El Retorno del Dinar de Oro

' Umar Ibrahim Vadillo

Dinar de Oro. Contemporáneo

Crédito para sustituir al dinero.

El dinero generado por el crédito afecta a todo el mundo. Las transacciones en crédito, aunque no requieren dinero en efectivo, se suman sin embargo a la cantidad total de dinero circulante y en consecuencia inciden sobre los precios.
Todos estos sustitutos existían cuando las monedas de oro y plata eran el principal medio de intercambio. Algunos de ellos se hicieron tan fuertes que reemplazaron en su totalidad el uso del metálico. Debemos comprender la naturaleza de estos sustitutos, lo que nos permitirá discriminar entre lo que es malo y lo que es bueno para la sociedad, o sea entre el uso justo y útil del crédito y su uso abusivo y pernicioso.
¿Cuáles eran y cuáles son hoy estos sustitutos que no requieren efectivo?
La primera y más básica forma de sustitución de dinero es el libro de créditos o depósitos en cuenta: supongamos que A y B son comerciantes (como los prestamistas de profesión son llamados impropiamente), que realizan transacciones entre ellos como vendedores y compradores. A compra a crédito a B; B hace lo mismo con A. A fin de año, la suma de las deudas de A hacia B es comparada con la suma de deudas de B hacia A, y se determina quien debe a quien. Este balance deudor, que necesariamente debe ser menor que la suma de las transacciones, es todo lo que se paga en dinero en efectivo; y tal vez no es siquiera pagado, sino traspasado a la cuenta del año siguiente. Así, un pago único de cien libras puede ser suficiente para liquidar una larga serie de operaciones, algunas de ellas por valor de varios miles.
En segundo lugar, esta operación básica de crédito puede ser llevada a otro nivel de complejidad para evitar el uso de dinero en efectivo a través de letras de cambio. Las deudas de A hacia B pueden ser pagadas sin la intervención de dinero, aún cuando no haya deudas recíprocas de B hacia A. A puede dar satisfacción a B extendiéndole un instrumento escrito, llamado letra de cambio, que es, de hecho, una deuda que le debe un tercero, C. Esto se hace cómodamente por medio de una orden transferible por un acreedor respecto de su deudor y, cuando es aceptada por el deudor, es decir, ratificada por su firma, se convierte en un certificado de deuda.
Las letras de cambio fueron introducidas al principio para evitar el costo y riesgo de transportar metales preciosos de un lugar a otro. Supongamos que hay en Londres tres fabricantes que venden sus artículos a diez tenderos de Estambul, que los venden como minoristas, y que hay en Estambul diez fabricantes de otro producto, que lo venden a diez tenderos de Londres. No debería ser necesario para los diez tenderos de Londres enviar anualmente a Estambul monedas de oro para pagar a los fabricantes, ni para los diez tenderos de Estambul enviar anualmente tantas monedas de oro a Londres. Todo lo que sería necesario para ellos es dar el dinero, recibir una letra que certifica la recepción del dinero, que se enviaría cruzadamente entre Londres y Estambul, cancelándose la deuda mediante estas cartas de recibo en los dos sitios, Londres y Estambul, cómodamente. El costo y el riesgo que todo transporte de dinero implica, sería así ahorrado. Las cartas ordenando la transferencia de la deuda son llamadas letras de cambio. Son documentos por medio de los cuales la deuda de una persona es intercambiada por la deuda de otra; y a veces la deuda que es debida en un lugar por la que es debida en otro.
Las letras de cambio fueron vistas interesantes como medio de pago de deudas en lugares distantes sin el costo de transportar metales preciosos; después su uso fue enormemente extendido por otros motivos. En todo negocio es habitual dar un cierto periodo de crédito por las mercancías compradas: tres meses, seis meses, un año, incluso dos años, de acuerdo con la conveniencia o costumbre de ese negocio en particular. Un distribuidor que ha vendido bienes por los cuales será pagado en seis meses, pero que desea recibir el pago más pronto, extiende un documento a su deudor pagable en seis meses, y descuenta el documento ante un banquero u otro prestamista. Esto es, le transfiere el documento y recibe el importe menos los intereses por el tiempo que aún resta. Así una de las principales funciones de las letras de cambio fue servir como instrumentos por los cuales una deuda debida a una persona podía así ser apta para obtener crédito de otra.
Su versatilidad llevó a la frecuente creación de letras de cambio no fundadas en ninguna deuda previamente debida al librador de la letra por la persona sobre quien era librada. Fueron llamadas letras de acomodo y a veces, con un tinte de desaprobación, letras ficticias. Su función era idéntica a la de las letras reales: A, queriendo 50 libras, solicitaba a B que aceptara una letra librada a dos meses, la cual B, en consecuencia, debía pagar ante su presentación; se entiende, sin embargo, que A se encargará de cancelar la letra por sí mismo, o de proveer a B con los medios para pagarla. A obtiene fondos para la letra sobre el crédito conjunto de las dos partes. A cumple su promesa de pagarla cuando es debido, y así concluye la transacción. No es improbable, sin embargo, que este servicio prestado por B a A sea tarde o temprano retribuido por medio de análoga aceptación de una letra sobre A, emitida y descontada para conveniencia de B.
Se entendía comunmente que en tanto la letra representara una transacción o movimiento de mercancías real, tendría un propósito legítimo. Pero una sombra aparecía cuando las letras se originaban sin que tuviera lugar una transacción real o movimiento de mercancías . El argumento implicaba de algún modo que el crédito, cuando era generado por la propiedad real, era legítimo y cuando no había propiedad no lo era.

