INDICACIONES DE LOS SIGNOS

Shayj Dr. Abdalqadir As Sufi

SHAYKH Dr. ABDALQADIR AS-SUFI

EL COSMOS, EL GRAN HOMBRE

La primera aserción tiene que ser un recuerdo apremiante de que, desde el punto de vista coránico, el cosmos no puede ser considerado aparte de su realidad opuesta que es el hombre. Así pues, según comenzamos con el primero, utilizamos la impaciencia para lanzar toda la configuración cósmica contra la definición del yo. Colisionan, se golpean, se hacen la guerra el uno al otro. El uno revela los secretos del otro. El uno es la definición del otro, y sin embargo hay dos perspectivas. El cosmos existe. Tiene, en la experiencia ordinaria, 'actualidad.' Desde este mismo punto de vista, el hombre existe, tiene actualidad. Estamos considerando dos opuestos. ¿Qué nos dice el Corán de la meta galáctica realidad de lo universal?

«Allah creó los cielos y la tierra con el Real ¡En ello hay un signo para los que aceptan!» (29:44).

«Ha creado los cielos y la tierra con el Real, hace que la noche se enrolle en el día y que el día se enrolle en la noche y ha sometido a Su mandato el sol y la luna, que siguen su curso hasta que se cumpla un plazo fijado.

¿Acaso no es Él, el Poderoso, el Muy Perdonador?» (39:5).

«Y no hemos creado los cielos y la tierra y lo que hay entre ambos como juego.

No los creamos sino con el Real, sin embargo la mayoría de ellos no sabe.» (44:38 39).

«Allah creó los cielos y la tierra con el Real.

Y para recompensar a cada alma por lo que adquirió sin ser tratada injustamente.» (45:22).

«Creó los cielos y la tierra con el Real, os dio forma e hizo que fuera la mejor. A Él se ha de retornar.» (64:3).

«Creó los cielos sin pilares que pudierais ver y puso en la tierra cordilleras para que no se moviera con vosotros y repartió por ella todo tipo de seres vivos.

Y hacemos que caiga agua del cielo con la que hacemos crecer todo tipo de especies nobles.» (31:10).

« ¿Es que no ven sobre ellos el cielo, cómo lo hemos edificado y embellecido, sin que haya en él ninguna grieta?» (50:6).

«Ha elevado el cielo y ha puesto la balanza para que no abusarais al pesar.» (55:7 8)

«El que creó los siete cielos, uno sobre el otro.

No verás en la creación del Misericordioso ninguna imperfección. Vuelve la vista: ¿Ves algún fallo?

Vuelve a mirar una y otra vez, la vista regresará a ti derrotada y exhausta.» (67:3 4).

« ¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la tierra estaban juntos y los separamos? ¿Y que hemos hecho a partir del agua toda cosa viviente? ¿No van a creer? Y hemos puesto en la tierra cordilleras para que no se moviera con ellos encima. Y desfiladeros como caminos para que pudieran guiarse. E hicimos del cielo un techo protegido. Sin embargo ellos se apartan de Sus signos. Él es Quien creó la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno navega en una órbita. A ningún hombre anterior a ti le hemos dado la inmortalidad. Si tú has de morir, ¿por qué iban ellos a ser inmortales? Toda alma ha de probar la muerte. Os pondremos a prueba con lo bueno y con lo malo y a Nosotros volveréis.» (21:30 35).

«La creación de los cielos y de la tierra sobrepasa a la creación de los hombres; sin embargo la mayoría de los hombres no sabe.» (40:57).

Y este sublime pasaje que indica la Unidad subyacente bajo el mundo fenoménico de la multiplicidad:

«Es cierto que Allah hiende la semilla y el núcleo, haciendo salir lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo. Ese es Allah. ¿Cómo podéis apartaros?

Él hace romper el día, y ha hecho de la noche reposo, y del sol y de la luna dos cómputos.
Ese es el decreto del AI 'Aziz, el irresistible, el Poderoso.
El Difícil de Acceder, inestimablemente Precioso.
Al 'Alim, el Conocedor.

Y Él es Quien ha puesto para vosotros las estrellas para que os guiarais por ellas en la oscuridad de la tierra y del mar.
Hemos hecho los signos claros para los que saben.

Él es Quien os creó a partir de un solo ser, dándoos un asentamiento y un depósito.
Hemos hecho claros los signos para los que comprenden.

Y Él es Quien hace que caiga el agua del cielo; con ella hacemos surgir el germen de todo y de ahí hacemos brotar verdor del que sacamos la mies. Y de la palmera, cuando echa sus brotes, hacemos que salgan racimos de dátiles apretados. Y jardines de vides, olivos y granados semejantes y distintos.
Observad sus frutos cuando fructifican y maduran.
Es cierto que en eso hay signos para los que creen.

