurre con el Espíritu Santo. Tenemos pues tres seres, al mismo tiempo que tres personas, y ¿qué pueden ser estos tres sino tres Dioses, sin suponer siquiera que hay "tres personas coordinadas, o tres Padres, tres Hijos o tres espíritus Santos"?
Si este misterioso poder de engendración es característico del Padre, ¿por qué ha dejado de operar? ¿Acaso no es un Ser inmutable, lo mismo ahora que al principio, con las mismas perfecciones y el mismo poder? ¿Por qué entonces no hay más hijos? ¿Ha perdido el poder de engendramiento, tal y como solían cuestionar los Padres ortodoxos, o es que depende de Su deseo y placer el ejercer o no este poder? Y si es este el caso ¿no tenemos entonces que el Hijo es como cualquier otro ser creado, dependiente de la voluntad del Creador, igual que todo lo que Él ha creado, aunque sea de otra manera? ¿Y se aplica ésto o no al caso de tener la misma substancia que Él?
Debemos preguntarnos también cómo fue producida la tercera persona de la Trinidad. ¿Se debió al esfuerzo conjunto de las dos primeras al contemplar sus respectivas perfecciones? Y si fue así, ¿por qué el mismo proceso no ha producido una cuarta, quinta o más personas?
Admitamos de momento esta extraña exposición de la generación de la Trinidad que postula que la existencia personal del Hijo surge del esfuerzo consciente en el intelecto del Padre... Esto implica necesariamente una prioridad real, una supremacía por parte del Padre con respecto al Hijo; y un ser que tiene a otro por encima no puede considerarse como Dios. En resumen: esta exposición acaba con la doctrina de la igualdad, y también con la de la unidad de las tres personas de la Trinidad.
La objeción más importante contra la doctrina de la Trinidad es que constituye una infracción de la doctrina de la Unidad de Dios, objeto único de la adoración, y lo primero establecido por la Revelación Divina. En consecuencia, cualquier modificación de esta doctrina original debe ser analizada con suma sospecha puesto que crea una multiplicidad de objetos de adoración y con ello, la introducción de la idolatría"144.
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El movimiento Unitario que se daba en Inglaterra tuvo un profundo efecto sobre América, país en el que comenzó como un vástago del Calvinismo; no obstante, en el siglo XVII, las diferentes entidades fundadoras comenzaron a cambiar gradualmente hacia otras denominaciones religiosas sin poner tanto énfasis en los dogmas. Con ello se abrió camino hacia un cambio teológico:
Charles Chauncy (1705 1757), de Boston, confirió un impulso y dirección definitivos al establecimiento de la creencia en la Unidad Divina. Bajo la dirección de James Freeman (1759 1835), la congregación de la King's Chapel de Boston, hizo una purga en la liturgia anglicana de todas las referencias existentes a la doctrina de la Trinidad. Esto ocurrió en el año 1785. Así fue como apareció la primera Iglesia Unitaria del Nuevo Mundo. Las doctrinas de Priest1y fueron publicadas y distribuidas gratuitamente, siendo aceptadas por la mayoría de los habitantes de la ciudad de Boston. De esta manera el Unitarismo acabó siendo aceptado por todos los pastores de Boston excepto por uno.
En otras palabras: la intolerancia religiosa característica de la actitud de las diversas Iglesias Trinitarias establecidas en Europa ya fueran Católicas o Protestantes no se exportó enteramente al Nuevo Mundo. A pesar de que los ejércitos católicos romanos masacraron grandes cantidades de indígenas de la Indias Occidentales y Sudamérica siempre en nombre de Jesucristo y a pesar también de que los Protestantes hicieron lo mismo con los indígenas del Norte de América también en el nombre de Jesucristo , había sin embargo espacio suficiente y tolerancia humana también suficiente para permitir el crecimiento del Unitarismo en el Nuevo Mundo.
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William Ellery Channing (1780 1842)
William Channing nació en el año 1780, a la edad de veintitrés años llegó a la ciudad de Boston donde inició una labor pastoral que iba a tener gran influencia sobre el pensamiento Unitario. Channing jamás había aceptado la doctrina de la Trinidad pero todavía seguía siendo poco aconsejable denunciarla abiertamente. A pesar de todo fue acusado, junto con otros pastores Unitarios, de propagar secretamente ideas en contra de la doctrina de la Trinidad. Channing respondió a la acusación diciendo que ellos no ocultaban sus opiniones sobre la doctrina de la Trinidad, sino que las predicaban como si esta doctrina no fuera conocida. Channing dijo que habían escogido esta forma de hacer las cosas a fin de no dividir a los cristianos. En ese periodo el movimiento Unitario aún no se había manifestado abiertamente al público.