Este punto de vista difiere esencialmente de La Ley Islámica como veremos, pero ofrece una idea general de lo que era entendido como bueno o malo respecto de la creación del crédito. Debemos hacer notar brevemente en este punto que el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con el, dijo (según lo registra "Al Muwatta" del Imam Málik): "La dilación en el pago por parte de un hombre rico es injusticia". Por consiguiente, debemos tener en cuenta que aunque el crédito tiene lugar en un contrato islámico, hacer de él un uso innecesario y abusivo, aún si se posee la riqueza para devolverlo, escapa de su propósito natural y se convierte en una forma de adquirir ventaja desleal sobre otros.
Es importante comprender que una letra de cambio, cuando es meramente descontada y mantenida por el que la descuenta hasta el vencimiento, no cumple la función ni hace las veces del dinero, sino que es en sí misma comprada y vendida por dinero. Sin embargo, cuando la letra librada sobre una persona es pagada a otra (o incluso a la misma persona) con el fin de cancelar una deuda, hace algo para lo cual, si la letra no existiera, sería necesario dinero.
Cumple la función del dinero en efectivo. Este es un uso para el cual la letra de cambio ha sido a menudo utilizada. No sólo evita el uso del dinero real; también ocupa su lugar en muchos casos.
Imaginemos que un granjero en el campo, para cancelar una deuda de 50 libras con su vecino tendero, le da una letra por esa suma librada sobre su agente en Londres por granos vendidos en la metrópoli; y que el tendero traspasa la letra, después de endosarla, a un panadero vecino, en cancelación de una pequeña deuda; y que el panadero la envía, nuevamente endosada, a un comerciante alemán, y que el comerciante alemán la remite luego al banquero de su país, que también la endosa y la pone de nuevo en circulación. La letra en este caso habrá hecho efectivos cinco pagos, exactamente como si fuera un billete de 50 libras. Una multitud de letras se pasaban entre los comerciantes de la manera descrita y evidentemente constituyeron 'de facto' una parte del dinero circulante de la nación.
Una tercera forma, mucho más abstracta, en la cual el crédito era empleado como sustituto de los metales preciosos era el pagaré. Un pagaré es un documento por parte de una persona prometiendo pagar la misma suma. La diferencia entre un pagaré y una letra de cambio librada sobre cualquiera y aceptada por él es que aquél comúnmente no devenga intereses y ésta si, y que aquél es pagadero a la vista, mientras que ésta es exigible sólo después de cierto periodo de tiempo. Pero ha sido el pagaré, la emisión de estos sustitutos de dinero, el que ha dado lugar en el mundo occidental a una ocupación específica, la de emitir tales sustitutos del dinero. Los traficantes de dinero querían, como otros traficantes, expandir sus operaciones más allá de lo que les permitían sus medios. Deseaban prestar no sólo su capital sino su crédito, y no sólo la porción de su crédito consistente en fondos realmente depositados en sus cuentas, sino su poder de obtener crédito del público en general, hasta que pensaron que podían utilizarlo con seguridad. Esto fue hecho de un modo muy facil prestando sus propios pagarés, pagaderos al portador a su presentación, aceptados por el solicitante como si fueran dinero, puesto que el crédito del prestamista hace que otras personas lo reciban de buen grado con el mismo fundamento, en compras u otros pagos. Estos documentos cumplen todas las funciones del dinero, y hacen innecesario el uso de una cantidad equivalente de dinero que estaba previamente en circulación. Sin