  
El Retorno del Dinar de Oro
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Umar Ibrahim Vadillo |
Sahl
Ibn Abdellah at-Tustari, que pasó a la otra vida en el año
de 173 de la Hégira, era uno de los salaf, citados ampliamente
por los ´ulama de todas las escuelas. El guardó compañía
con Dhu´n Nun el Egipcio que había tomado el Muwatta
directamente de Imam Malik.
Al Qurtubi,
en su famoso tafsir, lo cita en su comentario del ayat, ".....obedeced
a Allah y obedeced al mensajero y a aquellos con autoridad entre
vosotros......", como ordenando:
"Obedeced
al Sultán respecto de siete cosas: la acuñación
de Dinares y Dirhams; la fijación de pesas y medidas;
los dictámenes legales; el Hayy; el Yumu'ah, los dos 'Id
y el Yihad". Imam At Tustari. |
Introducción
El
oro está volviendo. Muchos pensadores independientes de todo el
mundo están haciendo un llamamiento para que vuelva y restaure
la salud a nuestro dinero y nosotros tenemos que hacerlo por el sencillo
método de devolver a la gente la libertad de elección. Así
como la cantidad de papel moneda en circulación se ha incrementado
en la última década hasta niveles altísimos, alcanzando
cifras difíciles de comparar con cantidades realmente imaginables,
así han ido creciendo, al mismo ritmo desorbitado, los impuestos,
el desempleo, la pobreza y la criminalidad. Es el sistema artificial del
papel moneda en manos de los banqueros y políticos el que ha contribuido
principalmente a nuestra actual miseria económica.
"Las
instituciones bancarias son más peligrosas para nuestra libertad
que los
ejércitos enemigos... La creación de dinero debe ser quitada
de las manos de los
bancos", dijo Thomas Jefferson.
La inflación no puede ser presentada seriamente como una mera cuestión
de contabilidad nacional como si estuviera desprovista de consecuencias
sociales y morales. Si se nos obliga por fuerza a usar un medio de pago
determinado y al mismo tiempo ese medio de pago está sujeto a una
permanente devaluación por las varias causas de la inflación,
estamos siendo estafados. En el mejor de los casos, estamos siendo injustamente
gravados por un impuesto, y en el peor estamos siendo atracados legalmente.
Con el fin de que el valor del dinero no pueda ser alterado por decreto
y esté lo menos sujeto a fluctuaciones que sea posible, la libertad
de elegir el oro y la plata debe volver nuevamente al mundo civilizado,
y ningún papel moneda debería existir excepto para cumplir
la función que le corresponde; esto es, un contrato privado limitado,
no susceptible de devengar intereses y en consecuencia fuera de la circulación
indiscriminada.
La
idea del dinero crédito
El
crédito tiene una gran función en la sociedad, pero no,
como mucha gente parece suponer, un poder mágico. No se puede sacar
algo de la nada. Parece extraño que sea necesario puntualizarlo,
pero a menudo lo que es representado, contabilizado, aparece como superpuesto
a lo que sucede en realidad, a los sucesos reales. Así es como
el crédito ha sido presentado demasiado a menudo como la piedra
filosofal capaz de curar todos los males económicos de la sociedad.
Sería un maravilloso panorama si los gobiernos pudieran pagar sus
deudas externas, sufragar el gasto público sin presión fiscal
y, finalmente, enriquecer a toda la comunidad con sólo imprimir
unos caracteres en trocitos de papel. Pero crear más dinero no
hace a la gente más rica, sólo disminuye el valor del dinero
mientras da una tremenda ventaja a aquellos que tienen el privilegio de
crear el dinero en la cantidad que quieran.
Aunque el crédito normal entre la gente no es más que una
transferencia de dinero de una mano a otra, el crédito bancario
actual, la forma más común de crédito de hoy día,
es algo más complejo que eso.
