INDICACIONES DE LOS SIGNOS

Shayj Dr. Abdalqadir As Sufi

SHAYKH Dr. ABDALQADIR AS-SUFI

EL HOMBRE EL PEQUEÑO UNIVERSO

«Él es Quien os ha creado de la tierra y luego de una gota de esperma y de un coágulo de sangre. Luego hace que salgáis como niños para que después alcancéis la madurez y lleguéis a ser ancianos, habiendo entre vosotros quienes mueren antes, y cumpláis así un plazo fijado. Puede que razonéis. Él es Quien da la vida y da la muerte y si decide algo simplemente dice: Sé y es.» (40:67 68).

«Y parte de Sus signos es vuestro sueño de noche y de día y vuestra búsqueda de Su favor; realmente en esto hay signos para la gente que escucha.» (30:32).

« ¿Acaso no hubo un tiempo para el hombre en el que no fue nada, ni siquiera un recuerdo? Es verdad que creamos al hombre a partir de una gota de esperma eyaculada, como una prueba para él, y lo hicimos con capacidad para ver y oír. Y lo guiamos al camino: agradecido o ingrato.» (76:1 3).

«Realmente Allah no perjudica en nada a los hombres, sino que son los hombres los injustos consigo mismos.» (10:44).

«En la tierra hay signos para los que tienen certeza. Y en vosotros mismos. ¿Es que no vais a creer?» (51:20/21).

Al examinar el cosmos nos vimos forzados a hacerlo desde la posición de 'el hombre en el cosmos'. La situación del conocedor en el cosmos era la única manera genuina de percibir la situación galáctica. Del mismo modo, cuando se examina al hombre se ve con claridad que no existe tal cosa como 'el hombre' en el sentido humanístico occidental; el Hombre, lejos de tener sentido, es más bien una fantasía. El Hombre en sí mismo, como él mismo, no existe; a no ser, esto es, que seamos capaces de colocar al hombre en su verdadero contexto, que es el universo.

«Y cuando tu Señor dijo a los ángeles:

Voy a poner en la tierra a un jalifa Mío.

Dijeron: ¿Vas a poner en ella a quien extienda la corrupción y derrame sangre, mientras nosotros Te glorificamos con la alabanza que Te es debida y declaramos Tu absoluta pureza?

Dijo: Yo sé lo que vosotros no sabéis.» (2:30).

Lo que define al hombre es el ser jalifa, que significa, uno que actúa en representación,' esto es, 'uno que actúa en representación de un gobernante en su ausencia.'

¿En qué sentido se puede decir que el gobernante está ausente? Solamente en un sentido fenoménico. Solamente en cuanto a la existencia. No puede decirse en términos de lo oculto o del No Visto en sí mismo. En el reino de la creación, Allah está oculto o podríamos decir ausente. Como dicen los sufies: "Cuando el mundo aparece, Allah desaparece. Cuando Allah aparece, el mundo debe desaparecer."