En 1819, Channing pronunció un discurso en la ceremonia de ordenación del Reverendo Jared Sparks. Haciendo uso de su inimitable forma de expresarse, expuso los rasgos más característicos de la creencia Unitaria. Afirmó que el Nuevo Testamento estaba basado en el Antiguo Testamento, y que la enseñanza que había sido trasmitida a los cristianos era la continuación de la transmitida a los judíos. Era la culminación de un vasto esquema diseñado por la Providencia que requería una amplia perspectiva para ser comprendido.
(Es evidente que Channing no tuvo acceso a una traducción fiable del Corán, donde no sólo se confirma el vínculo entre la continuidad de la enseñanzas de Jesús y Moisés, sino que también se confirma que las enseñanzas de Muhammad a quien Allah bendiga y conceda paz, son también continuación de las anteriores y el culmen de la tradición Profética dentro de este "vasto esquema de la Providencia").
Si recordamos lo dicho anteriormente, dijo Channing, la creencia en Dios jamás contradice en ningún lugar de las Escrituras lo que se dice en otro, de igual manera que lo que Él enseña mediante Sus acciones y providencia tampoco contradice lo que aparece en la Revelación. En consecuencia, debemos desconfiar de toda interpretación que, tras un cuidadoso examen, parezca estar en contradicción con alguna de las verdades establecidas. Channing insistía en que el ser humano debe hacer uso del sentido común:
“Dios nos ha dado una naturaleza racional y nos pedirá cuentas por ello. Podemos dejarla dormida pero esto es a nuestra entera responsabilidad. La Revelación desciende sobre nosotros en cuanto seres racionales. A partir de nuestra indolencia podríamos haber deseado que Dios nos diera un sistema que no exigiese el trabajo de comparación, delimitación y deducción. Pero un sistema de estas características estaría en discrepancia con el carácter de nuestra existencia presente. Parte de la sabiduría es tomar la revelación tal y como nos llega e interpretarla con la ayuda de nuestras facultades, cuya existencia se supone y sobre las que se fundamenta".
Channing continúa diciendo que:
"Si Dios es infinitamente sabio, no puede jugar con la comprensión de Sus criaturas. Un maestro inteligente muestra su saber cuando se adapta a las capacidades de sus discípulos y no intenta dejarles perplejos con lo que no entienden ni busca desconcertarles con contradicciones aparentes... No es propio de sabios utilizar una fraseología incomprensible que está por encima de las capacidades de los demás para así confundir y desconcertar el intelecto... La revelación es un regalo luminoso. Jamás podrá aumentar nuestra oscuridad ni multiplicar nuestra perplejidad".
Siguiendo estos principios, Channing dijo:
"En primer lugar, creemos en la doctrina de la Unidad de Dios, es decir, en la existencia de un Dios Único y en solo Uno. Esta es una verdad a la que damos enorme importancia y que debemos tener siempre presente, no vaya a ser que alguien intente desviarnos con sus vanas filosofías. La premisa de que hay un Dios único nos parece clara y manifiesta. Entendemos con ello que hay un Ser único. Una Mente, Una Persona, Un Agente Inteligente y Uno solo a Quien pertenecen la perfección y el dominio absolutos. Nosotros pensamos que estas palabras son las más idóneas para transmitir estos significados a la gente sencilla e iletrada que fue designada para ser los depositarios de esta gran verdad; gente que al mismo tiempo era totalmente incapaz de comprender esas sutiles distinciones entre el ser y la persona, distinciones que habían descubierto la sagacidad de tiempos posteriores. Para nosotros, la Unidad de Dios es similar a la unidad de los demás seres inteligentes.
Tenemos objeciones en contra de la doctrina de la Trinidad puesto que mientras con las palabras reconoce la Unidad de Dios, el efecto que produce es justo lo contrario. Según esta doctrina, existen tres personas iguales e infinitas, poseedoras de la divinidad suprema y que se llaman Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los teólogos afirman que cada una de estas personas tiene su propia conciencia, voluntad y percepción. Se aman y conversan entre sí y gozan de la mutua compañía. Cada una de ellas juega un papel determinado en la redención del ser humano y no interfieren en sus funciones. El Hijo es mediador, el Padre no lo es. El Padre envía al Hijo, pero Él no es enviado. El Padre no es consciente, como sí lo es el Hijo, de la encarnación. Así pues, tenemos tres agentes inteligentes, poseedores de conciencias diferentes, voluntades diferentes y percepciones también diferentes; realizan actos diferentes y mantienen relaciones diferentes. Si estas cosas no implican y constituyen tres mentes o seres diferenciados no encontraremos totalmente desconcertados con respecto a saber cómo se forman tres mentes o tres seres.