embargo, ya que los documentos son pagaderos a la vista, el emisor debe, bajo riesgo de bancarrota, conservar tanto dinero como sea necesario para permitirle cumplir con cualquiera de estos retiros (de fondos) que se espere pueda ocurrir, dentro del tiempo necesario para abastecerse de más. La prudencia exige también que no debería emitir documentos más allá del monto que, según la experiencia le enseña, pueden permanecer en circulación sin ser presentados al pago. Aún hoy en Escocia es posible ver bancos privados librando sus propios pagarés, que son luego usados corrientemente entre la gente.
La conveniencia de "acuñar crédito" fue pronto descubierta por los gobiernos, que emitieron sus propios pagarés en pago de sus gastos; un recurso muy útil por cuanto era la única manera en que podían tomar dinero prestado sin pagar intereses, siendo sus promesas de pago a la vista, a juicio de los portadores, equivalentes a dinero cantante. Los gobiernos, incapaces de contener sus propios déficit en expansión, crearon luego el dinero 'de curso legal'. La ley de curso legal obligatorio estableció que todo dinero emitido por la autoridad de emisión debía ser aceptado forzosamente en pago de cualquier deuda. El dinero de curso legal abolió el derecho contractual que garantizaba la libertad de la gente de elegir e impuso a los ciudadanos una divisa artificial con un "valor legal" establecido por el gobierno.
Una cuarta forma de crear crédito que cumpliera los fines del dinero en efectivo consistía en hacer pagos con cheques. La costumbre de mantener en manos de un banquero las reservas de efectivo para el uso inmediato o para hacer frente a contingencias y hacer todos los pagos, salvo los más pequeños, por medio de órdenes bancarias, es hoy la más común forma de pago. Si la persona que paga y la que recibe tienen su dinero en el mismo banco, el pago tiene lugar sin intervención de dinero por la mera transferencia del importe en los libros del banquero, del crédito del pagador al crédito del receptor. Si todas las personas de Londres tuvieran su efectivo en el mismo banco e hicieran todos sus pagos por
medio de cheques, no haría falta ni sería usado dinero en ninguna transacción que comenzara y terminara en Londres. Este límite ideal está de hecho casi alcanzado pues todos los bancos de hoy, a través de la intervención del banco de clearing o compensación, funcionan como su fueran un único establecimiento virtual. Es principalmente en la transacción minorista entre distribuidores y consumidores y en el pago de algunos jornales que el efectivo es usado, y cuando los importes son pequeños..Todos los bancos envían a la caja compensadora o de clearing todos los cheques librados contra otros bancos que han recibido durante la jornada. Son cambiados por sus propios cheques que han llegado a manos de otros banqueros, siendo sólo el remanente pagado en dinero, o más bien en nuevos créditos de corto plazo. A través de este dispositivo, todas las transacciones comerciales de la ciudad de Londres durante ese día, que alcanzan a miles de millones de libras, son liquidadas por pagos mucho menores. Este procedimiento garantiza al banquero que puede prestar dinero en cheques a sus clientes por más de lo que tiene en efectivo, con la garantía de que no habrá desabastecimiento de dinero en absoluto.
Ahora que nos hemos formado una idea general de los modos en que el crédito está disponible como sustituto del dinero, debemos considerar de qué manera el uso de estos sustitutos afecta el valor de los productos y también debemos saber quiénes son los beneficiarios y quiénes los perdedores en dicho sistema.