Y han considerado a los genios como asociados de Allah, cuando ha sido Él Quien los ha creado.
Y Le han atribuido hijos e hijas sin conocimiento.
¡Glorificado sea y ensalzado por encima de todo lo que Le atribuyen!

Originador de los cielos y de la tierra.
¿Cómo habría de tener hijos si no tiene compañera y lo ha creado todo?
Él es Conocedor de todas las cosas.

Ese es Allah, vuestro Señor.
No hay dios sino Él, el Creador de todo.
Servidle pues. Él es el Guardián de todas las cosas.

La vista no Le alcanza pero Él abarca toda visión;
Él es Al Latif, el Sutil, gentilmente Afable.
Al Jabir, el Conocedor de lo más recóndito.» (6:95 104).

Es muy refrescante llegar a las enseñanzas lúcidas del Tauhid, de la Unidad, después de las torturadas teoréticas de la fantasía cristiana, por un lado, y de las mecánicas aristotélicas de la filosofía pos griega, por el otro; y no digamos ya, después del hijo mutante de su unión: el pensamiento occidental. No hay en absoluto necesidad, ni existe el problema, de un concepto de dios para 'explicar' la existencia. No hay un 'arquitecto' primitivo moldeando la arcilla cósmica con sus manos gigantes, ni tampoco un Anciano de Blake inclinado sobre nosotros desde alturas empíreas a las que sólo la locura de Blake puede ascender. Llegamos más bien al puro dominio de la reflexión intelectual y de la meditación profunda. El Corán está desprovisto de toda dimensión mítica; elemento que uno encuentra tan sofocante en los textos hindúes. Es muy difícil de entender ese panteón de elefantes y monos en términos de significado puro y sencillo; todo se queda irremediablemente exótico. Eso sin mencionar la humedad.

El Corán es una translación puramente cristalina de percepciones y cogniciones. Tenemos que mirar al cosmos mismo. Se nos dice que la existencia universal del cosmos es creada 'con el Real', no que es el Real. Los polemistas cristianos distorsionaron deliberadamente los escritos de Ibn al 'Arabi, el gran sur de Andalucía, y dieron a entender que era panteísta, con el propósito de desacreditarlo no sólo ante una posible audiencia occidental, sino también a los ojos de los propios musulmanes, que no lo habían leído. El Tauhid como explica Ibn al Arabi no es panteísta, ni tampoco monismo panteísta. Todas estas clasificaciones no son más que una estratagema política para situar el pensamiento musulmán dentro del contexto de las categorías aristotélicas y, consecuentemente, dentro la filosofía materialista occidental.

Lo que es una y otra vez expuesto en las aleyas citadas más arriba, y en otros muchos otros lugares del Corán, es que Allah creó los cielos y la tierra con el Real. El universo no es una ilusión, sino que está creado 'con el Real'. Una de las aleyas citadas dice: «Allá donde te vuelvas, está la Faz de Allah». No que está Allah, sino la Faz. Y la Faz es el origen de la criatura, su identidad. Si miramos la faz de una persona la miramos 'a ella' en su integridad. Es la suma de la identidad; algunos dicen que la esencia de la identidad. También dice en otro lugar del Corán: «Allah rodea todas y cada una de las cosas». Y en otra de las citas de más arriba: "La vista no Le alcanza, pero Él abarca toda visión." Y añade dos atributos divinos: «Él es Al Latif/AI Jabir: el Sutil, graciosamente Amable/ el Conocedor de lo más recóndito».

Nos encontramos aquí en una vasta región universal, enormemente grande, de espacio tiempo. A través de ella gira un mar de materia galáctica estrellas, planetas, lunas, asteroides, polvo. Las constelaciones siguen sus órbitas, nadan pautadamente a lo largo de tremendas distancias. A lo lejos, contemplamos el dosel de las estrellas y, cuando lo hacemos, su contemplación es inseparable de un conocimiento innegable. Cuando ponemos la vista en las estrellas del cielo nocturno, ponemos la vista en la belleza. Allí donde hacemos frente a lo sensorial en el macrocosmos, confrontamos el significado. El universo es hermoso, y nosotros somos conocedores de belleza. Cuando trasladamos la vista desde lo galáctico al globo terráqueo, encontramos una configuración distinta. Aquí todo encaja, todas las cosas están relacionadas entre sí. Hay montañas, pero podemos poner nuestros pies en ellas. Hay gargantas por las que podemos pasar. Hay campos verdes, donde plantas de diversas clases crecen, fecundan y dan fruto. Hay océanos con corrientes; en ellos nadan las grandes criaturas oceánicas y por ellos navega el hombre. Obtenemos alimento del aire, de sus pájaros migratorios, del mar y de la tierra. Todas las criaturas son alimentadas y proveídas. Todas las cosas vivas tienen el mismo origen, el agua, y, sin embargo, son distintas las unas de las otras, ya sean animales o plantas. Y el hombre no se halla fuera del mar cósmico, como un observador objetivo. El hombre, por el contrario, nada en él, está sumergido en él, por él; célula por célula, partícula por partícula. Es una criatura temporal. Como las demás cosas vivas, debe morir. Este es el saber vital básico sobre el que tiene que fundamentarse todo conocimiento de la existencia. Puesto que nos encontramos en un espacio cósmico, nos hallamos también en un tiempo cósmico. Esto quiere decir que no sólo estamos 'en' nuestro espacio, sino que también estamos 'en' nuestro tiempo. La realidad celular se realizará plenamente. No existe una realidad exterior a ella entrometiéndose o interfiriendo arbitrariamente con su existencia, sino que tanto una como la otra constituyen el mismo campo cósmico temporal. Así pues, los infructuosos argumentos occidentales sobre la predestinación no son islámicos. Estamos completamente determinados. Esta es nuestra libertad. Haremos lo que hagamos y será lo único que podamos hacer. Era lo que íbamos a hacer. Nuestras tan cacareadas e ilusorias opciones son sólo los actos con los que confirmamos libremente la realidad celular en la que fuimos creados. Si decimos que somos completamente libres, es verdad; y si decimos que estamos completamente determinados, es verdad también. Lejos de inhibir la acción, nuestra situación predeterminada activa nuestro organismo para realizar su miríada de posibilidades. Pero lo posible surge de la misma fuente que lo efectivo y no es más que una sombra de ello. Llamamos a todo esto, el hombre dentro del barco'. El hombre en cuanto contenido, esto es, dentro del océano cósmico.