Las diferencias de propiedades, acciones y consciencia es lo que nos permite creer en seres inteligentes diferentes. Si nos falla esta facultad de distinción, fallará la totalidad de nuestro conocimiento. No tenemos pruebas de que todos los agentes y personas del universo sean una única mente. Cuando tratamos de pensar sobre tres Dioses, no podemos más que imaginar tres agentes que se distinguen entre sí por los mismos rasgos y peculiaridades que los que separan a las tres personas de la Trinidad. Y cuando el más común de los cristianos oye decir que estas personas conversan y se aman entre sí y realizan acciones diferentes ¿cómo podrá evitar pensar que se trata de seres diferentes, de mentes diferentes?
No nos queda mas remedio pues que protestar con toda seriedad, pero sin reproche, contra nuestros hermanos, contra la irracional y anti escritural doctrina de la Trinidad. "Para nosotros" igual que para los apóstoles y primeros cristianos, "no hay más que un único Dios". Mediante Jesús adoramos al Padre en cuanto Dios único, Viviente y Verdadero. No deja de asombrarnos el poder constatar que haya personas que lean el Nuevo Testamento y al mismo tiempo pretendan obviar que sólo el Padre es Dios.
¿Acaso no oímos que a nuestro Salvador se le distingue constantemente de Jesús mediante las frases: "Dios envió a Su Hijo", "Dios ungió a Jesús"? Ahora bien, ¿no sería inexplicable que esta fraseología, presente en todo el Nuevo Testamento, se aplicara por igual a Jesús y que el objetivo principal de este libro fuera mostrarle como un Dios que comparte con el Padre la divinidad suprema? Retamos a nuestros adversarios a que presenten un pasaje del Nuevo Testamento en el que la palabra Dios signifique tres personas, sin que esté limitada a una sola, y donde no se esté hablando del Padre. ¿Puede darse mayor prueba de que la doctrina de las tres personas en una sola Divinidad no es una doctrina fundamental del Cristianismo?
Si fuera cierta esta doctrina, dada su dificultad, singularidad e importancia, habría sido expuesta con gran claridad, protegida con sumo cuidado y predicada con la precisión más absoluta. ¿Pero dónde aparece tal cosa? De los muchos pasajes que hablan de Dios, pedimos uno, sólo uno, en el que se nos diga que Dios es un ser triple, o que Él es tres personas, o que Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Antes al contrario: en el Nuevo Testamento, lugar donde podríamos esperar encontrar declaraciones expresas de esta naturaleza, a Dios se le proclama Uno, sin que haya el más mínimo intento de evitar la aceptación de estas palabras en el sentido más ordinario. Y siempre que se habla y se dirige a Él en el número singular, es decir, con el lenguaje universalmente aceptado aplicable a una sola persona a la que no pueden añadirse otras ideas a no ser mediante advertencias expresas. Hasta tal punto omiten las Escrituras pronunciarse sobre la Trinidad, que cuando nuestros adversarios quieren incorporarla a sus credos y doxologías, se ven obligados a abandonar la Biblia e inventar composiciones de palabras que carecen del refrendo fraseológico de las Escrituras. Que una doctrina considerada tan fundamental y tan necesitada de una explicación cuidadosa, que impida que se malinterprete, carezca al tiempo de la definición necesaria para su conocimiento, nos parece que no tiene justificación.
Pero tenemos aún otra dificultad. El Cristianismo, debe recordarse, se plantó y creció entre enemigos sumamente astutos que no estaban dispuestos a pasar por alto parte alguna del sistema y que sin duda habrían prestado gran atención a una doctrina que contenía contradicciones tan manifiestas como la de la Trinidad. Es difícil pensar en otra idea contra la que los judíos, tan orgullosos de su defensa de la Unidad Divina, pudieran alzar un clamor parecido. ¿Cómo es posible pues, que en los escritos apostólicos, en los que tanto se habla de las objeciones y las controversias surgidas con el Cristianismo, no se diga una sola palabra en defensa, aclaración o explicación de esta doctrina? Este argumento tiene casi la validez de una demostración. Nosotros estamos convencidos de que si las tres personas divinas hubiesen sido anunciadas por los primeros predicadores del Cristianismo con sus características de igualdad, infinitud, y siendo una de ellas el Jesús que había muerto en la cruz, esta peculiaridad del Cristianismo habría predominado sobre las demás, y el gran trabajo de los apóstoles habría consistido en rechazar los continuos ataques producidos por esta doctrina. Pero la realidad es que en lo que concierne a este tema no hay ni el más mínimo murmullo que llegue a nuestros oídos desde esa época apostólica. En las Epístolas no hay el menor rastro de controversia producida por la Trinidad.
Pero aún tenemos más objeciones contra esta doctrina que proceden de su influencia práctica. Creemos que no favorece la devoción puesto que divide y distrae la mente de su comunión con Dios. Una de las grandes excelencias de la doctrina que preconiza la Unidad de Dios, es que nos ofrece un Único objeto de honra suprema de adoración y de amor; un Padre Infinito, un Ser de seres, un Origen y una Fuente a la que referir todo bien, en Quien todos nuestros poderes y afectos pueden ser concentrados y Cuya naturaleza amable y venerable impregna todos nuestros pensamientos. La verdadera piedad, cuando está concentrada en una Deidad indivisible, tiene una castidad y una unicidad que propicia en grado sumo el respeto y el amor religioso.