En esto los sufíes son, de nuevo, mal interpretados por los eruditos ignorantes y kuffar. A lo que se refieren los sufies es a la cognición. Si se toma en conocimiento el mundo sólido, no puede tomarse en conocimiento el oculto. Si se mora en lo sensible, se abandona el significado. Si se mora en el significado, se abandona lo sensible. Si se hacen presentes los dos para completar un equilibrio medio, ambos son aniquilados; puesto que los opuestos se aniquilan entre sí cuando se encuentran. Esto último es la estación llamada fana fi'llah aniquilación en Allah. Pero Allah es el Señor de los cielos y de la tierra. Del visto y del No Visto. Y así, para que el hombre sea jalifa, debe satisfacer por completo su capacidad de conocimiento. Para ser, para ser en verdad el representante, el sustituto del Uno, del que es Exaltado por hallarse desconectado y a la vez arraigado en un conectar sin fusión o encarnación o relación, el hombre debe ponerse entre lo visible y lo invisible. Tal hombre debe sentarse a horcajadas sobre los dos mundos. La separación no ha de velarle la unión y la unión no debe velarle la separación. El es un espacio intermedio entre los dos mundos, un barzaj. Tal hombre 'se traga' el universo. Toma conocimiento de la situación cósmica por reflexión, por observación vigilante. La reconoce gracias a la clara contemplación que tiene de ella. Para que la reflexión de la existencia cósmica tome lugar, el pensamiento debe cesar. Porque el pensamiento es lengua, y la lengua, como el color, es multiplicidad y limitación. Es diferencia o, si se quiere, diferencias. Llegar a la cognición pura es llegar a un ver que carece de 'dos en la mirada'; esto es, de multiplicidad. Como dice Shaij Muhammad ibn al Habib: "¡Ver al Creador, no segundas caras!" Su mirada no impone nada a la existencia: ni pensamiento ni 'sentires'. Ve lo que es. Y lo que es lo es sin ser cosa. Él, el pronombre ausente, es contemplado en el presente. La cognición pasa por lo tanto al segundo término, Tú, el pronombre de la Presencia. Tú se halla ante el Real. Este ver pondrá la vista en una existencia perfecta porque el Real es perfecto. Se dice en el Corán que no hay defecto en la creación. Todos los análisis de carácter neurótico, todos los intentos afiebrados de hacer pedazos la tierra, de dragar los océanos, de perforar los cielos; todas las ansias infantiles de exploración que son sólo curiosidad y la curiosidad es ignorancia ceden ante la mirada de la pura contemplación. Este es el mirar que define al hombre. El mirar los signos que hablan por sí mismos. El hombre debe mirar hasta que su mirar lo lleve inevitablemente hacia la fuente de la materia. ¿Y cuál es esta fuente? ¿No es acaso para la criatura humana para la que todo esto ha sido creado? ¿No eres acaso tú la fuente de tu mirar? ¿Y no capta tu mirar una realidad cósmica? Del mismo modo esta existencia externa sólo existe gracias a que tú la reconoces. De nuevo, insisto, esto no es doctrina sólo mental; afirmarlo sería una perversión deliberada de lo que acabamos de admitir. Existe un campo unificado. No es posible imaginarse al observador en medio de un vacío cósmico. Tampoco es posible imaginarse un vacío cósmico sin un observador. La realidad de la creación es una. Su realidad es Una, la única, sin nada que se Le asocie. ¿Quién es entonces el que mira si no hay dos en la mirada? ¿Quién o qué es el conocedor humano? ¿De dónde es su proceder; de ningún sitio? La búsqueda o más bien investigación más recóndita tiene lugar cuando el observador es capaz de darse cuenta de que no puede observar. Que nunca lo hizo. Que desde el principio ha sido mirado. Que el que mira es Uno. Pero el concepto que altera la posición del observador no es la doctrina del conocimiento unitivo. Porque el locus mismo es el secreto de la cognición. Hemos substanciado ya que no hay misterios en el universo de la vida. Un misterio es algo que se oculta al conocimiento, imposible de conocer. Pero el conocimiento no es así. Se trata por lo tanto de un secreto. Algo que si bien no puede ser divulgado, puede ser sin duda conocido. Es conocido. Ha sido conocido desde que el hombre habita la tierra. Será conocido hasta el fin del hombre y por lo tanto, por esta eventualidad, hasta el fin del mundo. O podríamos decir, por este signo.

Esta no es materia de 'misticismo', una afición cristiana; sino más bien el campo de cognición mismo. Este proceso de contemplación que llega a un punto de visión interna en el que el contemplador se encuentra a sí mismo con todo el cosmos en su campo de visión se llama 'el océano dentro del barco'. Pero la llegada a la fuente no es posible hasta que todo el universo no haya sido enrollado y hecho inexistente. Cuando, repetimos, el universo desaparece se sigue que el yo, el yo observador locus, desaparece. ¿Quién es el observador entonces?

Esta dislocación gnóstica, a falta de mejor palabra, es la puerta que se abre a la iluminación, que es unificación. Después de que el niño se ha hecho hombre, una nueva experiencia de conocimiento toma lugar; se entra dentro de una nueva condición; de modo que el gnóstico tiene una experiencia de la existencia tan distinta en cognición de la del adulto que no es gnóstico, como la del hombre con respecto a la que tiene el niño. Esta práctica reflexiva profunda y su realización requieren, hasta el penúltimo momento, un yo distinto. Este yo distinto debe servir como un espejo en el que el buscador o la buscadora pueda contemplar su yo. No puede soslayarse este contrato que ha existido siempre en los círculos donde se ha practicado este arte, tanto en Oriente como en Occidente. La excepción no desautoriza la regla. No todos los profetas se vieron sin esta guía. Musa (Moisés), y también Suleiman (Salomón), dependieron de aquél al que se le había dado 'conocimiento directo', al que se llama popularmente al Khidr. Isa (Jesús) y el Maestro del conocimiento, Muhammad, que Allah le dé Su paz y bendiciones, lo hicieron sin ella.