Allah no está 'sobre' o 'por debajo' o 'dentro' o 'fuera'. No está 'fusionado' ni 'unido' ni 'interpenetrando'; tampoco se halla 'fuera' de la realidad cósmica. El Tauhid no permite ninguna declaración sobre Allah que Le asocie a Él con la realidad que precisamente nos permite no sólo hablar sobre Él sino también sobre nosotros mismos. Hay que abordar la cuestión de un modo distinto. Preferimos decir que: 'Si no fuera por la creación, no habríamos conocido al Creador'. Comenzamos confirmando que Él es el Creador de la situación universal, tanto macrocósmicamente como en el microcosmos. El secreto de la más pequeña de las partículas del polvo universal es el secreto del universo mismo. En la visión intoxicante del Corán: "Allah es el que hiende el grano y el hueso de dátil." Y El que es la dinámica de toda la vida en lo orgánico es también El que sostiene la realidad cósmica. Por ello dicen los sufies que el universo es el Gran Hombre. Todo él es un organismo. Todas sus partes están relacionadas entre sí y dependen la una de la otra. Está estructurado y es consistente. Es orbital y está configurado; incluso sus llamados caos y violencia son sólo tales si son 'interpretados'. Al igual que las secreciones corporales, lejos de tratarse de malos funcionamientos del organismo, son por el contrario los necesarios pasos vitales de una pauta concreta de reajuste y renovación. Así, también, el cosmos es jerárquico y está estructurado. Del mismo modo que tiene elementos externos poderosos que dominan a otros, tiene también elementos internos que están colocados uno sobre el otro. Al igual que el organismo del hombre está gobernado por su corazón que es la cumbre y centro de su ser, en el universo, el pretendido es el hombre.

Es un engaño de carácter mágico decir que la tierra no se halla en el centro del universo y que el hombre no ocupa en importancia el centro de la tierra. Quitarle al hombre su puesto de califa de la tierra es falsear su condición biológica; y sacar a la tierra de su lugar en el centro del universo es falsear la posición del hombre en la tierra. Desalojar al hombre de su centralidad para con la existencia es un acto de completo engaño e intimidación. Dirán que es 'un hecho científico'. Ciertamente que lo es. Pero, a la vez, es también un acto de pura ficción; salvo que uno se encuentre dividido, enfermo de la mente, separado de la realidad de la experiencia vivida y de la belleza y de la vida tal y como es. Existencialmente, te encuentras en el mismo corazón de la vida. Eres el centro del mundo y su capital. Y por lo tanto, tu Tierra ocupa el centro del mismo cosmos. Esto es así para todo organismo cognoscitivo con respecto a su realidad. No, mejor dicho, es así para todos y cada uno de los granos de arena en el desierto o para todas y cada una de las partículas de polvo en el mar cósmico. La ciencia desaloja al hombre de la centralidad y, por lo tanto, de la realidad de la experiencia, pero la vida misma puede siempre restaurarle en su puesto, si él por su parte cesa de especular y de hacer conjeturas y mira con sus propios ojos y reflexiona sin prejuicios sobre su existencia temporal. El día en que mueres es el día del Fin del Mundo; ¡un día que ‘estaba cerca'! Tu muerte es el Día de la Retribución, al igual que tu nacimiento en seis fases embriónicas es la creación del cosmos en 'seis días'. Porque si el universo es el Gran Hombre, el hombre es el Pequeño Universo.