La Trinidad, sin embargo, pone ante nosotros a tres objetos diferentes de adoración suprema; tres personas infinitas que tienen los mismos derechos en nuestros corazones; tres agentes divinos con responsabilidades diferentes que deben ser reconocidos y adorados de maneras también diferentes. ¿Es acaso posible, nos preguntamos, para la débil y limitada mente humana, relacionarse con estas tres personas con el mismo poder y gozo que cuando se dirige a Un Padre Infinito, la única Causa Primera, en Quien coinciden, como centro y origen, todas las bendiciones de la naturaleza y la redención?, ¿acaso no son un elemento de distracción las pretensiones idénticas y rivales de tres personas iguales? ¿Y acaso la adoración del cristiano escrupuloso y coherente no estaría coaccionada con la preocupación de dar a cada una de las personas el homenaje que le es debido?
Otra de las razones por las que creemos que la doctrina de la Trinidad perjudica la devoción, no sólo porque añade al Padre otros objetos de adoración, es porque priva al Padre de la afección suprema, que es Su derecho, afección que acaba siendo transferida al Hijo. Este argumento es de suma importancia. El hecho de que Jesucristo, si es exaltado a la Divinidad infinita, llegue a ser más interesante que el Padre, es precisamente lo que debería esperarse de la historia y de los principios de la naturaleza humana. Los seres humanos quieren tener un objeto de adoración que sea como ellos, y el gran secreto de la idolatría reside en esta tendencia. Un Dios revestido de nuestra forma y que experimenta nuestros mismos deseos y tristezas, habla mejor a nuestra débil naturaleza que un Padre que reside en los cielos, un espíritu puro, invisible e inalcanzable excepto por las mentes honestas.
Hay que tener en cuenta también que las funciones particulares de Jesús, según son descritas por la teología popular, lo convierten en la persona más atractiva de la Divinidad. El Padre es el depositario de la justicia, el defensor de los derechos, el vengador de las leyes Divinas. El Hijo, por el contrario, revestido de la luminosidad que confiere la misericordia divina, está entre la Deidad tronante y la humanidad culpable, exponiendo su dócil cabeza a las tormentas y su compasivo pecho a la espada de la justicia divina. El Hijo lleva sobre sus hombros el fardo de nuestro castigo y compra con su propia sangre las bendiciones que descienden de los cielos. ¿Necesitamos describir el efecto que producen estas representaciones, especialmente en las mentes más sencillas para las que el Cristianismo fue principalmente diseñado, y que trata de presentarlo ante el Padre como la más gentil de las criaturas?
Una vez expuestas nuestras ideas sobre la Unidad de Dios, voy a proceder en segundo lugar a indicar que creemos en la unidad de Jesucristo. Creemos que Jesús es una mente, un alma, un ser, tan reales y tan distintos de Dios como nosotros mismos. Nos quejamos de que la doctrina de la Trinidad, no satisfecha con convertir a Dios en tres seres, haga dos de Jesucristo, propiciando así una confusión inmensa en nuestra percepción de su carácter. Esta corrupción del Cristianismo, es una prueba manifiesta de la falsa filosofía que deforma la sencilla verdad contenida en la figura de Jesús.
Según esta doctrina, Jesucristo, en vez de ser una mente, un principio inteligente al alcance de nuestra comprensión, consiste en dos almas, en dos mentes: una divina y otra humana. Nosotros afirmamos que así se transforma a Cristo en dos seres. Decir que es una sola persona, un solo ser y suponer sin embargo que está compuesto por dos mentes, infinitamente distintas una de otra, es un abuso y una tergiversación del lenguaje que llena de oscuridad nuestra concepción de las naturalezas inteligentes. Según la doctrina al uso, cada una de estas dos mentes presentes en Cristo tiene consciencia, voluntad y percepciones propias. Lo que se está diciendo en realidad es que carecen de propiedades comunes entre sí. La mente divina no siente ninguno de los deseos o pesares propios de la humana, y esta última está infinitamente alejada de la perfección y felicidad experimentadas por la divina. ¿Se pueden concebir dos seres más distintos en el universo? Siempre hemos creído que lo que constituía y diferenciaba a una persona era la consciencia. La doctrina que afirma que una sola persona tiene dos consciencias, dos voluntades y dos almas totalmente diferentes entre sí, lo cual, sin duda alguna, constituye una tremenda imposición sobre la credulidad humana.