Este conocimiento carece de marco dogmático, lo cual ofende a la clase sacerdotal cuya supervivencia depende de una enseñanza informativa (libro) poseída por ellos y de la que el pueblo está privado. Por medio de ella tiranizan y gobiernan, mientras que el conocimiento gnóstico por el contrario guía y libera al ser humano. Es un conocimiento que no está dentro de un marco mítico o de un marco de creencias. No requiere una religión y por lo tanto prescinde de toda enseñanza basada en libros y en élites sacerdotales. Es completamente existencial y también moral; que no es lo mismo que religiosa. La moralidad del gnóstico está cimentada en una decisión interna y en el compromiso. No puede ser impuesta. Se dirá que se da también en ella la necesidad de un guía, y de que ello es precisamente el reconocimiento de un grupo de élite. Los sufíes han dicho siempre que el elitismo pertenece a lo interno; que internamente es reconocido y externamente está oculto. El rey de lo externo ha de ser aparente. El rey de lo interno debe quedar oculto, es decir, oculto a los ojos de la mayoría de los hombres.

Aquel que ha sido unificado en el conocimiento directo por la visión es el jalifa, el espacio intermedio entre los dos mares. A él se le llama el hombre perfecto, es decir, perfecto en la gnosis. Cuando los ignorantes fanáticos de la religión dicen que "nadie puede ser perfecto", nunca prueban lo que dicen de una manera siempre tan estridente. Los gnósticos de entre la gente de su arte, por el contrario, demuestran la realidad de lo que atestiguan. La prueba, primordial y fundamental, proviene sin embargo de ellos mismos, está basada en ellos mismos; es un descubrimiento interior que les hace sanos y salvos de la opinión del mundo y de la antigua opinión traicionera que tenían de sí mismos. El Corán nos da tres grados de cognición en su vocabulario cuando indica: el muslim: el mu'min: el muhsin. Se podrían definir: el que adquiere conocimiento externamente por convicción y por confianza en la información que recibe: el que verifica la enseñanza recibida por medio de una toma de conciencia o despertar y confirmación internos: el que tiene conocimiento del locus experimentador. Son los hombres de los tres reinos: Islam, Iman, Ihsan. Islam es la transacción vital, el din, que es la afirmación del Uno y del carácter de Mensajero de Muhammad: cinco series de postraciones diarias: un ayuno de un mes cada año: un tanto por ciento de la riqueza que se posee: el viaje al centro gnóstico, el estar de pie en la llanura de 'Arafat, es decir, la llanura del Reconocimiento. Iman es la interiorización del paisaje cósmico que va desde las realidades de la creación en su acontecer hasta el paisaje cósmico personal al que llega en la visión. Esto conlleva la aceptación de la Unidad, de los Libros, los Mensajeros, los Ángeles, el último Día, la Balanza y el Decreto. Todos ellos explican e interpretan los significados de la naturaleza doble de la existencia y de su secreto unitario. Ihsan es la definición de la gnosis: adorar a Allah como si Le vieras; y que aunque no Le veas, sabes que Él te ve; es decir, que logras la dislocación gnóstica.

Estas tres zonas de experiencia constituyen el din del Real. Es necesario ver que no inventan una narración mítica, ni obligan tampoco a un ritual simbólico y sin función. La adoración es una estructuración desnuda y original de la experiencia de sobrecogimiento del hombre ante el encuentro con el cómo es. Ponerse en pie, inclinarse, postrarse. La orientación hacia la que se hacen la inclinación y la postración se propone afirmar una dirección ,en nombre de todas las direcciones', su orientación es simplemente una confirmación más de que esta enseñanza es la Vía Antigua; pues es tornarse hacia la Casa construida por Ibrahim para Allah, el Absoluto, no sujeto a condición ni restricción alguna. Los ritos de la adoración no son de magia operativa. No existe sacrificio, ni chaman, ni baile, ni trajes de ceremonia.