Al principio, la gente fue inducida a, por motivos de facilidad práctica,
a depositar su oro (u otra mercancía usada como dinero), en algún
lugar seguro y a usar sustituciones del dinero (billetes de banco o cuentas
corrientes), para sus transacciones diarias. Luego los bancos buscaron
beneficio prestando a nuevos clientes sustituciones del dinero, respaldadas
por sus existencias de dinero-mercancía que les habían sido
depositadas. Finalmente, las reservas de los bancos cubrieron sólo
una pequeña parte de sus emisiones de crédito. La mayoría
de la gente posee sustituciones del dinero que no pueden ser canjeadas
en su totalidad.
Los bancos no prestan el dinero depositado en ellos, como se cree popularmente.
Cada préstamo o giro en descubierto bancario es una creación
de dinero totalmente nuevo que se agrega a las existencias de dinero en
la comunidad. Cuando un banco presta, crea crédito. La relación
"reservas- crédito" necesaria para que un banco funcione
varía de un 5 a un 10 % incluyendo sus reservas en otros bancos,
según el país. Esto significa que un banco puede crear crédito
"de la nada" hasta 20 veces más que la cantidad de dinero
en efectivo depositada en él. Más del 95 % de todo ese dinero
en circulación está compuesto de cheques bancarios. No es,
por consiguiente, exacto decir que los gobiernos crean la inflación;
sólo la regulan, o intentan regularla; pero la creación
de crédito (y la mayor parte del dinero es crédito) es hecha
por los bancos.
La gente que se opone a la banca sostiene que dicho régimen es
intrínsecamente fraudulento y que produce inestabilidad y desequilibrio
en toda la economía. La idea del sistema de "reserva fraccional",
que intentaba prevenir el caos, de hecho ha garantizado y legitimado que
bancos privados emitieran demasiado dinero de papel y depósitos,
causando inflación. El gobierno se encontró en la obligación
de hacerse cargo con el objeto de prevenir el riesgo de que se produjeran
crisis de confianza de los ahorradores con retiros masivos de fondos.
Así surgieron los bancos centrales, con el privilegio del monopolio
en materia de emisión de papel moneda y amplios poderes reguladores
sobre los bancos.
Exigiendo a los bancos que mantuvieran suficientes reservas contra cierta
proporción de sus depósitos, el banco central asume el control
total del abastecimiento del dinero.
Normalmente los gobiernos ofrecen después "protección",
garantizando los depósitos y exigiendo a los bancos centrales que
actúen como "prestamistas de última instancia".
Así es como los billetes que identificamos como dinero son en sí
mismos crédito, o sea pagarés no canjeables cuyo valor es
establecido por el gobierno.
Por supuesto, un pagaré no canjeable no puede ser crédito,
porque esto es una contradicción en si mismo. Por lo tanto, nuestro
"dinero" nace de un fraude basado en el incumplimiento del contrato
de las promesas de pago gubernamentales. En este punto, la inflación
se convierte en un elemento ordinario de la economía, independientemente
del robo inherente implícito en el sistema. Los bancos mandan sobre
nuestro dinero a expensas de la libertad individual.
El dinero está atrapado dentro del sistema bancario; es decir,
el dinero no tiene otro lugar adonde ir. Antes o después el dinero
procedente de un depósito bancario acaba en otro depósito
bancario. Una persona prudente mantiene su capital en el banco para ponerlo
a salvo de la inflación obteniendo algunos intereses ofrecidos
por el banco si es depositado en él. Todas las pequeñas
cantidades que estaban siendo devaluadas, ahora son acumuladas en manos
del banquero. El banquero, enseñado por la experiencia sobre qué
proporción del depósito será retirada en un periodo
de tiempo dado y sabiendo que si un depositante retira más de la
media otro retirará menos, puede prestar (es decir crear más
depósitos bancarios) mucho más allá que sus existencias
de dinero efectivo.
El injusto sistema da tremendas ventajas a los bancos, los cuales se convierten
en administradores no deseados de nuestro dinero, mientras nos condenan
a sufrir los efectos permanentes de la inflación. Un clamor se
eleva llamando al fin de este sistema y una nueva voz se está dejando
oír.