Lo que nosotros decimos es que si una doctrina tan extraña, tan difícil, tan alejada de las concepciones anteriores del ser humano, era en realidad parte esencial de la revelación, debería ser enseñada con toda claridad; y preguntamos a nuestros hermanos que nos indiquen algún pasaje manifiesto, directo, en el que se diga que Cristo está compuesto de dos mentes diferentes y que al mismo tiempo, sea una sola persona. Lo cierto es que no existe pasaje alguno. Y a pesar de todo hay cristianos que afirman que esta doctrina es necesaria para la armonía de las Escrituras puesto que algunos textos atribuyen a Jesucristo propiedades humanas y otros divinas; para reconciliar ambas, debemos presuponer la existencia de dos mentes a las que referir dichas propiedades. Dicho con otras palabras: a fin de reconciliar algunos pasajes difíciles en las Escrituras, tenemos que inventar una hipótesis mucho más difícil y que está plagada de absurdos. Es como ponerse a buscar la salida de un laberinto mediante un método que conduce a situaciones cada vez más farragosas.
Es evidente que si Jesucristo pensaba que tenía dos mentes, y que ésto constituía un elemento clave de su religión, toda la fraseología que lo describiera estaría marcada por esta peculiaridad. El lenguaje universal de los seres humanos está basado en la idea de que una persona es una persona, una mente y un alma, y cuando la gente oía este lenguaje de labios de Jesús es indudable que lo entendía en su sentido más usual, estos es, refiriéndolo a un alma única a no ser que se especificara lo contrario. Pero ¿dónde encontramos tal especificación? ¿Dónde existen en el Nuevo Testamento las palabras que tanto abundan en los textos Trinitarios y que proceden de la doctrina que predica la doble naturaleza de Jesús? ¿Dónde dice este maestro divino: "Esto lo digo como Dios y ésto como hombre; ésto pertenece a mi naturaleza humana y ésto sólo a la divina? ¿Dónde hay en las Epístolas indicaciones de esta extraña fraseología? En ninguna parte. No era necesario en aquélla época. Fue el resultado de errores posteriores.
En consecuencia creemos que Cristo es una sola mente, un solo ser y, yo añado, un ser distinto al de Dios... Y nos gustaría que aquellos que no comparten estas ideas reflexionaran sobre un hecho importante: En sus enseñanzas, Jesús hablaba constantemente de Dios. Esta palabra estaba siempre en sus labios. Y nosotros nos preguntamos, ¿se refería acaso a sí mismo? Contestamos: no. Más bien al contrario, puesto que tanto él como sus discípulos distinguen claramente entre una cosa y otra. Toca pues a nuestros adversarios determinar ahora cómo reconciliar esta afirmación con el hecho, por ellos propuesto, de que la manifestación de Cristo como Dios era uno de los objetivos principales del Cristianismo.
Si examinamos los pasajes en los que Jesús aparece diferenciado de Dios, veremos que no sólo hablan de Jesús como de un ser diferente, sino que parecen esforzarse por manifestar su inferioridad. A Jesús se le describe como al Hijo de Dios, el enviado de Dios, el que recibe de Dios todos sus poderes, el que hace milagros porque Dios está con él; es el que juzga justamente porque Dios le ha enseñado, el que tiene derechos sobre nuestras creencias porque fue ungido y determinado por Dios; y que Jesús, por sí mismo, era incapaz de cosa alguna. El Nuevo Testamento está lleno de este tipo de frases. Y entonces nos preguntamos, ¿qué impresión se quería producir con este lenguaje? ¿Es posible que quien lo oyera podría haber imaginado que Jesús era el Dios ante Quien se declaraba Su inferior; el Ser que lo envió y de Quien profesó haber recibido su mensaje y su poder?
Los Trinitarios afirman obtener grandes ventajas de su forma de entender a Cristo. Les proporciona, nos dicen, una redención infinita puesto que muestra a un ser infinito que sufre por sus pecados. La seguridad con la que se repite esta falacia no deja de asombrarnos. Cuando se les pregunta si realmente creen que el Dios infinito e inmutable sufrió y murió en la cruz, admiten que no esto no es realmente verdad puesto que fue sólo la mente humana de Cristo la que soportó los sufrimientos de la muerte. ¿Pero cómo puede entenderse el hecho de un sufridor infinito? Para nosotros este lenguaje es una carga para las mentes más sencillas; sugiere además un menosprecio de la justicia de Dios, como si este atributo pudiera satisfacerse simplemente con un mero sofisma y una ficción...”145
A pesar de que Channing creía erróneamente en la crucifixión y resurrección de Jesús, fue todavía capaz de demostrar lo absurdo de la doctrina de la Redención y la Expiación de los Pecados a pesar, repetimos, de ignorar que los sucesos en los que se basa esta doctrina jamás tuvieron lugar. Channing continúa refutando la doctrina de la Trinidad basándose en lo siguiente:
• No hay pasaje de la Biblia en el que se diga que el hijo del hombre sea infinito y necesite una expiación también infinita. Esta doctrina predica que el hombre, a pesar de haber sido creado por Dios como un ser imperfecto, débil y susceptible al extravío, está considerado por su Creador como un trasgresor infinito. Pero estamos seguros de que Dios es capaz de perdonar el pecado sin recurrir a este rígido recurso.