Del mismo modo, cuando alguien llega al Iman hace frente al paisaje interior de la criatura humana y a la situación gnóstica. El Real es Uno. La ciencia ha estado fluyendo continuamente desde el principio por revelación o apertura interna directa desde el Divino. Ha habido por lo tanto Mensajeros. Los Ángeles son las energías de Luz mediante las cuales toman lugar todos los procesos de la creación, desde lo cristalino hasta lo orgánico. No son un 'extra' de explicación primitiva añadido a los procesos del cromosoma, sino que son ellos los que provocan los procesos, son los impulsos que dan movimiento a la célula y a las estrellas. El último Día es tu último día, tu condición cósmica como criatura perteneciente al tiempo que eres. La Balanza en la que eres 'pesado' es la misma balanza sobre la que el mundo visible está, en lo sensorial, erigido; y que se reconoce como operativa también en el plano de los significados, puesto que ambos planos son uno. El Decreto es el núcleo de la iluminación gnóstica. Sólo desde una perspectiva de ignorancia y especulación habita el ser humano en la esfera, infantil, de la libertad. El niño piensa que es libre, mientras se halla completamente condicionado. Saber que se está condicionado es no estar sujeto a ninguna condición, estar liberado.

Hemos explicado por extenso lo que es Ihsan en lo anterior. Es la meta Y culminación de los dos elementos necesarios de la toma de conciencia en el ser humano que acepta su mortalidad. Podría describirse también como consistente en tres grados de certeza. Aquí de nuevo la terminología es coránica. 'Ilm al yaqin: 'ayn al yaqin: haqq al yaqin. Conocimiento de la certeza: fuente de la certeza: verdad de la certeza.

Puede decirse, si se quiere, que el conocimiento abarca los tres reinos de la existencia: la realidad doble de] proceso de la creación, visible e invisible, y su espacio intermedio de Luces. Mulk, ma1akut, yabarut Es decir, el Reino Visible, el Reino Invisible y el Reino de Luz.

Utilizando una terminología distinta que procede de AI Hallay sobre el que ciertos desconcertados eruditos católicos han puesto en circulación muchas invenciones falsas , existe una tríada muy valiosa: nasut: lahut: ra-hamut. Es quizás, de todas, la más sofisticada que tenemos a nuestra disposición pues contiene nuestros dos opuestos: rey y reino: hombre y cosmos: observador y observado. Nasut es el cosmos/hombre en cuanto zona de experiencia. Lahut es el hombre cósmico en cuanto zona de experiencia. Rahamut es el pleno de luces cuando sólo hay Luz. Recomendamos esta terminología pues capta el par de opuestos en un sólo término.

Cuando las gentes de hoy lean el Corán han de leerlo Como un libro destinado para ellos y no para ciertos habitantes del desierto de hace mil cuatrocientos años. Y no es ésta una súplica enfática como la que hacen los cristianos con respecto la mezcolanza de la Biblia. Simplemente indica que el objetivo del Libro es dejar en claro cuál es la situación cósmica, nada más. Las historias de pueblos antiguos que contiene no son míticas y no son de ninguna manera históricas. Son la continua definición y redefinición de la condición de las criaturas humanas atrapadas en el interior de su vivir en el tiempo y arrojadas a una perpetua lucha; una lucha que no pueden comprender y que más tarde rehúsan tercamente comprender. Esto lo hace el Corán con primeros planos y con tomas a distancia. La perspectiva a distancia está en el contar de nuevo los conflictos de los pueblos antiguos. El primer plano consiste en la interpretación vívida de los acontecimientos ocurridos en la propia comunidad del Mensajero. Pero, y esto es lo más importante, no es necesario 'conocer la historia' para entender el Libro. Es un libro que se explica a sí mismo, completo en sí mismo, claro en todos sus pasajes, correlacionado, que repite sus propios elementos vitales para que no haya duda. Propiamente hablando, no puede haber comentarios sobre el Corán, el Corán se abre para aquél que ha abierto su propia capacidad de reconocer. Una vez que el buscador ha llegado a tener testimonio directo del Real, puede entonces esta persona mostrar los significados a la gente de su época y mostrárselos a sí mismo. El Corán está vivo en sus manos, ya contemple una sura, una aleya, una palabra o una letra o se detenga con su quietud.

Esto trae hasta nosotros el par de opuestos siguientes. Pues habiendo dicho que un cierto tipo de intelecto es capaz de interpretar e iluminar el Corán, hay que decir también que contiene ciertas afirmaciones que no necesitan o invitan a la interpretación en el sentido en que otras pueden y lo hacen. Se trata de las aleyas que contienen la shari'ah, la ley; que indican con claridad cómo juzgar ciertos asuntos morales en justicia y a la vez obligan a la comunidad humana a tener compasión en sus transacciones sociales.