El
regreso del oro y el caso del Islam
Como
decíamos al principio, el mundo está decidido a restaurar
el oro como medio universal de intercambio. Existe una fuerte voz en los
Estados Unidos y Europa para que se privatice el dinero como medio de
restaurar la estabilidad de los precios, pero no tiene toda la verdad
sobre este asunto.
Esta nueva voz para restaurar el oro está básicamente orientado
hacia la eliminación de los bancos centrales nacionales. Quieren
un mundo con muchos bancos privados emitiendo papel moneda y depósitos
respaldados en oro (mejor que los cheques de viaje de American Express
respaldados en dólares norteamericanos). Puesto que no habría
posibilidad de avales del gobierno, cualquier asomo de imprudencia cometida
por un banco causaría que sus clientes corrieran hacia sus competidores.
De este modo, los bancos mantendrían la administración de
la moneda. Y aún en el caso de que un banco intentara aumentar
la emisión de billetes irresponsablemente, el sistema podría
cubrirlo. Puesto que sus clientes gastarían el dinero en bienes
y servicios, los billetes serían transferidos a otras personas,
la mayoría de las cuales serían clientes de bancos. Estos
bancos regresarían los billetes al primer banco y reclamarían
su pago en oro. El primer banco perdería reservas y se vería
forzado a poner coto a sus préstamos. Y con el fin de mantener
una perfecta disciplina de mercado, alegan, sería necesario para
los bancos privados respaldar su papel moneda con el 100 % de reservas.
En otras palabras, mientras que los bancos de hoy prometen canjear billetes
y depósitos a la vista, carecen, de hecho, de las reservas necesarias
para responder a más de una pequeña parte de las posibles
solicitudes, siendo así responsables de un "robo implícito".
Las nuevas regulaciones
obligarían a los bancos a emitir dinero en cantidad idéntica
a sus existencias de oro, "uno por uno". Algunos bancos podrían
aún quebrar, pero no ocurrirían situaciones desestabilizadoras.
Tampoco la competencia entre bancos llevaría a la sobre emisión
de billetes. La cantidad total de dinero en circulación podría
incrementarse lentamente sólo en la medida en que lo permitieran
las minas de oro.
Esta nueva voz, aunque capta correctamente la naturaleza del dinero emitido
por los bancos, ignora sin embargo una cuestión fundamental, que
es el interés del dinero. Es crucial en este punto presentar un
caso islámico que arrojará luz sobre estas cuestiones de
acuerdo con la Ley Islámica. Sus rasgos esenciales son bosquejados
aquí. En el Islam, el dinero no puede ser rentado o gravado con
intereses. El nuevo desafío que surge de la propia Ley Islámica
es: ¿por qué necesitamos bancos? La eliminación de
estas instituciones usureras es nuestra principal tarea para este siglo.
Es necesario que los bancos sean eliminados y que surjan nuevas instituciones
para reemplazar algunos de los servicios que son aceptables, como la custodia
de dinero contra el peligro de robo o transferir y transportar dinero
de un lugar a otro. Las nuevas instituciones no podrán aumentar
el dinero que guardan, ni cargar intereses sobre eventuales préstamos,
eliminándose así el deseo de prestar dinero como prioridad
absoluta.
Sólo si las restricciones para emitir dinero son consideradas junto
con la prohibición del interés podremos ofrecer soluciones
a nuestra comunidad islámica y al mundo. Para hacerlo, no necesitamos
bancos. Esto es lo particularmente malo en la idea de una banca islámica.
Son peores que los bancos ordinarios, porque han impedido a los musulmanes
ofrecer una verdadera respuesta a sus problemas de hoy.
El siguiente texto expone los líneas maestras para una comprensión
del concepto del dinero, sustitutos del dinero y deuda, de acuerdo con
La Ley Islámica.
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