• Esta doctrina que habla de un Dios que se convierte en víctima y objeto de sacrificio en bien de Sus rebeldes súbditos es tan irracional como carente de fundamento en las Escrituras. El arrepentimiento por los pecados es algo que debe hacerse a Dios y no por Dios. Y si la expiación infinita era necesaria, algo que sólo Dios puede exigir, Él mismo tendría que convertirse en víctima y asumir nuestro dolor y nuestra pena pensamiento éste que la mente rehúsa admitir. Para eludir esta dificultad se nos dice que Cristo sufrió como hombre y no como Dios. Pero si sólo sufrió durante un periodo de tiempo corto y limitado ¿cómo pudo entonces satisfacerse la necesidad de expiación infinita?
• Si tenemos en los cielos a un Dios dotado de infinita bondad y poder es obvio que no necesitamos a otra persona infinita para salvarnos. Esta doctrina supone una deshonra a Dios cuando afirma que sin la ayuda de una segunda y tercera deidad, Él no hubiese podido salvar al ser humano.
• Si la redención infinita era necesaria para satisfacer las exigencias de la justicia e indispensable para la salvación del ser humano, esto habría sido expuesto en la Biblia de forma clara y definitiva en alguno de sus pasajes. Esta doctrina es comparable al caso del juez que se castiga a sí mismo por los delitos cometidos por alguien que ha comparecido ante su tribunal mientras que la Biblia dice: "Porque es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal" (2 Corintios 5: 10). Y también: "Así pues, cada uno de vosotros dará cuenta de sí mismo a Dios" (Romanos 14:12).
• Si con la crucifixión de Jesús se satisfizo la justicia de Dios por los pecados pasados, presentes y futuros, ello significa que Dios ha perdido ya todo el poder virtuosa, además de la de exigir una vida correcta y prerrogativa de perdonar o castigar la desobediencia. Si Dios castiga a un pecador cristiano en el Día del Juicio Final, esto significa que Dios ha hecho un incumplimiento de la fe o que la doctrina de la expiación no es cierta.
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Hasta el año 1819, las reuniones de los Unitarios en Boston se celebraban en casas particulares o en el salón del Medical College de Barclay Street. En 1820 empezó la construcción de un edificio para el culto Unitario. Las obras finalizaron en 1821. A pesar de que este hecho parece indicar que los Unitarios asentaban su presencia, todavía se los catalogaba de "montón de herejes, infieles o ateos"146.
No obstante sí que hubo un cambio en su cautelosa política de predicación; Channing, que hasta entonces había recibido sin desquitarse los ataques encarnizados procedentes de los púlpitos de la Iglesia Trinitaria, sintió que había llegado el momento de responder con todas sus fuerzas para defender su fe sin reticencias y en contra de los prejuicios de la ortodoxia. En su libro "Una Historia del Unitarismo" E. M. Wilber dice de Channing que:
"Su tema principal era que las Escrituras, interpretadas conforme a la razón, enseñaban las doctrinas que defendían los Unitarios. Tomaba las doctrinas en las que los Unitarios difieren de la ortodoxia y las examinaba una por una... hacía un llamamiento elocuente y sublime en contra de un esquema tan lleno de insensatez, inhumanidad y desesperanza como es el Calvinismo... y citaba a la ortodoxia de la época ante el tribunal de la consciencia y el sentido común".
La causa del Unitarismo en América recibió la ayuda de una convención celebrada en Massachusetts en el año 1823. La Iglesia ortodoxa había intentado sin éxito imponer un examen doctrinal a los pastores que quisieran predicar a las congregaciones Unitarias. El fracaso de la Iglesia ortodoxa propició la presentación pública del movimiento Unitario y unió a sus afiliados en defensa de una causa común.
En 1827, se inauguró una segunda iglesia Unitaria con un famoso sermón pronunciado por Channing. E.M. Wilber dice en su libro que Channing fue merecedor del triunfo que significó el hecho de que "sin estar aún abiertamente reconocido, la doctrina de la Trinidad, aun siendo formalmente profesada, había dejado de ser el centro de la fe ortodoxa y ya no disfrutaba de la importancia de etapas anteriores. Y las excepcionales doctrinas Calvinistas habían sido expuestas a nuevas interpretaciones cuyos padres las habrían rechazado con horror"148.
Es evidente que estos acontecimientos no tuvieron lugar sin la consabida oposición. En 1833, los Unitarios fueron tachados de "infieles sin piedad" y se produjeron insultos que "carecían de parangón incluso en los peores días de la intolerancia y el fanatismo teológicos"149. Consta que, en fecha tan tardía como el año 1924, treinta o cuarenta Unitarios se reunieron en Boston para constituir una asociación anónima, hecho éste que parece indicar que había todavía un cierto elemento de peligro para el cristiano que afirmaba la Unidad Divina.