La influencia en los precios

El precio promedio de los artículos está determinado por el costo de producción o de obtención de metales preciosos. Un Dinar o un Dirham será cambiado a largo plazo por tanta cantidad de otros artículos como pueda ser producida o importada a su mismo costo. Pero por otra parte, una orden, pagaré o documento pagaderos a la vista por un Dinar, si el crédito del otorgante está intacto, vale ni más ni menos que el propio oro.
Otra causa de fluctuación es la cantidad de dinero en circulación. A igualdad de las demás condiciones, un aumento del total de dinero en circulación aumenta los precios y una disminución de este los reduce. Si es puesto en circulación más dinero que la cantidad que puede circular a un valor equiparable a su costo de producción, el valor del dinero, mientras persista el exceso, permanecerá por debajo del costo promedio de producción, lo cual naturalmente detendrá la nueva producción y mantendrá los precios en general por sobre la tasa natural.
Pero la introducción de cosas tales como los billetes, las tarjetas de crédito y los cheques, que pueden circular como el oro o la plata y cumplirán las funciones del dinero, afectarán el valor del oro y la plata.
Supongamos que, a la espera de que algún artículo aumente de precio, un comerciante resuelva no sólo invertir en él todo su dinero en efectivo sino tomar crédito de los productores e importadores; tanto como su respaldo a juicio de dichos acreedores le permita obtener. Todos pueden ver que actuando así produce un efecto en el precio mayor que si limita sus compras al dinero que tiene en mano en realidad. Crea una demanda del artículo por el total de su dinero y crédito sumados, y aumenta el precio en relación proporcional a ambos. Y este efecto es producido aunque ninguno de los instrumentos escritos llamados sustitutos del dinero haya sido generado, y aunque la transacción no pueda generar ninguna letra de cambio ni la emisión de un solo billete. El comprador, en vez de tomar una mera cuenta corriente, podría haber otorgado un documento por el importe, o podría haber pagado por los bienes con billetes tomados en préstamo a un banquero con ese fin, haciendo así la compra no con el crédito que tiene con el vendedor, sino con el crédito del vendedor con el banquero y con su propio crédito frente al banquero. De haberlo hecho, habría producido un efecto en el precio tan grande como el de la compra de la misma cantidad por medio de una cuenta corriente, pero no un efecto mayor. El crédito mismo, no la forma y modalidad en las que es otorgado, es la causa eficiente.
El crédito ya expandido al máximo en forma de cuenta corriente podría ser susceptible de una gran extensión adicional por medio de documentos, y de una aún mayor extensión por medio de billetes de banco. Lo primero, porque cada minorista, además de su propio crédito, podría crear mayor poder adquisitivo a partir de los créditos que él mismo otorgó a otros; lo segundo, porque el crédito del banquero con el público es en general acuñado como documentos, y así como el oro en bruto que es acuñado en monedas para hacerlo portátil y divisible, tiene tanto poder adquisitivo agregado en las manos de los sucesivos portadores a aquel que puede derivar de su propio crédito.
Para decirlo de otro modo: un solo uso el poder de crédito en la forma de cuenta corriente es sólo el fundamento de una única adquisición; pero si genera un billete, esa misma porción de crédito puede servir para tantas adquisiciones como el número de veces que el billete cambia de mano; mientras que todo billete de banco emitido brinda al crédito del banco el poder adquisitivo por ese total en las manos de todos los sucesivos portadores, sin perjuicio del poder de ellos para efectuar compras con sus propios créditos. Es decir que, en un estado de cosas de uso extensivo del crédito, no es de esperar que los precios aumenten más si las compras especulativas son hechas con billetes de banco que cuando son hechas con documentos, y cuando son hechas con documentos que cuando son hechas con cuentas corrientes.
El crédito, en resumen, tiene exactamente el mismo poder adquisitivo que el dinero. Así como el dinero incide sobre los precios no sólo en proporción a su cantidad, sino a su cantidad multiplicada por el número de veces que cambia de manos, así también lo hace el crédito; y el crédito transferible de mano en mano es en dicha proporción más potente que el crédito que sólo realiza una operación
Ahora tenemos todos los elementos para emitir un primer juicio. Cuanto más poderoso se vuelve un crédito, más peligroso es para la estabilidad intrínseca del mercado, pues existe un punto en el que el crédito se convierte en un impuesto sobre todos los tenedores de dinero por medio del aumento artificial de los precios que el crédito puede generar por sí mismo. Ese poder del crédito aumenta a medida que aumenta su capacidad de ser transferido de mano en mano, y eso depende enteramente de la definición del crédito: cuanto más abstracto y alejado del intercambio real, más transferible se vuelve. En este punto es esencial recordar el propósito original del endeudamiento, el cual es registrar la intención de pagar una cierta cantidad en un cierto tiempo a una cierta persona. Lo primero que debe separarse del contrato es su capacidad para ser transferido, como en el caso de la carta de crédito.
En el caso del documento, el pago, aunque debido a alguien, puede ser transferido a otro. El siguiente nivel de abstracción es cuando se hace pagadero al portador.
El siguiente es hacerlo pagadero, no a un día determinado, sino a la vista, y es esto lo que es un pagaré. Y finalmente se torna pagadero al portador, a la vista y sin definición de lo que debe ser pagado; este es el pagaré moderno no canjeable. Para recobrar su prestigio es necesario reconsiderar los límites de la transferencia de las deudas y a este respecto La Ley Islámica tiene una definición precisa de lo permitido y lo no permitido. La estudiaremos mas adelante.