Channing continuó siendo un Unitario convencido hasta el fin de sus días. Para él, Jesús no sólo era un ser humano sino también un Profeta inspirado por Dios. A diferencia de las doctrinas atribuidas a Calvino que se concentran en la "depravación humana", la "ira de Dios" y el "sacrificio expiatorio de Cristo", Channing proclamaba "una idea sublime" que definía como "la grandeza del alma, su unión con Dios a través de la similitud espiritual, la receptividad a Su espíritu, su poder auto formatorio, su destino hacia lo inefable y su inmortalidad"150.
Era un cambio refrescante con respecto a la fría lógica y al énfasis que Priestly confería al mundo fenoménico. Channing insuflaba vida al movimiento Unitario, no sólo en América, sino también en Inglaterra. La verdad es que Priest1y era un científico especializado en la física. Sus razonamientos eran profundos pero su visión de las cosas era materialista. Al afirmar que "la naturaleza racional del hombre procedía de Dios"151, Channing elevó el pensamiento Unitario a nuevas dimensiones espirituales y sus palabras dejaron una huella profunda a ambos lados del océano Atlántico.
Las protestas de Channing estaban dirigidas contra el fundamentalismo sectario. La agresión religiosa era contraria a su naturaleza y éste fue el espíritu inculcado en los líderes del movimiento que culminó con el establecimiento de la "Escuela de la Divinidad" en la Universidad de Harvard en 1861. Parte de sus estatutos dicen lo siguiente:
"Debe entenderse que se fomenta la investigación seria, imparcial y razonable de la verdad cristiana, y que no se requiere consentimiento a ninguna confesión, bien sea por parte de los estudiantes, los profesores o los tutores"152.
En 1825 se estableció la American Association, año en el que también se estableció en Inglaterra. Ralph Waldo Emerson (1803 1882) renunció a su puesto en el púlpito de Boston completándose con ello la separación entre el antiguo y el nuevo pensamiento. La religión de Jesús fue declarada como amor a Dios y servicio al hombre y también "una religión absoluta".
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El Unitarismo ha continuado existiendo dentro del Cristianismo hasta llegar a nuestros días. Muchas de la sectas cristianas, a pesar de no disponer de acceso a la realidad existencial de Jesús cómo se relacionaba con la gente y cómo llevaba a cabo las transacciones con ellos, o cómo actuó y vivió su vida creen en un Dios único y tratan de vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia a pesar de las contradicciones que ésta contiene. No obstante, la confusión causada por la doctrinas del Pecado Original, la Expiación y Redención de los Pecados y la doctrina de la Trinidad, unido a la ausencia de transmisión de una guía real que enseñe a vivir como Jesús vivía, la paz sea con él, ha causado el rechazo casi absoluto de las diversas formas del Cristianismo que existían hace cien años.
Hoy en día muchas iglesias están vacías y las relativamente nuevas y más animosas, a veces incluso extáticas, congregaciones que tienden a ser cada vez más populares en ciertos sectores, se caracterizan más por su rechazo a ser enconsertadas por los dogmas cristianos europeos del pasado que por ninguna otra cosa.
No obstante, es interesante constatar que las doctrinas antiguas siguen manifestándose de nuevas maneras. Aunque ya se da menos importancia a la doctrina del Pecado Original, por ejemplo, la mayoría de los cristianos "modernos" siguen creyendo que la creencia en Jesucristo es la única manera de llegar a los cielos; un Jesús que, todavía afirman con entusiasmo, murió en la cruz a fin de redimir los pecados de los que creen en él.
La doctrina de la Expiación y Redención de los Pecados representa todavía una parte importante del Cristianismo "moderno"; y a ello se debe precisamente el que Jesús sea todavía considerado una "especie de Dios", si no el mismo Dios. En ciertos contextos y situaciones, y a pesar de que muchos cristianos no lo creen en realidad, Jesús sigue siendo considerado Dios. Dicho con otras palabras: a pesar de que varios no todos por supuesto de los cristianos Trinitarios de hoy en día ya no cultivan la semántica, la sofistería y la casuística de sus predecesores europeos, existe una ortodoxia subyacente en las formas modernas del Cristianismo que sigue enraizada en el pasado. Apoyada por el movimiento ecuménico, de carácter Trinitario, en la actualidad se propaga e impone con métodos más sutiles que los utilizados por la Inquisición especialmente a través de las diversas formas de comunicación de masas. La ausencia de debate entre Unitarios y Trinitarios es una prueba del "éxito" de estas técnicas.