Los perdedores


"No hay modo de que un aumento general y permanente de los precios, o en otras palabras, la depreciación de la moneda, pueda beneficiar a alguien, salvo a costa de otros. La sustitución del papel por el dinero metálico es un logro nacional; cualquier aumento importante del papel más allá de este no es más que una forma de robo" (John Stuart Mill).
Una emisión de documentos es un logro evidente para los emisores, quienes, hasta que los documentos son presentados al pago, obtienen el uso de ellos como si fueran verdadero capital. A medida que el dinero creado es agregado al dinero de la comunidad, todos los que tienen dinero pierden, por medio de la depreciación de su valor; el equivalente exacto de lo que los libradores ganan. Un impuesto es virtualmente gravado sobre ellos para beneficio del librador. Algunas ganancias son hechas por los productores y distribuidores que, por medio de la emisión incrementada, son beneficiados por créditos. La suya sin embargo no es una ganancia adicional sino una porción de lo que es cosechado por el librador a costa de todos los poseedores de dinero.
Pero además del beneficio cosechado por los libradores, o por otros a través de ellos (sus clientes), a costa del público en general, existe otra ganancia obtenida por una clase más amplia: aquellos sujetos al pago de obligaciones pecuniarias fijas (como los salarios). Todas esas personas son liberadas, por medio de la depreciación del dinero, de una porción del peso de sus deudas y otros compromisos; en otras palabras, parte de la propiedad de sus acreedores les es transferida gratuitamente. Visto de un modo superficial, podría imaginarse que esto es una ventaja para la industria, puesto que las clases productivas son generalmente tomadoras de crédito, y generalmente tienen grandes deudas con prestamistas y proveedores y obligaciones fijas para con sus trabajadores, más los impuestos. Es sólo así que un aumento general de los precios puede ser fuente de beneficio para productores y distribuidores, disminuyendo la presión sobre sus costos fijos. Y esto podría ser contabilizado como ventaja, si la integridad y buena fe no fuera de importancia para el mundo y en particular para la industria y el comercio.
Una falacia corriente en la cual los defensores del dinero no canjeable buscan apoyo es que un incremento del dinero circulante acelera la industria. Esta idea fue propuesta por Hume, en su 'Ensayo sobre el dinero', y ha tenido muchos devotos partidarios desde entonces: "Dicen que un aumento de los precios producido por un incremento del dinero circulante estimula a todo productor hasta sus máximos esfuerzos, y lleva todo el capital y el trabajo del país hacia el pleno empleo; y que esto sucede invariablemente en todos los períodos de aumento de precios, cuando el aumento lo es en escala suficientemente grande". Esta afirmación está basada en la esperanza de obtener más productos en general, más riqueza real a cambio del fruto del trabajo, y no meramente más trozos de papel. Esta esperanza, sin embargo, debe de haber sido desengañada, según los propios términos de la suposición, ya que desde entonces, mientras se suponía que todos los precios iban a aumentar igualitariamente, nadie fue realmente mejor pagado por sus bienes que antes.
Puesto que los precios no aumentan simultáneamente todos a la vez, habrá otra serie de ganadores que cosecharán su beneficio siendo los primeros compradores antes del aumento de los precios. Parece obvio sin embargo que por cada persona que gana así más de lo usual, existe algún otro que gana menos. El perdedor será el vendedor de los productos que tardan en aumentar, que en la hipótesis liquida sus bienes al precio antiguo con compradores que ya se han beneficiado por el nuevo. Este vendedor ha obtenido por su producto sólo la cantidad acostumbrada de dinero, mientras que hay ya algunas cosas que ese dinero no comprará en la cantidad que antes lo hacía. Si entonces el vendedor sabe lo que está ocurriendo, aumentará sus precios, y luego el comprador no obtendrá la ganancia, lo cual se supone estimulará su industria.
Si, por otra parte, el dinero en circulación no pudiera ser incrementado a voluntad por encima del producto total del país, los precios generales serían objeto de una disminución relativa. Esta situación de precios más bajos no causaría empero pérdida al productor porque, aunque recibirá menos dinero, el importe será reducido en todos los gastos, sean productivos o personales, exactamente tanto como la mayor cantidad ganada antes. La diferencia real será en la mayor incidencia en los pagos fijos en dinero para aquellos que deben pagarlos, típicamente los empleadores, pero habrá un extra para los trabajadores que reciben un salario fijo.
Otro conjunto de perdedores son los extranjeros poseedores de dinero en devaluación. Si los comerciantes y productores extranjeros son tentados a cambiar su oro o mercancía por una cantidad de billetes mayor a la que de otro habrían esperado, al cubrir la insolvencia de los emisores se transforman en soportes pasivos del esquema que beneficia a los emisores a costa de los poseedores de papel moneda.

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