Aunque muchos de los cristianos de nuestros días aseguran con alegría que sólo hay un Dios, y afirman que son Unitarios, la estructura subyacente de su sistema de creencias sigue siendo Trinitaria puesto que sus orígenes son Trinitarios. No obstante, la mayor parte de los cristianos "renacidos" creen que Dios no puede morir, la mayor parte de los mismos son capaces de decir en una frase que Jesús es su Señor Dios para luego afirmar en la frase siguiente que Jesús murió a fin de redimir los pecados de quienes creen en él; no contentos con ésto, en la frase siguiente dicen que los que creen de verdad están llenos del Espíritu Santo, "renacidos" en este mundo y salvados en el que ha de venir salvados por Dios. Y aunque la palabra "Trinidad" no aparezca en el transcurso de la conversación, es evidente que en esta estructura de creencias circular, hay tres elementos o personas diferentes: Dios, Jesús (que es Dios) y el Espíritu Santo (de Dios), tres que están unidas y producen Uno. Así pues, la doctrina de la Trinidad sobrevive todavía.
Mientras se sigan ignorando preguntas como "si Jesús es Dios, ¿cómo es que Dios puede morir?, o "si Jesús es Dios, y Dios estuvo muerto durante tres días ¿quién mantuvo en orden durante ese tiempo el Universo y todo lo que contiene?, o "si Jesús era Dios, ¿a quién le rezaba? La falta de respuesta a estas cuestiones embarazosas permite que haya muchos que todavía mantengan viva la estructura de creencia Trinitaria, incluso en esta época moderna, con la ayuda añadida de un sentimiento de euforia presente en todos aquellos que creen haber sido "salvados".
Esta respuesta sentimental con respecto a Jesús ¡Jesús te ama! cuyo vínculo original con la Tribu de Israel y su compromiso inicial de defender y vivir según la Ley de Moisés ya no se conoce o se ignora, o incluso se veta gracias a la doctrina de la "Nueva Alianza" (doctrina de Pablo, debe resaltarse, no de Jesús ni de Dios), esta respuesta, repetimos, es la que ha permitido al movimiento ecuménico obtener cierto "progreso" en los últimos cincuenta años.
El sentido común parece indicar que los pretendidos seguidores de Jesús debían estar unidos; no obstante, los principios compartidos por todos, sobre los que deberían basarse esta unidad, han sido sometidos a intensos debates y virulentas discusiones, e incluso a derramamiento de sangre.
En el pasado más reciente ha sido posible evitar la desunión hasta cierto punto, al evitar el debate racional y la mención selectiva de pasajes de la Biblia que parecían prestar apoyo a las hipótesis Paulinas sin contradecirse al mismo tiempo. La aceptación de la "redención total", que aparentemente ofrece Dios a cambio de la creencia ¡limitada en Jesús, ejercitada conjuntamente con la aceptación completa de las palabras de Pablo: "Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5: 14), ha producido como resultado que los temas principales se difuminaran y se encubrieran las discrepancias intelectuales que han, desde siempre, caracterizado los conflictos dentro y en contra de la Iglesia Trinitaria.
Cualquier Iglesia Unitaria moderna que insista todavía en la existencia de un Dios único y que Jesús era un Profeta de Dios, y que cada persona es responsable de sus acciones en esta vida teniendo que responder por ellas el último Día no será especialmente bienvenida por el movimiento ecuménico, esencialmente Trinitario tanto en su naturaleza religiosa como en su visión general de las cosas; lo que encontrará esta Iglesia Unitaria es que será ignorada, aislada y alienada por este movimiento en una sociedad, ahora tan fragmentada, que cualquiera puede permitirse discrepar con los demás sin temor alguno, sencillamente porque cualquier voz disidente ya no supone una amenaza contra aquellos que ahora detentan el status quo, los cuales ya no son cristianos Trinitarios.
Dicho con otras palabras: a pesar de que las formas actuales del Cristianismo Trinitario siguen prestando su apoyo a la estructura del Estado moderno, en el que las nuevas catedrales son los bancos internacionales, ya han dejado de ejercer control sobre éste. En esta situación, lo más a lo que pueden aspirar los cristianos creyentes es a cooperar de alguna manera a fin de proteger por igual tanto sus intereses comunes como su religión.
A pesar de la situación de asedio en la que vive el Cristianismo moderno, las concepciones de los Unitarios y los Trinitarios siguen siendo opuestas entre sí en el presente como en el pasado y esto jamás ha de cambiar.
Y si la concepción Unitaria es inaceptable para los Trinitarios, la visión musulmana que no sólo confirma las ideas Unitarias sino que afirma, basándose en la revelación Divina del Corán, que Jesús ni siquiera fue crucificado es para los Trinitarios todavía más difícil de admitir puesto que ello significa aceptar que no hay ni fundamento ni verdad en las doctrinas de la Expiación y Redención de los Pecados ni en la de la Trinidad, por mucho que se expongan estas doctrinas en su forma antigua o moderna.
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